1.9.15

¿Por qué escribo?

Trato de escribir condimentado un buen plato de palabras. Pienso, luego escribo. Siento, luego escribo. Hablo, luego escribo. Le pongo ganas, intención y sentimiento. Como en la mili, todo al servicio del papel y el bolígrafo, vanos elementos físicos. Escribo aunque no tenga utilidad, aunque no sepa para qué. Procuro que no me distraigan las cosas inmediatas del día a día, las mismas que hurtan y asaltan mi vida. Busco en mi interior situaciones soñadas, pensadas, meditadas, inventadas, colocadas a lo loco, a bote pronto. También necesito cierto orden mental y físico: expectante y sólo con el papel y el bolígrafo, toreando esta chiflada faena, como un trapecista ante un salto mortal. Tiempo y ganas de contar algo, tiempo para mirarme. Todo vale si se siente honesto, quizás lo más difícil. También soy un chupóptero recolector de ideas de los demás. Y las palabras son importantes, sean: soñadas, pensadas, meditadas, inventadas, sacadas del manicomio. Las junto, no sé cómo, pero a veces me gustan.

26.8.15

Yo escribo

Yo escribo por intuición, para ser un poco más yo, para mirarme en un espejo de gran profundidad.
Yo escribo buscándome, aunque con ello, influya poco en la historia que me ha tocado.
Yo escribo para sentir la vida real, para luchando contra la indiferencia y las vanidades que nos envuelve, para resucitar mi imaginación.

20.8.15

La misma historia, pero con otros personajes:

Toda escritura es una mezcla de lo que somos, sentimos e imaginamos: Nuestra propia lógica errónea, nuestra mezcla de vanidades, rabias, amores e intuiciones; con atisbos de realidad, de una realidad vista solo por nuestros ojos. Todo vale, menos la indiferencia, aunque la forma sea puro pose. Y los personajes históricos son vistos desde nuestra propia óptica. También soñamos en cambiar la historia: ¿Qué hubiéramos hecho de ser nosotros el Emperador Carlos? Habríamos cambiado el mundo. Pero la realidad es la que es, y solo podemos influir mínima y lateralmente en el tiempo que nos toca vivir.
Mientras iba al trabajo en el vagón del tren, Pablo pensaba en sus sentimientos y su vida, los comparaba con los sentimientos que reflejaban las caras de los otros pasajeros. Buscaba en los rostros, que conseguía ver con nitidez, sentimientos y sensaciones comunes. Solía mirar dos asientos por delante, un rostro claro, generalmente de una hombre mirando por la ventana, con la vista perdida. Pablo imaginaba los pensamientos de los otros, y trataba de comprarlos con los suyos; buscaba la similitud. Sentimientos posiblemente inducidos por el aburrimiento de traqueteo del tren, que venían a su cabeza empujados por la soledad de estos momentos. Como el sentimiento de impotencia contra el transcurso del tiempo, el de ir perdiendo, poco a poco, por la irremediable vejez, la cercanía comunicativa con su madre. También pensaba, en los continuos cambios producidos en su vida; como la marcha de sus hijos, inevitable, aun sabiendo que era ley de vida, para que ellos puedan montar las suyas. Buscaba el reflejo de estos sentimientos en esa mirada perdida de otros pasajeros. Se cuestionaba sobre la utilidad de los años dedicados a la crianza de sus hijos, si habían valido la pena. De igual forma, le venía a la cabeza los temas académicos y laborales: Si había acertado con la elección de su carrera, o si hubiera sido mejor y más útil y provechoso haber elegido otra. Recordaba sus dudas laborales, como la de aquella oportunidad rechazada y perdida; si no debería de haber cambiado de trabajo cuando lo tenía más fácil. Si hizo bien en casarse con su actual mujer. Todos estos pensamientos y sentimiento le venían cuando miraba los rostros de los otros pasajeros. Sentía más afinidad con unos que con otros, por su propia personalidad, posiblemente por su parecido en edad y estatus social, reflejado también en los atuendos que llevaban. Pablo se cuestionaba sobre las decisiones tomadas en el transcurso consciente de su vida, si en todos estos casos, había hecho un uso acertado de su intuición.
Por otra parte, sabía que su mirada sobre la vida, nunca sería igual que la óptica y miradas de los otros pasajeros, incluso si hablaban el mismo idioma. También era consciente de lo común de la vida, a pesar de la aparente indiferencia al cruzarse ojeadas entre pasajeros. Siempre habría sentimientos y pensamientos comunes.
¿Qué hubiera pasado si se hubiera casado con Ana? ¿Qué carácter tendrían ahora sus hijos? Posiblemente viviría en este mismo año y en esta misma ciudad: Su propio estatus social y económico, no habrían sufrido tantos cambios, ya que él no se consideraba una persona ambiciosa. Pero siempre acababa con la misma idea de inmutabilidad: Pensaba que aunque su vida hubiera tomado otros derroteros, ese mismo tren en que ahora viajaba, seguiría traqueteado con igual desidia, los horarios de RENFE serían los mismos, y lo que se vería por la ventanilla, no habría cambiado mucho. Todo sería muy parecido.

