Aproximación a la violencia en el pensamiento filosófico de Occidente
Planteamiento:
Cuando hablamos de algo más que de lo inmediato y superficial, algo trascendente como Dios o las ideologías en las que nos posicionamos, las posturas humanas de muchos son inmóviles y violentas como se ve en muchos foros, inclusive filosóficos.
¿Por qué se produce la violencia, y qué se ha pensado sobre ella?
¿Qué entendemos por violencia?: La RAE define violencia como una cualidad o una acción.
Violento: “Fuera de su natural estado, situación o modo” “brusco ímpetu contra”, profanar, acceso contra, quebrantar, Impulsivo... Vemos que en castellano la palabra violencia no tiene un significado único y claro; está muy ligado a una actitud irracional o racional negativa contra un estado previo natural de tranquilidad, sin un sometimiento de la voluntad del individuo o grupo en libertad. Es una actitud que produce una quiebra de un estado previo. Generalmente esta actitud violenta tiene consecuencias y produce acciones que rompen una trayectoria previa cuando ésta transcurre según lo previsible. La violencia desencadena un cambio. También es una percepción o fenómeno contra un estado de paz, sicológico o real. En inglés y francés “violence” tiene también un sentido de manipulación, en Alemán “Gewalt” además es fuerza y poder. La esclavitud, como estado de vida sin libertad, es un estado vivencial violento. La perdida de libertad es una amplia gama de tendencias y amenazas, pero siempre violentas por definición. Asimismo se puede definir como otro tipo de violencia la sumisión femenina presente en la sociedad desde el principio de los tiempos aunque en menor grado cada vez.
La violencia en la filosofía primigenia:
Antes de nacer la filosofía en Grecia ya existía la esclavitud instituida, fruto de botines de guerras, piratería y actividades mercantiles. Con el auge griego, la esclavitud se institucionaliza y potencia; constituyéndose como parte del paisaje humano. En este mundo de esclavitud, la mujer, como personaje secundario, salía peor parada, los hombres en las guerras morían, pero las mujeres capturadas eran esclavas seguras y sin esperanza de liberación y de fácil uso.
Para lo primeros pensadores griegos (todos hombres, menos Aspasia de Mileto relacionada con Pericles, más política y retórica y Diotima de Mantinea relacionada con Sócrates y supuestamente conjeturadora del amor platónico, como anhelo por la inmortalidad), la esclavitud era un hecho consumado, de escaso cuestionamiento. La discusión griega primigenia de los hombres-filósofos era sobre el origen de las cosas, la justificación del Ser, y su conversión en conceptos globales (Aletheia como logos y doxa).
Con los milesios: Tales con el agua. Anaximándro, separador de elementos. Anaxímenes, del aire y el cosmos como animal viviente, emplea el metabolismo para explicar la naturaleza. Pitágoras de Samos, con la violencia de la dualidad: lleno y vacío, ser y no ser, su mística matemática y que tanto descompuso a su pensamiento -el encuentro con los números irracionales- en su búsqueda del autocentrismo. Heráclito de Efeso, del monismo dinámico con el continuismo y el rompimiento, de la poligenesia universal del fuego violento, ocultista de influencia órfica, del movilismo constante, del todo fluye, padre de la entropía. Jenofantes de Colofón, ridiculizador del antropomorfismo, posiblemente monoteísta. Por el contrario, Parménides de Elea, da un soplo de paz, con su poesía abierta, en un lenguaje interpretativo, dejando márgenes para nuevas ideas. A Parménides se le considera inventor de la ontología (onto: ser; logo: conocimiento), del estudio del ser en cuanto ser, con su segundo camino hermenéutico, en busca del logos, posibilitando la interpretación del límite limitante: “No se puede pensar lo que no existe”, la identidad del pensar y ser, no el límite concretor que juzga y considera. Padre del eterno retorno esférico que acusaría Nietzsche, del eterno Ser inmóvil como crítica al espacio-tiempo y del principio de la identidad múltiple. Sócrates: El hombre de la moral práctica, la razón superior a lo sensible, denunció la violencia instaurada, instituida e instituyente pero entre iguales (Precursor de la acción no-violenta, a modo de Gandhi). La violencia asumida y práctica de los sofistas, con “teorías de río revuelto”, también proponían la igualdad de todos, como Protágoras de Abdera: “El hombre como medida de las cosas” (El esclavo no está en el término, pero podría estarlo al ligar la esclavitud al estatus del alma), no ve la ruptura del distanciamiento de las cosas. Después Platón (Aristócles), con su carga pitagórica y matemática, diferencia el conocimiento sensible del inteligible, como dualismo epistemológico del mundo, distanciando las cosas por la esencia de ellas mismas en ideas (είδoς), donde a las ideas se llega por el conocimiento (dialéctica) de