18.5.12

El tren de la vida

Casi siempre pierdo el tren, y me quedo triste, por esa extraña manía mía, de querer atraparlo en el último instante. Siempre me entretengo cuando debería estar saliendo. Pero es igual, la vida tiene sus compensaciones. O dicho de otra manera: La vida sigue apurando el tiempo que nos ha tocado…como los trenes: con sus imperturbables horarios continuos. Igual para todos: Suena el pitido, se cierran las puertas, comienza a desplazarse lentamente, como la infancia; después va tomando un ritmo de traqueteo casi constante e imperturbable: la madurez. Y acaba para todos igual, cuando llegamos al final de la estación; así seamos viejos o jóvenes; avaros o espléndidos; con cuartos o pobres; tontos o astutos…da lo mismo: vivimos mecidos por el traqueteo de la vida, con diferentes fuerzas, salud y deseos. Tan solo debemos procurar que la última estación esté lo más alejada posible, y que en el instante final, antes de apearnos, todo quede en orden. Y sí no, da lo mismo: la vida es un camino inútil que vuelve al punto de partida, a pesar de tener la sensación de que los días se arrastran y los años vuelan. Otros subirán al tren con la mente ocupada en sus cosas, mientras muy pocos serán conscientes del perverso engranaje donde suben, comprenderán el diseño para que el tren se mueva. La maquinaria parece compleja, pero en realidad es una acumulación de pequeñas soluciones a intereses comunes. Un sistema, una disposición general, para que el tren se desplace sobre la vía.

No hay comentarios: