No sé lo que siento ni presiento,
el frío y la humedad cuelgan de mis huesos.
La realidad miente,
los objetos no tiene palabras que las representen,
es una democracia depravada…
Pero creo en la vida,
aunque el horizonte no sea un espejismo,
sino un corte en las pupilas.
Las palabras no están rotas,
ni desarmadas,
queda el grito y la rabia.
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