11.8.15

Poder vs. Inteligencia

Puestos a recrear una historia, cuanto más lejana, más margen de argumento y libertad de texto. Me quedo con Arquímedes. Juega a su favor el albedrío creativo, la lucha de la inteligencia de uno contra muchos, el mito que lo envuelve y que nos da alas para conjeturar su personalidad. En realidad nos da alas para imaginar cómo debe ser un hombre en respuesta a la fuerza del poder. Cuando hay muchos, se puede llegar a mejores respuestas contra el poder impuesto casi siempre sin razón. Suele haber inteligencia colectiva en lo común, cuando se sabe escuchar y se presta atención a todas las opiniones y partes, por minúsculas e insignificantes que parezcan. La crítica y el poder no se llevan bien, no se agradan.
Por otra parte, la responsabilidad que tenemos todos, de sustentar los efectos de la ciencia, tanto en nosotros mismos, como en el mundo y el universo que nos rodea, no debe dejarse nunca de lado. Los poderosos se suelen apropiar en exclusiva de la ciencia para beneficio propio. La ciencia, hasta ahora, ha sido comprada y mercantilizada. El que la obtiene, se cree con el derecho de utilizarla principalmente para su propio engrandecimiento, en la búsqueda de más poder. El sistema de patentes es una burla a la inteligencia colectiva. Nada se fabrica sobre la nada. La ciencia es una estructura auto soportante, y por ello, nadie tiene el derecho de negociar con el conocimiento acumulado de todos los que nos han precedido, sólo para uso exclusivo y beneficio personal. Lo vemos en medicina, en el uso de las energías. Hoy, que deberíamos ser más libres que nunca, dado el nivel de tecnología que disponemos; Es contradictorio y paradójico, que seamos privados y más dependientes de conocimiento que se atribuyen unos pocos, como Coca-Cola, Apple, Windows, Oracle… empresas que se han apropiado del saber acumulado de todos, forzándonos a seguir consumiendo productos que consideran suyos. Hoy, los grandes empresarios privados, han sustituido con mayor prepotencia organizativa a los antiguos reyes y emperadores.
Volviendo al atípico sabio de Siracusa, si pensamos sobre las razones de por qué lo mataron los romanos, vemos cierta similitud entre la muerte de Arquímedes y Sócrates: El rechazo a la sinrazón por parte de ambas víctimas, revelándose contra una situación práctica que afeaban sus conductas y teorías. La prepotencia del poder, nunca ha tolerado la rebelión de la inteligencia, ya que poder e inteligencia son consustancialmente antagónicos en sus objetivos.
El objetivo del poder es acumular fuerza mediante mecanismos de estructuración e igualación de objetos y sujetos que conforman el propio poder, de modo que sea más beneficioso conseguir un único objetivo cuando se plantea. Es de eficiencia inmediata más ágil. Tiende a acumularse sobre sí mismo. Aquí la ética y la felicidad son subproductos residuales.
El objetivo de la inteligencia es analizar, entender y comprender un estado de objetos y sujetos, sus interrelaciones y dependencias, para que en lo posible, mejore las situaciones planteadas. Obteniendo estados más armónico con el ser pensante. En principio no acumula, sino busca estados de órdenes más sistémicos afines. En un inteligencia humana proactiva, la ética y la felicidad son un valores fundamentales.
No sé si estas seudo-definiciones se ajustan al común, dado que cada mente es un mundo.