las cosas; creador de la teoría de las ideas. En esta teoría, por su propia estructura, ya hay una violencia dialéctica que hace a Platón “el hombre de los conflictos”, al plantear la diferencia ente Doxa y Aletheia, que lo vive, y vive sus límites, manteniendo la concepción estática, clasista e inmovilista de la República, como ontología clasificatoria y jerarquizada para la teleología de la virtud (areté) humana, su armonía epistemológica, productora de la justicia teórica, donde las almas de los hombres, imbuidos del espíritu ciudadano, forman las estructuras de estado real, el sensible, con especificaciones funcionales capacitantes, según la naturaleza de cada individuo: según sus dotes naturales, inclinaciones y capacidades. Para Platón, debe prevalecer la justicia, basada en ideas (είδoς), sometidas a las virtudes platónicas cardinales, desarrolladas por paideia, sin desdeñar la episteme: Prudencia para el filósofo dirigente, fortaleza para el soldado obediente y templanza para el trabajador abnegado. Así se crearían las polis ideales; como unidad real de vida colectiva y organismo espiritual; desechando a las democracias participativas por ingobernable, proclives a corruptelas y fáciles de caer en la tiranía. Platón, en su inocencia, busca la estabilidad y un modelo de paz teórica y perpetua; aboga por el gobierno de sabios filósofos que hagan de la justicia perfecta, su bandera, en un mundo ideal no-violento. Pero los hombres de su tiempo no lo aceptaron, ni nunca han sido aceptados estos planteamientos utópicos. Platón tampoco desdice a Max Weber: "el Estado es, por excelencia, la institución que reposa sobre la creencia en la legitimidad de su autoridad y de su legítimo derecho a usar la violencia en última instancia". En la época de Platón, la justicia, basada en la “sympoliteia” contenía el derecho griego como un compendio de normas, de origen jónico y ático, muchas de ellas anacrónicas. Sócrates sufrió su aplicación. Platón busca una salida a la violencia, pero parte del fin y no juzga los medios; No le es posible ver cómo las luchas de poder pueden ser canalizables, las sufrió en todos los avatares políticos en que se metió y no halló respuesta (Es posible que no la haya). Después de los constantes fracasos en la aplicación de sus ideas a la realidad política empieza a imaginar que el hombre se mueve entre el valor, la fuerza y los instintos en un mundo de finitudes, donde la fuerza y los instintos pesan más que la racionalidad (hoy tenemos las democracias representativas como mal menor, muy limitadas por el poder real del poseedor del dinero, hasta ahora siempre ha sido así. ¿Quién compra voluntades? de ello eran muy concientes los sofistas).
En su génesis el mundo platónico de las ideas ya es violento, violenta es la situación del mito de la caverna, violencia entre la luz (episteme, razón) y la tiniebla (sensible y doxa, pasiones); entre la concepción del alma y el cuerpo. Violencia entre el continuismo y el rompimiento de las ideas y los límites concretores.
A partir del bien como idea suprema, en la dialéctica de la razón inteligible, no se llega a ella sin el empleo de la violencia, con el poder, en un mundo físico real, a pesar de las matemáticas y la ciencia, en un mundo cambiante y continente que no asegura el final de esta violencia. La dialéctica cosmos noetós ascendente en las ideas, hasta llegar al bien, no es fácil de aplicar al mundo sensible; este no acepta que las ideas se impongan desde arriba con violencia. Y las revoluciones desde el pueblo bajo, también son violentas. Estos sistemas reivindicativos y revolucionarios que se aplicaron en el siglo XX, vuelven a caer en los mismos errores, como si fueran del tipo impuesto desde arriba. Los sofistas, a los que llamó Platón: “Mercaderes ambulantes de golosinas del alma”, eran conscientes del temperamento limitado y limitante del hombre en este mundo. Ellos orbitaron su violencia en el mundo tangible, lo intangible les era útil como arma, puesto que todas las opiniones son equivalentes; usaban este relativismo en provecho personal “filodoxa” (Hoy el derecho, la sofística del siglo 21, hace mimesis de este planteamiento, la no existencia de la verdad objetiva, el indiferentismo moral y religioso; donde nada o todo, ni es malo, ni bueno, sino útil, de finalidades prácticas; conforman el convencionalismo jurídico que ya se daba en la Grecia clásica bajo la fuerza de los sofistas. Hoy, quizás no haya nada más violento que la justicia institucionalizada en las leyes de democracias representativas, porque nadie se revela contra ellas, la violencia institucionalizada es un hecho, y toda acción está encorsetada para el manejo de muchos, por unos pocos que lo establecen). Es de destacarse que Platón fue esclavo y liberado por sus amigos; seguramente, fruto de estas vivencias, nace su condena explícita a la esclavitud en “El Menon”.
