El mercado no tiene memoria, el dinero es opaco y dominante;
no pregunta, se empodera del Estado con su deuda impagable, agotando el estatus de su historia. El mercado de valores, en lo ordinario de su
lenguaje: fuerza y rompe la democracia. Los datos económicos confirman la
necesidad de un giro radical hacía la vida. Me cambio de crisis, de reglas de
negocios. No soy el agente responsable de los problemas de las mentiras monetarias.
Ni especulo con las palabras financieras imperantes. Soy la voz inevitable del rescate, el que se
arriesga a soñar con otro mundo posible. La lucha, la movilización y la organización, sigue siendo la mejor arma de las personas contra el fraude y la economía flotante.
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