29.6.15

el camino

Descansaba el viajero adormilado en el tren que pasaba por una angosta cañada. El tren se detuvo en la última estación, el viajero descendió y atravesó la añosa estación, dejó atrás el pequeño pueblo, se adentró en una vereda que llego a un cruce de caminos, donde el viajero se topó con un ciego que descansaba a la sombra de un tilo. Peguntó el caminante: ¿Por dónde se va al pueblo? El ciego respondió con otro pregunta: ¿A qué pueblo? El de la derecha va a Ricarón, pueblo silencios y cerrado, de vecinos ricos, que desconfían de los extraños. Dónde no abrirán las puertas ni para dar un vaso de agua a un viajero sediento. Después el ciego dijo: Por el camino de la izquierda se pasa por Rocacamojada, pueblo pobre y levantisco, donde los vecinos se sientan a las puertas de sus pobres casas a ver pasar el día. No suelen tener nada, ni trabajo, pero son afables y habladores… si tienen algo, lo comparten. El ciego hizo otra pausa y volvió a preguntar: ¿Qué es lo que busca en la vida? El caminante dijo: Quisiera llegar a un lugar para vivir, donde la gente fuese amable, generosa, rica y tranquila. El ciego contestó: Esa mezcla que persigue Usted, no existe, yo nunca lo he encontrado, ni oído entre los parroquianos de ninguna villa por las que he pasado. Nadie me ha contado de la existencia de un lugar así, y mire que me paso las horas escuchando. Si existiera, yo también me iría con Ud. a buscar ese lugar, en tren o andando, pero me temo que daríamos la vuelta al mundo y no lo encontraríamos. Ante tal respuesta el caminante propuso al ciego que ellos dos empezarán por formar, en ese mismo cruce de caminos, un pueblo con estas características de buen vivir. El ciego dijo: Yo lo haría, pero quién me asegura que Ud. es así, como desea vivir, y yo tampoco estoy seguro de mi comportamiento; no siempre actúo de la mejor manera posible para con los demás. Dicho esto, el caminante siguió por el camino a Rocamojada, pensando que era el pueblo menos malo, dentro de la ruta que perseguía, había dejado atrás, el tren, la estación, y parte de la civilización que conocía. Día a día y poco a poco, fue adentrándose en tierras más inhóspitas y desconocidas, buscando otra forma de vivir. 

25.6.15

escritura compartible

Cuando escribimos, sin querer, conscientes o inconscientes, nos miramos el ombligo. Se puede mejorar un estilo de escritura…practicando, leyendo mucho, mirando al exterior, remirando la vida. Pero lo más importante es: cómo de intensa es nuestro propio mundo interior, y cómo transmitimos a los demás las vivencias reales o imaginadas que se nos pasan por la cabeza. Así, cualquier camino que dibujemos con la escritura, será compartible. Desde luego, jugar es una de las facetas más importantes de la vida. “El quijote” es un libro de juegos imaginativos único, de ahí su valor. El éxito y el reconocimiento son agregados secundarios, que vienen bien, como el dinero para ser feliz, pero que no es el ingrediente fundamental. Aunque sea valorado de otra manera por el conjunto social, y más en los tiempos que corren de valores mediáticos.

