30.8.11

Sobre Dios

·        Propuesta
Según lo ya pensado:
1.-No puede ser Uno e inmóvil.
2.- El tiempo no existe en el pensamiento
3.- Los conceptos son eternos e inmutables
Planteo:
Un concepto tiene que ser AFLORABLE, es decir, tiene que poderse plasmar como modelo en la realidad (Un triángulo tiene que poder ser representado, un árbol tiene que poder ser imaginado) Un concepto tiene que aflorar mentalmente en la realidad.
Luego Dios no puede ser un concepto, no puede convertirse en una zarza ardiendo eternamente, eso es un mito.
Explicación:
Es una manera de plantear la duda eterna, si hay algo más allá de lo tangible. Los conceptos, después de leer a Platón y a los filósofos clásicos griegos, es lo que quedaba del análisis, Platón trató de maximizarlo. Los conceptos son abstracciones que nos permiten a los humanos sintetizar y transmitir propiedades sacadas de la realidad, algunos se mantienen en el tiempo, y otros son rebatidos y desechados. Constantemente nuestra mente crea conceptos, los sometemos a comparaciones y análisis, los desechamos, los olvidamos, los sustituimos, lo transmitimos; lo importante es que para comunicarnos, usamos conceptos comunes; aceptados y admitidos, que nos son muy útiles para actuar en grupo: las palabras, las medidas, los valores. Definimos propiedades y leyes, dándoles nombre y enriquecen nuestro mundo comunicativo.
Pero hay otros tipos de conceptos, tipo: espíritu, alma, Dios; que no pueden ser comparados con nada real, ni probado, ni mesurado, si podemos visualizar, ni imaginar en común. Cada uno de nosotros, los humanos, a su manera lo aceptamos o no, y los nombramos. Hay una parte humana de ensoñación muy fuerte en el hombre que es capaz de imaginar cosas que no tiene nada que ver con la realidad, donde metemos a estos conceptos no reales. El grado de abstracción del hombre es enorme, e inclusive, esta ensoñación, produce placer: La música, o las matemáticas, por ejemplo, también se separan de la realidad. Pero dónde está el límite de lo simplemente emotivo, de una concepción que empieza a ser inventada y queremos extrapolarla a la realidad, y tratamos de creerla real.
Cuando vemos películas fantásticas o de terror, con espíritus y conceptos inventados: hombres lobos, extraterrestres, seres poderosos; los propios creadores tratan de convencernos que funcionan en un mundo real. Locura y cordura no tienen un límite claro. Y en el fondo, el ser humano, no tiene un mecanismo para probar y diferenciar realidad de la ficción. Vivimos siempre con la duda de lo que es real o ficción; verdad o falsedad, y hasta podemos creernos principios e inventar ideas que las damos por reales sin poder probarlas. Sólo nuestro instinto de supervivencia, que tiene un carácter primitivo, nos marca pautas para poder seguir sobreviviendo, pero no tenemos un mecanismo para no dejar de creer en conceptos no probados, aquellos que tratan de justificar lo que no alcanzamos a comprender: los conceptos espirituales, tipo dios, espíritu. ¿Quién no se platea la duda? ¿Y por qué nos empeñamos en dales respuestas a lo que no lo tiene?
Como juego o esfuerzo mental, inventar seres fantásticos, puede ser un ejercicio interesante. Pero si empezamos a confundirlos con la realidad, tiene efectos de importancia en nuestro comportamiento. Cuando vemos las trayectorias de las hormigas molestadas por un palito, no obedecen a una lógica consecuente, hacen muchas pruebas de movimientos y desplazamientos, seguramente porque no alcanzan a comprender cuál es motivo y el peligro que les afecta. Como ellas, los humanos, andamos perdidos en nuestro universo conocido y ante lo desconocido, damos bandazos de ciegos, buscando una justificación a lo inconmensurable.
Más explicación:
Volviendo a replantear el tema eterno de la existencia de Dios: Puesto que toda cosa no puede ser uno e inmóvil a la vez. Un cuadrado puede cambiarse en círculo, pero no puede ser cuadrado y circulo a la vez. Dios solo tiene dos opciones: Existir o no existir, ser o no ser; la duda eterna. En lógica pura, no puede plantearse. Sin embargo, tampoco aceptamos que se quede sin resolver o cuestionar. La pregunta persiste y nos sigue persiguiendo, seguimos pensando en ella, no nos conformamos con continuar en el limbo de no poder dar respuesta a la eterna duda. En lógica pura, Dios no puede, a la vez, existir y no existir. Con todo, no hay respuesta posible. ¿Por qué?
·         Puesto que Dios es un concepto que no se puede plasmar (aflorar) en ningún modelo; por definición, no podría haber tal cosa: Dios sólo puede ser reflejo de ello mismo; la duda se mantiene, pues no somos capaces de diferenciar realidad de ficción, y ante la ficción, no tenemos armas o herramientas que nos permitan diferenciar y probar su inexistencia o existencia, ya que la duda ante lo que no existe no puede probarse. Pensemos en los artilugios humanos que vuelan, antes de ser inventados y aceptados: Eran sueños, ideas, conceptos abstractos, no aflorados en ningún concepto real, pero tenían un contexto físico real y limitado, mesurable. En cambio la idea de Dios no tiene contexto, no es mesurable, no sabemos nada del tema, solo imaginamos, o aceptamos por válido lo que alguien ha imaginado.
·         De haber un Dios, no cabe pensar en otro Dios de ese Dios, y si ese nuestro Dios obedece también leyes divinas impuestas por otro Superdios. Es como el espacio, si tuviera límite, habría espacio después del espacio, habría otra cosa, pero también algo después del espacio-tiempo. Si avanzásemos en la frontera del espacio-tiempo, como en la cresta de una ola, habría espacio-tiempo en espera a ser recorrido. Lo infinito no existe como cosa real, es otro concepto inmaterial inducido. Lo infinito no existe si no tiene posibilidad de tener finiquitud, o dicho de otra manera, solo puede existir como concepto si cabe que pueda optar por definirse. La idea de Dios es más abstracta, no caben definiciones, ni se las espera. Ya vemos cómo llegamos a concebirlo: sin darle rostro. Algo falta, algo falla. Yo, hormiga, ¿por qué me planteo a Dios? Si no puedo ni morderlo.

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