18.1.12

Otra vez yo

Escribir es hacer docxs, deshacer, reflexionar, flexionar… Es crecer y decrecer. Ahora que hay que reducir el consumo energético al estar llegando al agotamiento de sus reservas, escribir puede salvar la economía y evitar el calentamiento global, ya que solo calentamos la silla...y desde nuestro escritorio, observamos al cambio climático a través de la ventana. Escribir nos hace tiernos, flexibles, creedores de la ilusión donde todo cabe con palabras, todo cabe: la crisis, los complejos modelos eslabonados a la vana realidad repetida del pasado… Podemos elaborar modelos de fracasos y el riego de contagio seguiría siendo mínimo. Puedo imaginar, volverme inteligible, crear incertidumbres, aconsejar, desaconsejar; simplemente es una locura de simplificación variable: ¿qué ocurre cuando quiero mostrar la totalidad de la vida? El alma, si existe, se quiebra; no es viable mostrar en el tiempo la capacidad crucial de ser y ver. Somos líquidos instrumentos creados por explosiones históricas, prestatarios sometidos a un pánico de alto riesgo: “subprime”, pero sin certeza de valor apreciable, influidos por los demás, y nadie sabe cómo tenernos en cuenta: Soy una pieza defectuosa sobrecalentada que vive desprevenido. Me identifico con pocas cosas, y varío mientras la vida pasa, me enfrento a ecuaciones que no admiten soluciones únicas ni conjeturas, ni reconozco fronteras que no sean autoimpuestas. Soy impredecible en mi comportamiento, muchas veces absurdo, aunque dependa de los demás. Cada día me propongo pruebas de resistencia para desenredar mi azarosa situación, pero choco con el inconveniente de que solo puedo abarcar una mínima fracción de mi propia complejidad, la incertidumbre cubre todo mi equilibrio. La comprensión, el esquema humano alimentado por la experiencia personal, es el único modo consciente que tenemos de estar en el mundo. Es la carga cultural del ser para poder estar y marca a la vez: la acción y su preparación (imaginación), para que la experiencia sea comprensible, es decir: creativa y evocable. Nos proyectamos en el tiempo, conformándonos según nos figuramos, para tener y mantener nuestro mundo solipsista.