22.6.15

La Compostelana

Me han pedido que cuente una historia sobre el camino de Santiago. Lo difícil es decidir bajo que óptica: La del caminante peregrino con motivación religiosa específica, a la vieja usanza; o por motivos cultural, o vaya usted a saber por qué otra chifladura: Parados de larga duración, jubilado, separado, divorciados, aburridos, aventureros de baja estopa…Este dilema que podría ser moral y que hoy en día, no tiene ninguna consecuencia social, no fue así en el pasado; donde también tenía una utilidad de reconocimiento y de prestigio social, pudiendo ser utilizado para conseguir ciertos beneficios ante la iglesia y bajo los reinos cristianos. En aquellos tiempos no había dilema, no se concebían peregrinos turísticos ni culturales. Se suponía que nadie hacia aquel arduo y peligroso camino, sin una razón religiosa o de indulgencia. Hoy, han cambiado las tornas, y el expendedor de certificados de la oficina del peregrino en Santiago se encuentra ante el dilema de tener que decidir, entre expedir dos tipos de documentos al finalizar el camino para cada peregrino que lo solicita: La “Compostelana”, certificado más bonito y clásico, con un largo texto en latín, o un simple certificación, a modo de justificante, en castellano, donde indica el viaje realizado. Este último, para aquellos viajeros que aducen otros motivos no religiosos. Ambos certificados sirven para descuentos en el viaje de regreso de algunos transportes públicos y de Iberia.
El empleado compostelano, después de comprobar la veracidad de los sellos de la carta credencial del camino, y la andadura de al menos 100 kilómetros moviendo las piernas o a caballo, debe dilucidar la motivación real del caminante. Parece un tema simple, ya que cada peregrino suele explicar sus razones de un modo simple. 
Pero los temas de convicciones no son sencillos, aunque lo parezcan. Uno de las veces que he estado en la oficina de expendición compostelana, una amiga, con la que anduve el camino portugués, alegó que ella no era cristiana, pero que si tenía motivaciones místicas para hacer el camino. La empleada que le tocó, le pidió más explicaciones para discernir qué tipo certificado entregarle. Mi amiga planteó una disertación filosófica entre la mística y la religión. Dijo que hay cosas invisibles en la parte visible del mundo. Lo limitado que es el conocimiento humano y la necesidad ilimitada e inconmensurable de la naturaleza humana, como mística para comprender el misterio de la búsqueda que habita en las cosas. En su sentir eclético y armonizador, que no puede separar de la aventura del pensar. Lo que a su entender, venía ser ese meditar crítico ante la ignorancia de finitud de la vida y el mundo, como vivencia personal de búsqueda de la síntesis entre lo finito y lo infinito, cuando nos planteamos la existencia de nosotros mismos como pensamiento del pensamiento en recursividad infinita, en la sopa de lo racional, irracional, amor y deseo que se cuece en lo que somos. 
La realidad era que la cola de los peregrinos solicitantes aumentaba ante el atasco filosófico planteado, y la empleada optó por darle, a modo de examen aprobado, el certificado de más valor religioso: “La Compostelana”.

19.6.15

Cibor-Gustavo

Apágame cuando deje de ser niño. Generalmente, se pasa a persona mayor, catalogándose para todos, como “normal” cuando uno puede vivir sólo y tomar sus propias decisiones, aunque tengamos cada uno, nuestras propias características y peculiaridades. Pero esta es una historia de los otros, de los que toman otros rumbos, los que se trasforman en un sujetos con alma “geek”, que no quieren o no pueden despegarse de sus ordenadores, el apéndice más importante de sus vidas. Si fuera japonés, sería un “otaku”, y si cayera en una soledad más profunda, se transforman en “nerd”.

Esto le pasó a Gustavo. A ciencia cierta, nadie supo la razón, ni el momento exacto de su trasformación. Su madre se encontró, de sopetón y desprevenida, con un hijo que ya no tenía tiempo para comer, ni para asearse. El jovencito Gustavo se pasaba las horas en su habitación, sin tomar consciencia de su maduración o trasformación en “friqui”, como le llamaban sus amigos. Poco a poco, su personalidad fue cambiando. Generalmente, él se sentía adulto, pero era incapaz de llevar las riendas de su vida, no sabía en qué trabajar, ni quería dejar de vivir con sus padres que cubrían todas sus necesidades. Tenía agazapada la dependencia de la niñez que utilizaba en su provecho, según el momento, y de cómo le iba en su avatar informático. Su edad emocional se manifestaba variable, con diferentes estados de ánimo: A ratos se comportaba como un niño consentido, en otros, se transformaba en un enano gruñón. Su identidad había perdido la inocencia y la frescura de la niñez natural.

Su aprendizaje y maduración sobre la vida habían sido convulso. Sentía que su personalidad se destapaba; como se rompe, a modo de capas de cebolla, las protecciones de la infancia. Al final, solo le quedaba su muy útil, prodigiosa e intuitiva inteligencia. La resilencia con su familia, especialmente con sus padres, era nula. Buscaba retos nuevos y afectivos en las pantallas. Ya no sentía la claustrofobia que de niño le angustiaba, ni la necesidad de calle o la luz como signos de libertad. La conexión con el ratón y el teclado, como un fuego abrasador, cubría todas sus expectativas de vida. Tenía la capacidad de programar avanzando por encima de sus propios conocimientos. Las complejidades de accesos a redes desconocidas no le producían temor. La información compleja no le amilanaba, no se perdía ni cegaba ante nuevos programas y objetos de programación. Se veía con un futuro brillante en el mundo de la informática; como Bill Gates, su ídolo. Su adaptación a nuevos interfaces no era ni lenta, ni pausada. Pero fuera de las pantallas, para él, el mundo era inseguro, desconocido, y sobre todo, hostil.

