Pareciera que dormir es una inutilidad, una pérdida de tiempo, pero no es así. Creo que las palabras se produjeron en el agujero del silencio de la noche, cuando ya no alumbra la luz. Inicialmente los sueños humanos no tenían palabras, eran imágenes que afloraban de las vivencias y sentires que persistían de lo acontecido en los días previos, como hilos salidos de la sombra, y éramos dueños de ellas. Más tarde, para recordar estas imágenes, les dimos sonidos, fabricamos las palabras. Aunque surgieron en mitad de las noches, las sacamos al mundo, como la madre que presenta a su recién nación, fuera ya del mundo onírico. Después, contrastando las palabras, cruzándolas, arrojándolas al mundo real, usándolas, peleando con los demás por ellas, las afianzamos en el lenguaje. Con el tiempo, nos hicimos esclavos de las palabras de los demás, de todos. Con ellas comenzaron las grandes guerras. Pero la esperanza de paz persiste en las noches, en el sueño, cuando creamos nuevas palabras en el silencio. Aunque todas las que inventemos, queden en el olvido y se pierdan.
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Hace 13 años
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