14.6.11

Una visión triste del hombre

Después de haber leído "El malestar de la cultura"  de S. Freud, pienso que el autor, en este texto, presenta lo que él entiende como la verdadera naturaleza del hombre, con todos sus componentes, mostrando al ser humano como criatura compleja: animal-intelectual, donde el instinto que nos ha permitido sobrevivir durante toda nuestra evolución, y que se sustenta en pulsiones naturales; tiene componentes de agresividad salvaje, que hoy es dominada sociablemente por la cultura, factor racional inducido, para permitir una convivencia social. La cultura es conformada por unos procedimientos de actuación en la etapa inicial del hombre, gracias a ellos, la conformación humana, va creando y acatando, muchos consideraciones y actuaciones marcadas; establecidas en un corpus de rituales y ritos, que sustentan después mitos y modelos culturales, y que instauran una manera de pensar y de ver las cosas; posibilitando arreglos sociales para el trabajo en equipo y por tanto permitiendo el beneficio de la cooperación que produce la sinergía, tan necesaria para implantar la supremacía de un grupo social. Por eso, la cultura también es: frustración, ocultación, manipulación y homogenización. Permitir establecer la enculturación, con las dos varitas que lo van definiendo: la represión y el afecto. Al niño hay que reprenderle cuando obra mal y premiarle cuando obra bien, guiando su comportamiento, basado en el modelo conductista de la formación de la personalidad por refuerzos positivos y negativos como estímulos guiados, definido por Skinne y cimentado en los reflejos condicionados de Pávlov. Pero cada uno de los humanos tenemos que pagar por ello el peaje de la frustración, al pasar del yoico primitivo al yo social (que según Freud, queda latente, este yoico primitivo, en nuestro subconsciente, diferenciando desde el inicio el yo-placiente o yoico, al tomar conciencia del no-yo externo amenazante y agresivo-ambiental. Y va quedando en un poso de pretéritos felices e infelices en la vida psíquica). Para beneficio de la sociabilidad y la enculturación de la realidad. La cultura se construye en base a una sobreposición de Tabúes ampliamente aceptados y transmitidos, Freud sostiene que el tabú es la forma más primitiva de conciencia moral (en Tótem y tabú), luego pariente del imperativo categórico de Kant de la razón práctica. Kolakowski los considera necesarios para que una sociedad funcione. Además, sustenta que todavía no se dado ningún caso de cultura repentina; pues no se puede dar una evolución cultural, ni crear una nueva cultura, sin partir de un estadio anterior. Freud sostiene que no basta la ciencia para satisfacer al hombre, el hombre necesita darle un sentido a su vida, y por ello, necesita inventarse preceptos, que le hagan un poco más feliz. Esto preceptos, con la perdida de libertad que conllevan, deben ser el pago que debemos hacer para instituirnos como un ser-animal social (He escuchado a más de un experto en perros, que estos son más felices cuando sienten que hay alguien que establece las normas y con normas viven una vida más apacible. Es posible que la mayoría de nosotros tengamos esa misma necesidad). 

Habermas ve la ciencia y la cultura ligado a la ética personal, como instrumentos de ajuste a los nuevos dioses que cada persona es capaz de montar. La Ética rige nuestra relación con los otros. Así lo planteó Aristóteles en la dicotomía de lo social y lo individual; entre lo universal y lo particular, y que tantos enfrenamientos, violencias y cataclismos históricos ha producido; siendo también matriz de la formación de la cultural en las diferentes sociedades, y que sigue produciendo. Este constante enfrentamiento del ser como ser único propio; y su situación ante los otros, como ser social, tiene memoria. Es en la mente, donde todo se entremezcla: la realidad y las ficciones de mitos. No es fácil discernir su implicación en las múltiples facetas humanas, ni fijar los límites. Constantemente el hombre está obligado a posicionarse, y sólo tiene sus valores morales para discernir. 

Walter Benjamín sufrió también esta dicotomía, de la búsqueda de valores individuales sobre una la utopia social. La realidad que le tocó vivir le presentó una visión del futuro contradictoria: con valores del ocio y del consumo masificado, denunció la manipulación que se hacia de la historia en su tiempo convulsivamente político. La dicotomía persiste hoy con carácter gnoseológico, podemos pensar que la ciencia es una tabla de salvación universal, en contraposición con la moral individual. Pero no toda ciencia es una disciplina exacta, muchas, como la sociología, tratar de procesos parciales e inconclusos, no llega a cerrarse como ciencia. Cuando muere la modernidad con el marxismo, lo individual decrece, al colocarse delante, los valores de las masas, por encima de los individuos, pese a necesitar individuos modelos de héroes sociales. 