Gustavo no quiso ir a la universidad, le parecía una pérdida de tiempo para él, como para muchos de los casos de éxito que en el mundo informático conocía. También le angustiaba tener que relacionarse con otros compañeros de carne y hueso. No se veía en una oficina, obedeciendo órdenes y haciendo trabajos por encargo. A él le gustaba adentrarse, según su intuición, por tierras desconocidas del mundo de la información digitalizada.

Cuando murieron sus padres, siguió en la casa que había heredado, cuando le desahuciaron por impagos, solo se llevó su ordenador y pidió que le dejaran trabajar en un cibercafé del centro, donde se instaló temporalmente, donde también dormía. Cuando se quedó sin dinero ni para comer, iba a la beneficencia de Cáritas. Al final, no tenía papeles que lo identificaran, pero su alias cibernético como hacker “SagPiper” estaba entre los diez más conocidos del mundo. La policía fue incapaz de identificarlo. Se desvaneció como persona física, sólo perduraba en la red su alias, seguía existiendo y aportando conocimiento, ya no se sabía si era una persona o muchas. Las leyendas cibernéticas cuentan que fue tragado por su propio ordenador.

18.6.15

Cuento del Tren

En el tren de cercanía que va de Guadalajara a Madrid y viceversa, hemos decidido contar cuentos. Somos un grupo que se formó por el azar de la coincidencia diaria, por la repetición de sentarse en el primer compartimento del primer vagón del tren rápido llamado “Civis”.
Mucha gente piensa que cuando se va a trabajar tan lejos en tren, gastando 2 ó 3 horas diarias en ir, es tiempo perdido. Pero en el caso nuestro, no es así; este tiempo lo usamos para cambiar impresiones de nuestras respectivas vidas: Cómo estamos, cómo está la política del país, cómo está cada uno de nosotros. Inclusive tratamos temas trascendentales de la vida y la muerte que se le ocurre a alguno. Y sobre todo, nos apoyamos, nos damos fuerza unos a otros, nos comprendemos y nos ponemos en el papel del otro, a pesar de nuestras enormes diferencias, que después no son tantas.
Aunque cada una de nuestras vidas no se parezcan en casi nada a la de los demás. Durante esa tiempo, es como si viviéramos la vida de otro. Como si tuviéramos 6 ó 8 vidas. Salimos un poco de nuestras vidas individuales y nos da que pensar para el resto del día.

Cuento1 de viajero1:
La vida pasa en el tren como un pasatiempo. Cada mañana se reinicia el mundo. Salen el tren tras un pitido, lentamente coge velocidad hasta volver a parar en la siguiente estación. En cada parada se repite esta operación, y va aumentando el número de viajeros. Pocos son los que bajan, salvo cuando se llega a Madrid, que es cuando los vagones vomitan gente a espuertas. Antes de entrar en Madrid, por la ventanilla, se ve caravanas de coches atascados en las carreteras. El sol se va levantando casi sin inmutarse. Cada mañana, cuando sale el tren, se aprecia el campo. Se ve respirar al aire gracias al movimiento de las hojas de los árboles que se ven al pasar; esto se hace más notorio, con el despertar de la primavera. También van en el vagón, con destino a sus colegios y universidades, niños y jóvenes. Se les distingue por sus carteras y mochilas. Muchos viajeros están guiados por teléfonos que no cesan de digitalizar, escuchando música por cables insertados en sus orejas. El mundo gira cada mañana en el tren al compás del traqueteo de sus ruedas, deslizándose sobre la vía, chirriando sus hierros. Contrariamente a lo que pareciera del rugir metálico, el vagón está la calma, ocupado por el sueño aún no despejados de los viajeros, y por las nubes lejanas que asomas a modo de mullidas almohadas. Lejos están aún las vanas palabras diarias de políticos que aparecerán en periódicos y radio. Lejos aún el trajinar de la oficina.

