Trato de escribir condimentado un buen plato de palabras. Pienso, luego escribo. Siento, luego escribo. Hablo, luego escribo. Le pongo ganas, intención y sentimiento. Como en la mili, todo al servicio del papel y el bolígrafo, vanos elementos físicos. Escribo aunque no tenga utilidad, aunque no sepa para qué. Procuro que no me distraigan las cosas inmediatas del día a día, las mismas que hurtan y asaltan mi vida. Busco en mi interior situaciones soñadas, pensadas, meditadas, inventadas, colocadas a lo loco, a bote pronto. También necesito cierto orden mental y físico: expectante y sólo con el papel y el bolígrafo, toreando esta chiflada faena, como un trapecista ante un salto mortal. Tiempo y ganas de contar algo, tiempo para mirarme. Todo vale si se siente honesto, quizás lo más difícil. También soy un chupóptero recolector de ideas de los demás. Y las palabras son importantes, sean: soñadas, pensadas, meditadas, inventadas, sacadas del manicomio. Las junto, no sé cómo, pero a veces me gustan.
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Hace 13 años