León Felipe, español surgido de la España de charanga y pandereta, que renunció a su estatus señorial, que después fue poeta maldito, respetado, vilipendiado… pero único. De larga trayectoria política y social en su tiempo. Apasionado, dulce y amargo, por estar alejado de España.
Su poesía, con los años, a pesar de tratar de las cosas pequeñas, se agranda; se hace eterna y universal, y se mantiene actual. Su poesía nace: humana, directa, profunda, singular, real, del pueblo… pero individualista. Parece simple pero es rica y compleja, no simplificable, ni etiquetable.
Junto con Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro; con sus poemas de posguerra, resquebrajaron la dictadura gris franquista del eterno luto interno. Manteniendo la luz de un rayo de esperanza en el interior de España, y en el exterior exiliado. Hoy, al releer sus poemas, volvemos a alimentar la rabia, que tanta falta hace para luchar contra las injusticias que de nuevo atraviesan España sobre jumentos, toros y pueblo escuálido.
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Hace 13 años