Cojo una hoja en blanco al azar, parecen todas iguales, pero
no. Algunas afortunadas están predestinadas a recoger palabras escritas a
mano. Otras hojas, sin suerte, serán
tragadas por la impresora y acabarán, en más o menos tiempo, en el cubo de la basura,
sin pena ni gloria. A lo sumo: “reciclado”…papel reencarnado.
Esto abre otro hilo: A lo mejor, algunas partículas de este
papel reciclado sobre el que escribo, fue factura de Bárcenas. O el borrador de
una prueba del texto de la Constitución española del 78. O, lo más probable, una
carta bancaria sin importancia, que trata de engañarme y me quita tiempo, y espacio en el buzón.
Pero en esto del papel, también hay clases y realezas. Si
eres papel de billete, no te suelen mezclar con los papeles simples de la
chusma. Lo más probable es que acabes en
otro billete, de más o menos valor, que irá de mano en mano; de cartera en
cartera. Si formas parte de la realeza de los de 500€, tu destino será: cajas fuertes o armarios
escondidos, pero, rara vez, serás destruido o quemado.
Está visto que, materiales tan simples como el papel, también
tienen sus castas y aristocracias... Y mañana, soltarán papel de confetis
por el nuevo rey perpetuado. Y todos estos papelitos masificados, dará
trabajo a barrenderos de contratos basura…que después, limpiarán las calles por
donde se arrastró el cortejo real.
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