24.2.15

La resiliencia

La resiliencia es un mecanismo dinámico sinérgico para atender a nuestros propios problemas, crea una suerte de entereza ante las dificultades propias de los desvalidos, junto con la ciencia, ha permitido organizar y empoderarnos del mundo, manteniéndonos en las mejores condiciones ambientales humanas posibles. Pero… ¿Lo que es bueno para el ser humano, es bueno para el mundo y el medio ambiente? Este conflicto de intereses irresoluble, nos produce ansiedad y preocupación por el mundo simbólico. Valoramos al mundo creyendo ver la realidad, pero no podemos dejar de ser hombres, y como tales, traductores de nuestros sentidos, limitados por nuestra capacidad cognitiva. Hoy, en nuestro caminar, tenemos la fijación del crítico incremento exponencial de nuestra población. Esto nos desdibuja nuestra esperanza en el futuro.

Madurar

¿Cuándo uno deja de ser niño? ¿Y por qué? A ciencia cierta, nadie sabe la razón, ni el momento; nos encontramos con ello de sopetón, nos pilla desprevenidos. No somos conscientes hasta pasado un tiempo de maduración, largo o corto, para la creación de una nueva personalidad y persona. Y somos adultos cuando tenemos la capacidad de llevar las riendas de nuestra propia vida. Tampoco esto es absoluto, siempre hay una dependencia agazapada de la niñez, y en cada uno de nosotros tiene diferente tamaño y forma de manifestarse: Desde el que no deja de ser niño y nuca se transforma, quedándose enano; hasta el que cambia totalmente de identidad, y nuca vuelve a ser niño. 
La maduración es un aprendizaje en capas de cebolla: aprendemos a andar sobre dos pies y ya no queremos volver a gatear. Quizás la niñez es el terreno de la máxima resiliencia, donde aprendemos a tener mecanismos de defensa, y si esto se hace hábito, como “esponja afectiva”. Por resiliencia, buscaremos retos nuevos y tomaremos la costumbre de aprender, manteniéndonos en la cresta de ser persona.
La Infancia es el universo de lucha contra la claustrofobia, donde aprendemos a jugar buscando la libertad, buscando la luz y controlar el fuego. Pero este aprendizaje no es inmediato, ni fácil. Todavía no hay un ordenador que sea capaz de tener una programación tan avanzada como nuestro aprendizaje. Pero somos tan complejos que en el camino nos podemos perder y cegar. En esta búsqueda de la persona que seremos en el futuro, es mejor la adaptación lenta y pausada, es más segura y más profunda.

20.2.15

El silencio y las palabras

El silencio mece las hojas
el silencio calla a las palabras huecas
el silencio fija las estrellas
las palabras acunan las olas.
Los silencios y las palabras se pueden entrecruzar, mirar, amar, odiar.
Se complementan, como tú y yo.

Las palabras como frutos de los silencios

Pareciera que dormir es una inutilidad, una pérdida de tiempo, pero no es así. Creo que las palabras se produjeron en el agujero del silencio de la noche, cuando ya no alumbra la luz. Inicialmente los sueños humanos no tenían palabras, eran imágenes que afloraban de las vivencias y sentires que persistían de lo acontecido en los días previos, como hilos salidos de la sombra, y éramos dueños de ellas. Más tarde, para recordar estas imágenes, les dimos sonidos, fabricamos las palabras. Aunque surgieron en mitad de las noches, las sacamos al mundo, como la madre que presenta a su recién nación, fuera ya del mundo onírico. Después, contrastando las palabras, cruzándolas, arrojándolas al mundo real, usándolas, peleando con los demás por ellas, las afianzamos en el lenguaje. Con el tiempo, nos hicimos esclavos de las palabras de los demás, de todos. Con ellas comenzaron las grandes guerras. Pero la esperanza de paz persiste en las noches, en el sueño, cuando creamos nuevas palabras en el silencio. Aunque todas las que inventemos, queden en el olvido y se pierdan.

9.2.15

Arte

El ser humano, por serlo es artista, creo. ¿Qué es ser artista? Nacemos para hacer actividades expresivas personales con los recursos que tenemos, que el resto de los humanos, como seres sociales: interpretan, trascriben y comentan. ¿Pero qué es interpretar? Es concebir y expresar. Esto lo hacemos todos, luego todos en principio, seriamos artistas, pero… hay una impugnación, y es que, a veces, no vale copiar o repetir algo íntegramente sin esfuerzo, pierde el principio de arte y la actividad artística única, se torna vacía. Pero, por otra parte, está el espíritu del artista-obrero, que como el caso del músico que repite una partitura igual que otro bueno, es un artista no creativo, donde se valora la maestría, el esfuerzo y la técnica. El arte creativo se aprecia claramente en los niños. Con el proceso del aprendizaje para obtener la perfección, se va pasado del arte creativo al arte perfectivo…y sin quererlo. El arte, que una vez fue fresco y único, se tornar oscuro y perfecto. Por eso es de admirar y aplaudir, una visión fresca, tal como lo describe muchos autores actuales, que cuestionan la vida con la mirada del niño que actúa sin miedo.