12.9.11

Argumentos circulares

Repensando la idea de los “Argumentos circulares” creo que nuestra mente emplea estos argumentos circulares para tratar de sacar algo, yo lo llamaría recurrencia o “Recursividad” . Esto me viene a la mente ante la confusión que lo desconocido infunde en la mente del hombre y el empeño que seguimos poniendo en resolver problemas que parecen no tener solución inmediata. Es posible, que la física restringa nuestras facultades mentales, y haya un límite a nuestra capacidad de procesar información.
Como seres vivos, los humanos tenemos los más altos coeficientes de encefalización, y muchas de nuestras reservas neuronales nos quedan libres para poder pensar, de ahí nuestras inteligencia; de hecho, nuestro cerebro consume muchísima energía, y si estamos en proceso de crecimiento o aprendizaje, aún más. Es mucha la energía que se consume en mantener las redes de comunicación neuronales conectadas. Según Kaas, los primates, y con ellos los humanos, hemos mejorado y optimizado la densidad neuronal, con las implicaciones que esto tiene para la velocidad de conexiones neuronales; similares a los procesos de miniaturización de transistores de los ordenadores, pero nuestro sistema mental también tiene un límite físico, ajustado por parámetros de: información, energía y ruido; el producto que se obtiene conocido como pensamiento, está lejos de poder ser contrastado. Cada uno de nosotros estamos limitados mentalmente. Tenemos la ventaja de trabar información en conjunción con otros, de poder contrastar algunos aspectos, ya que nuestro potencial mental se multiplica exponencialmente gracias a los otros, pero no tenemos la certeza de la verdad.
A todo esto, ¿dónde están los límites del conocimiento? Nuestra capacidad de compresión, además de estar mediatizada por los sentidos y limitada por las conexiones de nuestra mente, es aproximativa. Lo que llamamos realidad, y que está entroncada con la verdad, puede estar más allá de lo que podemos comprender. Las leyes fundamentales de la naturaleza no son más que esquemas simples que nos vamos figurando los humanos para tratar de generalizar alguna intuición. Hoy se elucubra con la existencia de universos paralelos, por no tener respuesta a problemas del conocimiento en las fronteras de la física, y es dónde siempre aparece Dios, cuando no podemos explicar el universo. El ya viejo antagonismo entre realistas y antirealistas de la física, como Einstein y Bohr, inicialmente se aceptó como más fiables a los realistas, hoy físicos como Susskind sustentan lo contrario, donde la ambigüedad reina en la naturaleza, todas las interpretaciones son válidas-¿dónde está la realidad?- depende de la perspectiva del observador, de los paradigmas de cada momento. Las cosas objetivas son reproducibles y verificables - a las que por error, llamamos realidad - , y solo son objetos visualizables, pero vivimos en un multiverso tan ambiguo como Dios y el universo que nos rodea, en zonas que no tienen nada que ver con lo que conocemos, nada es predecible.

8.9.11

Más sobre Dios y el hombre

¿Es la filosofía la búsqueda de la visión de lo real verdadero? ¿Y no es esto también un argumento circular? Pues, los fenómenos observados siempre están envueltos de relatividad e incertidumbre, a pesar de la finitud que nos rodea. La duda es el motor del conocimiento, y refleja el carácter inacabado de la síntesis, tamizado por la percepción de lo sensible que aproxima o confunde. Si no hablamos de Dios. ¿De qué hablamos?... ¿del hombre?... ¿y qué somos?

7.9.11

El poder de la vida

Puesto que no tengo respuesta de los dioses, seguiré pensando en los monstruos que nos creamos en nuestras cabezas, estos no se producen en vano, tienen la finalidad de dibujar los peligros desconocidos. Aun siendo irracional un temor, tiene una motivación: Interiormente buscamos fundamentaciones metafísicas a las fábulas imaginadas, examinando las fuerzas oscuras que mueven al universo desde el punto de vista de nuestra subjetividad. El Cogito que Sartre humaniza y aleja del hombre como objeto, embadurna de conocimiento y existencialismo a la otra cara de nuestro sentir humano, al reconocer a los otros con igualdad, hemos dado un paso más. Usando a los otros como factor de comparación y valoración de las verdades agudiza nuestra mirada, tenemos otro agarre más. El camino del cambio para pasar a poseer nuestra propia voluntad, ha necesitado tiempo y esfuerzo; han pasado muchas discusiones hasta llegar a ser asumida como propia del hombre,  dueño y señor de su voluntad. Tuvo que llegar este siglo, después de dejar la interpretación de Nietzsche, como último metafísico, para que asumiéramos nuestra voluntad como valor único y propio; desenmascarando a los monstruos malignos que la cubrían. La frase de Heidegger “Solo un Dios puede salvarnos” ya no es necesaria. Pero el desajuste en la conciencia humana persiste, la lucha del yo interno: lo racional y lo crédulo deseado, persiste. El mundo moderno sin Dios es duro y hostil: ¿Quién ocupa su lugar? El hombre se ve débil para empuñar su propia ética. Será un camino largo, de fortalecimiento, para llegar a tener conciencia del poder que nos da el deseo de seguir viviendo.

6.9.11

La búsqueda mostruosa

Si vemos las relaciones que establecemos y cómo nos marcan, estamos creando al animal racional que somos. Nos miramos unos a otro, interactuamos con diversas intensidades; y es el azar, el Dios que juega con los dados quien mueve. ¿Qué pretende? ¿Qué modifica? ¿Dónde está el equilibrio? ¿Por qué se nos expulsa del paraíso y la añoranza? ¿Quién quiere ser mutante? La amenaza está instituida, los cambios nos corroen. Movernos nos hará libres, si las formas cambian, pasaremos de lo arcaico, de lo tosco; a lo divino natural que no existe. Seremos clásicos para la historia… luego nos endiosarán, nos mostruosarán, y de nuevo el ciclo se repetirá hasta el infinito, buscando la racionalidad del mundo, pero en el camino nos trasmutaremos por corrupción, pasando de lo natural a lo artificial, se muta  nuestro cuerpo y corrompen nuestros sentidos. ¿Quién nos hará dioses?

En el silencio

Desde la roca del indio, con el silencio en lo alto de la vida, a pesar de los glifosatos, no dejaré de ser y no me resignaré a morir en la nada; a pesar de la razón desesperada de la noche que me empuja al vacío. Rebelado vivo contra la resignación, mi esencia de ser lucha contra la razón ilógica de la muerte. Me afano en seguir siendo, respiro para no dejar de ser y persevero en mí con mi intuición. El recuerdo es otra arma para no dejarme atrapar. No sé quién soy, ni sé si soy un fin en mí mismo. Solo el resplandor de una luz lejana, me saca de este vahído, iluminación necesaria para vencer la muerte, a pesar de este aire en calma.