11.3.15

Recordando el pasado

Vaya tarea nada simple que se le ha ocurrido a un amigo como ejercicio de escritura: Presentar un libro o un autor. No sé si seré capaz, lo intentaré con una mirada externa, atrevida y poco rigurosa.
Siempre me ha perecido complicado separa al autor de su obra, sobre todo en novela. Cuando a un autor se preguntan si su libro tiene algo de él. Muchos se tornan mohínos, se salen por la tangente, o dicen que una parte no consciente puede estar reflejada en su obra. La vida es así, cuando nos exponemos al público, no queremos mostrar lo que somos, estamos acostumbrados a ir vestidos. El desnudo ruboriza y da miedo. Por eso es posible que la novela se creara como una forma de expresar lo sentido en muchos aspectos reales de la vida… pero disfrazándola, como si fuera la mirada de otro. También ocurre con la pintura, que no es realidad, sino una interpretación de la mirada del pintor. Pero la palabra es más dura, somos esclavos de lo que decimos. 
Entrando en el tema, no sé si es el caso de muchos, o sólo de unos pocos fetichistas como yo que siguen a viejos conocidos: Encontré a Belén Gopegui, siendo ambos mucho más jóvenes, cuando yo andaba buscando cómo y para qué vivir, después de haber estudiado y trabajado bajo la óptica de los deseo que nos imponen los padres. Nos topamos en la Escuela Popular de Prosperidad, un lugar emblemático, donde nos planteábamos la autogestión educativa. Fueron años de despertar de nuestra conciencia social, de dar importancia que tiene a “lo común”, a la autocrítica y a la trasmisión de algo más que el simple conocimiento de las materias que encierran los libros reglados. Cuando hacíamos sentadas en la plaza de la Opera los sábados, con el Movimiento de Objetores de Conciencia contra la mili. Estábamos todos los raritos, muchos nos acercamos a la Escuela Popular, andábamos en lo mismo. Supongo que Belén, a su manera, también. Montamos un campo de trabajo en verano, para adecentar el viejo edificio de la vieja escuelita donde yo había estudiado, y pintamos la fachada con dibujos recurrentes de andamios con gente pintando. Con estas actividades frenéticas directas, en una etapa de acción, definición y búsqueda de lo que queríamos para nuestras vidas, nos marcó para el resto de nuestras vidas. Después, yo tiré para el monte, y Belén, que daba clases de literatura y escritura, siguió escribiendo, por derroteros más importantes como la prensa. Publicó un maravilloso libro que tuvo un inmediato éxito, por su estilo rompedor: “La escala de los mapas”, donde planteó el tema del amor y el miedo que infunde, junto al papel que juega el espacio y el tiempo. Sus novelas posteriores se volvieron más políticas, más denunciadoras de las injusticias sociales: Llegando a diferentes sensibilidades. Unas gustaron más que otras, alguna, para el común de los lectores, se tornaron más difíciles de digerir. Con el tiempo se afianzó su fuerza y su mensaje político en títulos como: “Tocarnos la cara”, “Lo real”, “El lado frío de la almohada”, como se nota en la presentación del libro “Deseo de ser punk”, profundizando en la cotidianidad, en temas políticos cuasi real como “Acceso no autorizado”.
Belén se ha transformado en una autora de denuncia del sistema, de enorme actualidad y vigencia, con frases llena de verdad como: “Este planeta sólo saldrá de la prehistoria, cuando el interés y el beneficio privados dejen de ser el motor de la economía”. Pero ahora, cuando ya las canas nos cubren a los dos, no dejo de pensar en su primera novela, donde pesaba en el azar, marcado por el tiempo y el espacio. Hoy, mirando atrás, intuyo que la manera en que vivimos, nos marcó el camino que recorremos en nuestras vidas. De una manera u otra, el amor y lo común, siguen impregnado todas las etapas de nuestras sendas, tan diferentes y parecidas. Esto es común para todos los seres humanos. Y pienso que, separar a los hombres de sus actos, es como separar al autor de su obra.