Toda escritura es una mezcla de lo que somos, sentimos e imaginamos: Nuestra propia lógica errónea, nuestra mezcla de vanidades, rabias, amores e intuiciones; con atisbos de realidad, de una realidad vista solo por nuestros ojos. Todo vale, menos la indiferencia, aunque la forma sea puro pose. Y los personajes históricos son vistos desde nuestra propia óptica. También soñamos en cambiar la historia: ¿Qué hubiéramos hecho de ser nosotros el Emperador Carlos? Habríamos cambiado el mundo. Pero la realidad es la que es, y solo podemos influir mínima y lateralmente en el tiempo que nos toca vivir.
Mientras iba al trabajo en el vagón del tren, Pablo pensaba en sus sentimientos y su vida, los comparaba con los sentimientos que reflejaban las caras de los otros pasajeros. Buscaba en los rostros, que conseguía ver con nitidez, sentimientos y sensaciones comunes. Solía mirar dos asientos por delante, un rostro claro, generalmente de una hombre mirando por la ventana, con la vista perdida. Pablo imaginaba los pensamientos de los otros, y trataba de comprarlos con los suyos; buscaba la similitud. Sentimientos posiblemente inducidos por el aburrimiento de traqueteo del tren, que venían a su cabeza empujados por la soledad de estos momentos. Como el sentimiento de impotencia contra el transcurso del tiempo, el de ir perdiendo, poco a poco, por la irremediable vejez, la cercanía comunicativa con su madre. También pensaba, en los continuos cambios producidos en su vida; como la marcha de sus hijos, inevitable, aun sabiendo que era ley de vida, para que ellos puedan montar las suyas. Buscaba el reflejo de estos sentimientos en esa mirada perdida de otros pasajeros. Se cuestionaba sobre la utilidad de los años dedicados a la crianza de sus hijos, si habían valido la pena. De igual forma, le venía a la cabeza los temas académicos y laborales: Si había acertado con la elección de su carrera, o si hubiera sido mejor y más útil y provechoso haber elegido otra. Recordaba sus dudas laborales, como la de aquella oportunidad rechazada y perdida; si no debería de haber cambiado de trabajo cuando lo tenía más fácil. Si hizo bien en casarse con su actual mujer. Todos estos pensamientos y sentimiento le venían cuando miraba los rostros de los otros pasajeros. Sentía más afinidad con unos que con otros, por su propia personalidad, posiblemente por su parecido en edad y estatus social, reflejado también en los atuendos que llevaban. Pablo se cuestionaba sobre las decisiones tomadas en el transcurso consciente de su vida, si en todos estos casos, había hecho un uso acertado de su intuición.
Por otra parte, sabía que su mirada sobre la vida, nunca sería igual que la óptica y miradas de los otros pasajeros, incluso si hablaban el mismo idioma. También era consciente de lo común de la vida, a pesar de la aparente indiferencia al cruzarse ojeadas entre pasajeros. Siempre habría sentimientos y pensamientos comunes.
¿Qué hubiera pasado si se hubiera casado con Ana? ¿Qué carácter tendrían ahora sus hijos? Posiblemente viviría en este mismo año y en esta misma ciudad: Su propio estatus social y económico, no habrían sufrido tantos cambios, ya que él no se consideraba una persona ambiciosa. Pero siempre acababa con la misma idea de inmutabilidad: Pensaba que aunque su vida hubiera tomado otros derroteros, ese mismo tren en que ahora viajaba, seguiría traqueteado con igual desidia, los horarios de RENFE serían los mismos, y lo que se vería por la ventanilla, no habría cambiado mucho. Todo sería muy parecido.
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