17.6.15

Perder el tiempo

No estamos preparados para perder el tiempo, da miedo perderlo, no es recuperable. Conforme pasa la vida, se transforma en un pasatiempo. Da igual perderlo que aprovecharlo, la duración de nuestro tiempo es igual para nuestra vida. El tiempo y el lugar casi nos condicionan, estamos de paso a algo desconocido, bañado por los sentidos, grabando con los ojos la realidad imaginada, como una visión única e irrepetible, luchando contra las sombras de la muerte. Ni las causas, ni las razones importan. Nada está escrito, pero no podemos salirnos del camino, ni desandar lo andado, Y la luz no nos ilumina, salvo que nos imaginemos esa luz.

28.5.15

cada mañana

Cada mañana se reinicia el mundo. Salen los periódicos con titulares insulsos, los trenes se llenan, los coches se atascan en las carreteras. El sol se va levantando sin inmutarse. El aire respira con el movimiento de las hojas de los árboles, ahora más notorio con el despertar de la primavera. Los niños y jóvenes van al colegio o a las universidades, con carteras y mochilas, guiados por los teléfonos que no cesan de digitalizar, escuchando música. El mundo gira cada mañana, alejado de las vanas palabras de Rajoy y compañía.

21.5.15

cuentacuentos

El cuentista no tenía público, las sillas estaban vacías, menos la ocupada por una niña. El corazón de cuentista se impuso y comenzó su historia: “Erase una vez un príncipe valiente…” la niña le interrumpió y dijo: “Alto, alto… los príncipes nunca son valientes, siempre están detrás, en la retaguardia” El cuentista continuó:
- Más que valiente era honrado…
- Bueno, bueno… miembros honrados de las casas reales, y que sean mayores, no abundan -dijo la niña.
- Creo que no era un príncipe, sino un niño normal - continuó el cuentista.
A así pudo terminar de contar una larga historia que encandiló a todo el público, los niños y mayores fueron aumentando de número y sentándose poco a poco, hasta llenar toda la sala.

Bajo la lluvia

Otra vez viernes
y las calles sin barrer.
Lloro para borrar tus pisadas.
Historia de amor intermitente:
tus pasos y mis lágrimas.
Tú y yo, risas perdidas bajo la lluvia
en la rayuela de salta charcos.

