El cuentista no tenía público, las sillas estaban vacías, menos la ocupada por una niña. El corazón de cuentista se impuso y comenzó su historia: “Erase una vez un príncipe valiente…” la niña le interrumpió y dijo: “Alto, alto… los príncipes nunca son valientes, siempre están detrás, en la retaguardia” El cuentista continuó:
- Más que valiente era honrado…
- Bueno, bueno… miembros honrados de las casas reales, y que sean mayores, no abundan -dijo la niña.
- Creo que no era un príncipe, sino un niño normal - continuó el cuentista.
A así pudo terminar de contar una larga historia que encandiló a todo el público, los niños y mayores fueron aumentando de número y sentándose poco a poco, hasta llenar toda la sala.
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