Kolakowski describe muy bien este efecto de cabezas de rebaños que sirven de guías: la manipulación de los dirigentes del marxismo histórico. Hoy esta dicotomía moral e ideológica de lo individual frente a lo común, se mantiene con la misma disyuntiva aristotélica: entre el individuo y lo universal. Con los mismos problemas morales que tenían los griegos: Resaltar o desvanecer al individuo entre las masas, al aplicar la isonomía que pretendían. 

El Marxismo, al quitar al hombre su instinto de transcendencia, lo cosifica y no puede matar del todo esas ansias de transcender. La distinción aristotélica entre lo cualitativo y lo cuantitativo en que el hombre va saltando en su devenir histórico, hace de la ética una pseudociencia, una metodología aproximativa según el momento histórico, según la hermenéutica del momento que toca, meciéndose en sus apreciaciones, como el bien que no puede existir sin el mal; ya que siempre hay motivos y razones ambientales para posicionarse. El individuo es el único actor de su realidad, y conforma su ideología, fruto de su yo como justificación empírica, y que en suma, junto al azar, conforman la historia personal. 

Aristóteles trata de salvar al hombre instruido, buscará la exactitud. La ética se puede justificar de dos maneras: desde dentro del personaje, en contraposición al medio; o desde el empuje de circunstancias externas, que marcan y moldean al personaje. La realidad es el campo de batalla donde culminan las actuaciones del conjunto heterogéneo, lugar de lucha entre estas dos fuerzas. 

La enorme distancia que siempre hay entre el yo y el otro, no es desinteresada ni banal, es donde se mueve la conciencia, y se impregna y define la ética. La conciencia es la que define nuestra actuación dramática en la vida. La información y el grado de conciencia colectiva son aportadas por el conocimiento externo, esta suma de dos fuerzas, nos empuja a tener que tomar partido. 

Hoy vivimos saturados por el bombardeo de información global, llega a producir estrés y embota los sentidos de la conciencia. Por estas ambigüedades, no sabemos qué camino tomar; vivimos agazapados delante del televisor o el ordenador: paralizados y recibiendo el bombardeo informativo. La trayectoria humana sigue existiendo en un universo aislado, sin puntos absolutos de referencia. Aristóteles en su afán taxonomista, despertó nuestras conciencias, fijó arquetipos, sembró la duda ante posturas prácticas: Tener que pensar, decidir y posicionarse éticamente en temas que afecta a otros no es fácil. Tener que buscar modelos que ejemplifiquen nuestras actuaciones, tampoco. Es una obligación moral ante la libertad que tenemos. 

Hoy tratamos de resaltar lo contingente, como suma de actitudes de individuos que conforman un hecho, sin juzgarlo. Popper, tomando de Einstein la aproximación relativa a la verdad, busca la verosimilitud bajo leyes inventadas o conjeturadas; válidas, mientras no sean refutadas. El hombre convive oscilando entre hipótesis deductivas e inductivas. El lenguaje refleja los fundamentos ética de una cultura en particular. La moral está fundada en la estructura del lenguaje mismo, supone una voluntad de entenderse, se proyecta como comunicación en el ser comunicado, cuyos aspectos ideales podemos reconstruir. La comunicación ideal aparta toda posible mutilación sistemática, mostrando el valor, no represivo, el mejor argumento, en su anticipación como forma de diálogo. Incluye: la verdad, la justicia y la libertad. La hermenéutica así entendida, como base de la moral, persigue un interés emancipativo. En esta aclaración, la ética, no obedece al principio de causalidad. Aristóteles afirmaba, que los principios no se demuestran: o son evidentes o son principios aceptados por la mayoría, al menos por los más sabios. 

También Descartes buscó principios evidentes, ya que veía que ni la causalidad, ni la legalidad, son principios intrínsecamente evidentes. Uno y otro requieren ir más allá de la experiencia para ser confirmados como principios. Así, los principios filosóficos pueden ser hipótesis confirmadas por la experiencia, pero las hipótesis fundamentales son aceptadas por la investigación científica y filosófica, si y solo si no presentan contradicciones. Pero el hombre es portador de factores distorsionadores, que hace que la causalidad tenga componentes contradictorios y conformadores, genialmente obedeciendo a la entropía humana, de búsqueda del mínimo esfuerzo; concentrando poder, y teniendo siempre como comparación la ética del observador. Este hecho limitante no lo tiene la verdadera ética, esta solo requiere aproximación a la verdad, aún, según lo expuesto por Habermas, requiriendo hipótesis sustentadoras, y tener que ser validada por el propio hombre. 

Popper sostiene que las diferentes modalidades de la filosofía analítica tienen por finalidad aclarar el significado de las proposiciones, y esto afecta a la concepción de la ética. Los problemas de contenido afectan a la proposición y no son refutables. La ética, lejos de su propia lógica, no es refutable, tampoco por ello es significativa, la ley de no contradicción hay que buscarla en sí misma, siempre bajo una óptica determinada, cosa que no ocurre con la ciencia, fiel máquina mental que tiene que mantener una coherencia interna y externa.