11.3.15

Recordando el pasado

Vaya tarea nada simple que se le ha ocurrido a un amigo como ejercicio de escritura: Presentar un libro o un autor. No sé si seré capaz, lo intentaré con una mirada externa, atrevida y poco rigurosa.
Siempre me ha perecido complicado separa al autor de su obra, sobre todo en novela. Cuando a un autor se preguntan si su libro tiene algo de él. Muchos se tornan mohínos, se salen por la tangente, o dicen que una parte no consciente puede estar reflejada en su obra. La vida es así, cuando nos exponemos al público, no queremos mostrar lo que somos, estamos acostumbrados a ir vestidos. El desnudo ruboriza y da miedo. Por eso es posible que la novela se creara como una forma de expresar lo sentido en muchos aspectos reales de la vida… pero disfrazándola, como si fuera la mirada de otro. También ocurre con la pintura, que no es realidad, sino una interpretación de la mirada del pintor. Pero la palabra es más dura, somos esclavos de lo que decimos. 
Entrando en el tema, no sé si es el caso de muchos, o sólo de unos pocos fetichistas como yo que siguen a viejos conocidos: Encontré a Belén Gopegui, siendo ambos mucho más jóvenes, cuando yo andaba buscando cómo y para qué vivir, después de haber estudiado y trabajado bajo la óptica de los deseo que nos imponen los padres. Nos topamos en la Escuela Popular de Prosperidad, un lugar emblemático, donde nos planteábamos la autogestión educativa. Fueron años de despertar de nuestra conciencia social, de dar importancia que tiene a “lo común”, a la autocrítica y a la trasmisión de algo más que el simple conocimiento de las materias que encierran los libros reglados. Cuando hacíamos sentadas en la plaza de la Opera los sábados, con el Movimiento de Objetores de Conciencia contra la mili. Estábamos todos los raritos, muchos nos acercamos a la Escuela Popular, andábamos en lo mismo. Supongo que Belén, a su manera, también. Montamos un campo de trabajo en verano, para adecentar el viejo edificio de la vieja escuelita donde yo había estudiado, y pintamos la fachada con dibujos recurrentes de andamios con gente pintando. Con estas actividades frenéticas directas, en una etapa de acción, definición y búsqueda de lo que queríamos para nuestras vidas, nos marcó para el resto de nuestras vidas. Después, yo tiré para el monte, y Belén, que daba clases de literatura y escritura, siguió escribiendo, por derroteros más importantes como la prensa. Publicó un maravilloso libro que tuvo un inmediato éxito, por su estilo rompedor: “La escala de los mapas”, donde planteó el tema del amor y el miedo que infunde, junto al papel que juega el espacio y el tiempo. Sus novelas posteriores se volvieron más políticas, más denunciadoras de las injusticias sociales: Llegando a diferentes sensibilidades. Unas gustaron más que otras, alguna, para el común de los lectores, se tornaron más difíciles de digerir. Con el tiempo se afianzó su fuerza y su mensaje político en títulos como: “Tocarnos la cara”, “Lo real”, “El lado frío de la almohada”, como se nota en la presentación del libro “Deseo de ser punk”, profundizando en la cotidianidad, en temas políticos cuasi real como “Acceso no autorizado”.
Belén se ha transformado en una autora de denuncia del sistema, de enorme actualidad y vigencia, con frases llena de verdad como: “Este planeta sólo saldrá de la prehistoria, cuando el interés y el beneficio privados dejen de ser el motor de la economía”. Pero ahora, cuando ya las canas nos cubren a los dos, no dejo de pensar en su primera novela, donde pesaba en el azar, marcado por el tiempo y el espacio. Hoy, mirando atrás, intuyo que la manera en que vivimos, nos marcó el camino que recorremos en nuestras vidas. De una manera u otra, el amor y lo común, siguen impregnado todas las etapas de nuestras sendas, tan diferentes y parecidas. Esto es común para todos los seres humanos. Y pienso que, separar a los hombres de sus actos, es como separar al autor de su obra.

24.2.15

La resiliencia

La resiliencia es un mecanismo dinámico sinérgico para atender a nuestros propios problemas, crea una suerte de entereza ante las dificultades propias de los desvalidos, junto con la ciencia, ha permitido organizar y empoderarnos del mundo, manteniéndonos en las mejores condiciones ambientales humanas posibles. Pero… ¿Lo que es bueno para el ser humano, es bueno para el mundo y el medio ambiente? Este conflicto de intereses irresoluble, nos produce ansiedad y preocupación por el mundo simbólico. Valoramos al mundo creyendo ver la realidad, pero no podemos dejar de ser hombres, y como tales, traductores de nuestros sentidos, limitados por nuestra capacidad cognitiva. Hoy, en nuestro caminar, tenemos la fijación del crítico incremento exponencial de nuestra población. Esto nos desdibuja nuestra esperanza en el futuro.

Madurar

¿Cuándo uno deja de ser niño? ¿Y por qué? A ciencia cierta, nadie sabe la razón, ni el momento; nos encontramos con ello de sopetón, nos pilla desprevenidos. No somos conscientes hasta pasado un tiempo de maduración, largo o corto, para la creación de una nueva personalidad y persona. Y somos adultos cuando tenemos la capacidad de llevar las riendas de nuestra propia vida. Tampoco esto es absoluto, siempre hay una dependencia agazapada de la niñez, y en cada uno de nosotros tiene diferente tamaño y forma de manifestarse: Desde el que no deja de ser niño y nuca se transforma, quedándose enano; hasta el que cambia totalmente de identidad, y nuca vuelve a ser niño. 
La maduración es un aprendizaje en capas de cebolla: aprendemos a andar sobre dos pies y ya no queremos volver a gatear. Quizás la niñez es el terreno de la máxima resiliencia, donde aprendemos a tener mecanismos de defensa, y si esto se hace hábito, como “esponja afectiva”. Por resiliencia, buscaremos retos nuevos y tomaremos la costumbre de aprender, manteniéndonos en la cresta de ser persona.
La Infancia es el universo de lucha contra la claustrofobia, donde aprendemos a jugar buscando la libertad, buscando la luz y controlar el fuego. Pero este aprendizaje no es inmediato, ni fácil. Todavía no hay un ordenador que sea capaz de tener una programación tan avanzada como nuestro aprendizaje. Pero somos tan complejos que en el camino nos podemos perder y cegar. En esta búsqueda de la persona que seremos en el futuro, es mejor la adaptación lenta y pausada, es más segura y más profunda.

