19.12.14

Utópico

Utopía, país del edén en la isla de Tomás More cuando imaginó otro mundo, como ideal soñado, según los ideales de la república de Platón y otros pensadores posteriores. Hoy el término “utopía” ha quedado como anhelo e ideal inalcanzable, quimérico, diferente de lo real. Los sueños utópicos aportan mejoras. El final del camino, no se ve, pero se sueña en ello y eso no es malo ¿O sí? Los ideales utópicos buscan la felicidad de la vida humana en la tierra, basado en la equidad. Situación idílica difícil de llegar y acercarse. Nuestras propias contradicciones nos limitan y alejan. Existes intereses, egoísmos, hechos reales ya establecidos que lo hacen imposible. El anarquismo también bebe de sus fuentes. Una sociedad imaginada, donde todo es común, donde no tiene sentido la propiedad privada, contradice a nuestro mecanismo de defensa. Llegado a este estado final de las cosas, en un mundo utópico, ya no había necesidad de más cambios ni de defender nada. Aquí también hay contradicción de realidad y quimera, por ser inalcanzable. Además, nuestras sociedades tienen memoria e historia, junto con la capacidad de comparar, nunca estamos satisfechos. Visto desde afuera, desde la limitada visión humana, las hormigas no se cuestionan su sociedad, su evolución social debe ser más lenta. Por otra parte, los humanos, por nuestro tremendo cerebro y capacidad de síntesis, nos creemos capaces de montar rompecabezas de soluciones para todo, planteamos escenarios utópicos. Pero no podemos tener en cuenta “todo”, porque el todo, es inabarcable e irreal. Hemos caído en la vorágine de la búsqueda de la felicidad de forma exponencial. Cada uno de nosotros quiere disfrutar de su sueño de felicidad y sociedad. ¡Y en vida! Sin tener en cuenta otros factores externos, como son: que para la tierra, en su conjunto, somos un virus depredador, y llegado el caso, debido a nuestro mecanismo de supervivencia heredado, lo somos también con nuestros semejantes. Una cosa es lo que podemos pensar y soñar; y otra, lo que hacemos, o podemos hacer. Sobre todo, cuando estamos educados (programados) para obrar individualmente. A ver a quién votáis. ¿Y no sería mejor participar, antes que elegir representantes que piensen por nosotros?