4.4.11

La locura

La distancia entre la locura y la cordura es tan fina como una línea, es una cuerda, ni recta ni continua. La locura  se presenta cuando menos la esperamos. Casi todos tenemos nuestras propias locuras, sin ellas, no habríamos venido a la vida, somos creados por un arrebato, por una locura; el que las pierde, no puede apreciar los sabores ni la vida. La vida y la locura van atadas. La cordura marca el final del tiempo; acabamos en la cordura mortal del vacío: todo muerto es cuerdo, ni dice ni niega. En medio: la vida; si la llenamos de locuras, disfrutaremos. Ya vendrá la sensata muerte a apagar nuestro corazón y acabar con las chifladuras que nos motivan.

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