20.2.15

El silencio y las palabras

El silencio mece las hojas
el silencio calla a las palabras huecas
el silencio fija las estrellas
las palabras acunan las olas.
Los silencios y las palabras se pueden entrecruzar, mirar, amar, odiar.
Se complementan, como tú y yo.

Las palabras como frutos de los silencios

Pareciera que dormir es una inutilidad, una pérdida de tiempo, pero no es así. Creo que las palabras se produjeron en el agujero del silencio de la noche, cuando ya no alumbra la luz. Inicialmente los sueños humanos no tenían palabras, eran imágenes que afloraban de las vivencias y sentires que persistían de lo acontecido en los días previos, como hilos salidos de la sombra, y éramos dueños de ellas. Más tarde, para recordar estas imágenes, les dimos sonidos, fabricamos las palabras. Aunque surgieron en mitad de las noches, las sacamos al mundo, como la madre que presenta a su recién nación, fuera ya del mundo onírico. Después, contrastando las palabras, cruzándolas, arrojándolas al mundo real, usándolas, peleando con los demás por ellas, las afianzamos en el lenguaje. Con el tiempo, nos hicimos esclavos de las palabras de los demás, de todos. Con ellas comenzaron las grandes guerras. Pero la esperanza de paz persiste en las noches, en el sueño, cuando creamos nuevas palabras en el silencio. Aunque todas las que inventemos, queden en el olvido y se pierdan.

9.2.15

Arte

El ser humano, por serlo es artista, creo. ¿Qué es ser artista? Nacemos para hacer actividades expresivas personales con los recursos que tenemos, que el resto de los humanos, como seres sociales: interpretan, trascriben y comentan. ¿Pero qué es interpretar? Es concebir y expresar. Esto lo hacemos todos, luego todos en principio, seriamos artistas, pero… hay una impugnación, y es que, a veces, no vale copiar o repetir algo íntegramente sin esfuerzo, pierde el principio de arte y la actividad artística única, se torna vacía. Pero, por otra parte, está el espíritu del artista-obrero, que como el caso del músico que repite una partitura igual que otro bueno, es un artista no creativo, donde se valora la maestría, el esfuerzo y la técnica. El arte creativo se aprecia claramente en los niños. Con el proceso del aprendizaje para obtener la perfección, se va pasado del arte creativo al arte perfectivo…y sin quererlo. El arte, que una vez fue fresco y único, se tornar oscuro y perfecto. Por eso es de admirar y aplaudir, una visión fresca, tal como lo describe muchos autores actuales, que cuestionan la vida con la mirada del niño que actúa sin miedo.

22.1.15

la rabia


No sé lo que siento ni presiento,
el frío y la humedad cuelgan de mis huesos.
La realidad miente,
los objetos no tiene palabras que las representen,
es una democracia depravada…

Pero creo en la vida,
aunque el horizonte no sea un espejismo,
sino un corte en las pupilas.

Las palabras no están rotas,
ni desarmadas,
queda el grito y la rabia.

8.1.15

Caminante...

Yo empezaría, armado con zapatillas y una tijera de podar, por abrir un camino solo para ser usado por personas y ciclistas, que uniera a todos los pueblos. Sería una red de caminos apartado de las rutas de las carreteras, sin coches ni camiones, sin el ruido de los vehículos a motor que nos obligan a circular a toda velocidad, también evitaría el peligro de ser arroyado. La modernidad, tal y cómo hoy nos lo venden, incita a llegar a tiempo y rápido a todas partes, sin darnos tiempo a pensar si tiene sentido estar siempre corriendo por temas vanos y peregrinos, como: comprar un par de calcetines, una colonia, o llenar el depósito. Tengo un vecino que coge en coche a diario para ir al gimnasio a correr y andar sobre una cinta. Algo habrá que hacer para detenernos a pensar.