2.10.14

De todo

Millones de noches han fabricado millones de estrellas.
Millones de caras han cambiado este mundo.
Millones de manos han matado, han robado, han roto.
Y sin embargo, no me siento malo por naturaleza.
Actúo: Amo lo que percibo del universo, y a mí mismo.
Estoy: De algún modo soy irresponsables de mis actos.

Viajamos sin mochila,
sin usar los pies,
sobre las yemas de las manos,
con los ojos cansados de ver sin mirar.
Pegados a una pantalla,
sin importar la habitación cerrada en que estemos.

Viajamos: ofuscados,
bombardeados con toneladas de pantallazos de información,
con los sentimientos difusos, confundidos y perdidos.
El tiempo está en los dígitos de la derecha del monitor.
No hay ni día ni noche;
ni cielo ni estrellas;
ni lluvia ni sol.

La soledad es nuestra compañera real.
Y cuando muramos,
quedarán perdidos en el universo de la red:
nuestros pensamientos,
nuestros recuerdos,
nuestras voces,
nuestros correos,
nuestras imágenes
y nosotros mismos.

Por todo ello, ¡Puerta perdida que me diste la vida!
¿Dónde está tu aldaba? para volver a llamar.
¿Dónde está tu manija o picaporte? para poder entrar.
¿Dónde tu cerradura? para implorar volver a la vida.
Activa tus bisagras, y sin ruidos, por última vez, devuélveme la juventud.
Y si no me concedes este imposible, al menos, déjame usar tu mirilla para recordar.