18.6.15

Cuento del Tren

En el tren de cercanía que va de Guadalajara a Madrid y viceversa, hemos decidido contar cuentos. Somos un grupo que se formó por el azar de la coincidencia diaria, por la repetición de sentarse en el primer compartimento del primer vagón del tren rápido llamado “Civis”.
Mucha gente piensa que cuando se va a trabajar tan lejos en tren, gastando 2 ó 3 horas diarias en ir, es tiempo perdido. Pero en el caso nuestro, no es así; este tiempo lo usamos para cambiar impresiones de nuestras respectivas vidas: Cómo estamos, cómo está la política del país, cómo está cada uno de nosotros. Inclusive tratamos temas trascendentales de la vida y la muerte que se le ocurre a alguno. Y sobre todo, nos apoyamos, nos damos fuerza unos a otros, nos comprendemos y nos ponemos en el papel del otro, a pesar de nuestras enormes diferencias, que después no son tantas.
Aunque cada una de nuestras vidas no se parezcan en casi nada a la de los demás. Durante esa tiempo, es como si viviéramos la vida de otro. Como si tuviéramos 6 ó 8 vidas. Salimos un poco de nuestras vidas individuales y nos da que pensar para el resto del día.

Cuento1 de viajero1:
La vida pasa en el tren como un pasatiempo. Cada mañana se reinicia el mundo. Salen el tren tras un pitido, lentamente coge velocidad hasta volver a parar en la siguiente estación. En cada parada se repite esta operación, y va aumentando el número de viajeros. Pocos son los que bajan, salvo cuando se llega a Madrid, que es cuando los vagones vomitan gente a espuertas. Antes de entrar en Madrid, por la ventanilla, se ve caravanas de coches atascados en las carreteras. El sol se va levantando casi sin inmutarse. Cada mañana, cuando sale el tren, se aprecia el campo. Se ve respirar al aire gracias al movimiento de las hojas de los árboles que se ven al pasar; esto se hace más notorio, con el despertar de la primavera. También van en el vagón, con destino a sus colegios y universidades, niños y jóvenes. Se les distingue por sus carteras y mochilas. Muchos viajeros están guiados por teléfonos que no cesan de digitalizar, escuchando música por cables insertados en sus orejas. El mundo gira cada mañana en el tren al compás del traqueteo de sus ruedas, deslizándose sobre la vía, chirriando sus hierros. Contrariamente a lo que pareciera del rugir metálico, el vagón está la calma, ocupado por el sueño aún no despejados de los viajeros, y por las nubes lejanas que asomas a modo de mullidas almohadas. Lejos están aún las vanas palabras diarias de políticos que aparecerán en periódicos y radio. Lejos aún el trajinar de la oficina.

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