Aristóteles aclara que el concepto del Ser, no es contingente; y la realidad humana sí. Está el “ser” terrenal, partícipe de las diez categorizaciones, donde “la esencia” (Desde una óptica informática: campo obligatorio que lo define, o predicado que define al sujeto: -la ousía o sustancia- , donde la Primera ousía es la clave que hace único al “ser” y que tiene que estar definida). Cada “ser” pertenece a una especie o segunda ousía, conforma la especie a que pertenece cada “ser”, y que son también “ideas”, conceptos universales. En esta teoría hilemórfica (materia y forma), no se aprecia violencia, sino armonía entre las cosas. Por otra parte Aristóteles acepta la alteridad del ser y el pensar de Parménides. Ve en la naturaleza el continuismo, el falso fijismo, que no deja de ser violento. No puede ser uno e inmóvil a la vez, algo no se puede cambiar a su contrario a un mismo tiempo. Toda pieza racional debe poderse desmontar para su verificación lógica, no valen mitos. Ve la necesidad humana de poner límites al absoluto. Critica en Platón la separación de mundos, las ideas no se pueden separa de las cosas. Aristóteles a la larga, propicia un Helenismo práctico, la caída de la filosofía clásica griega la siembra él. Acepta la realidad, es menos violento, platea que no es operativo nadar a contracorriente.
Bagaje:
De toda la filosofía que he leído, la violencia es una disrupción del paradigma filosófico, sólo se plantea entre líneas, su naturaleza no es descrita con el rigor que debería tener por su trascendencia, no se define directamente, ni se plantea como tema prioritario, por ejemplo: Nos tenemos que remitir a la disputa entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda (Defensor de la colonización violenta de las encomiendas, en Valladolid de 1550), para el replanteo del problema de la esclavitud. Ginés utiliza a Aristóteles como apoyo a esta violencia, ya que para el estagirita (Como hombre de su tiempo), la esclavitud es una convención (nomos) y natural (physis) por causas: materiales, formales, de eficiencia, y como causa de los fines. Aristóteles sostiene que el esclavo, como posesión para el amo, le debe acatamiento y sumisión, a pesar de que posiblemente el gran filósofo fuese consciente de esta violencia. Sigue sosteniendo que el esclavo es un ingenio de la casa, una posesión animada que tiene los pies de hombre (andrápodon), un instrumento de acción, como un caballo de dos patas, aunque por poder usar el lenguaje, es algo más, un instrumento animado. Los criados que viven en casas (oikétês), por proximidad cultural, eran mejor tratados, pero una posesión legitimada por la ley del mandador, que pesaba como una losa sobre el mandado. Inclusive describe la relación Dueño-esclavo, como la analogía entre alma y cuerpo, donde lo natural (lo no malvado) es que mande el primero, el dominio señorial como tutela al más débil, que debe ser guiado por la insuficiencia intelectual o espiritual del más débil. En la Grecia aristotélica y durante todo el tiempo hasta la llegada del cristianismo, el maltrato de esclavos, jurídicamente, era un exceso (hybris) lo que hoy se podría considerar una falta menor y de mal gusto. Aristóteles, en la dialéctica de tratados prácticos, defiende a la esclavitud como estatus, en su tratado de origen de la comunidad en “La Política”, como consenso de vida en Atenas, y como característica superior que los diferencia de los bárbaros; ya que, a ojos de los griegos, en el mundo de los bárbaros, entre ellos, no se distinguen: bárbaro y esclavo tiene el mismo estatus, luego todos son esclavos por naturaleza. Es de notar que Aristóteles, en el inicio de La política, diferencia el gobierno entre comunes o iguales de la Poli; al gobierno de la casa, entre desiguales; donde se incluyen: padre, madre, hijos, siervos, animales y útiles; como origen natural de la vida social, no un contrato social y artificial que se impondría después.
Los viejos filósofos griegos, tenían asumida a la violencia en sus vidas, vivían inmersos en ella; por ello, ni esbozan la idea de no-violencia. Hablan del bien, del alma, entes, ideas, pero la violencia de la esclavitud no la tocan, sólo algunos grupúsculos residuales, como “los cínicos”, se salían de la tónica general. Entre iguales-ciudadanos, la justicia es lo más próximo a evitar la violencia, y es utilizada conceptualmente. En términos generales, en el pensamiento filosófico griego, tan sólo se podía destacar una sensación de menos violencia verbal en la cortesía que emplea Aristóteles con otros pensadores, su sentir tolerante ante otros posicionamientos más radicales; inclusive Platón con su lógica rigurosa y concepción global, es violenta, en su mundo supremo conceptual de las ideas, ni se plantear la violencia, como si no existiera, no lo cita ni como idea (είδoς). Lo imperfecto del mundo tangible (para él no real) está lleno de violencia. Si le preguntaramos a Platón, nos diría (Como los curas) que la violencia es de este mundo sensible o tangible, del de los sentidos engañoso, ligado a doxa, y por tanto, al engaño y las falsas apariencias (Como si la violencia fuera un mal necesario, humano, para alcanzar el estado puro -La justificación de los medios, para obtener el fin perfecto-, dónde se supone que desaparecerá. Así lo han pintado todas las ideologías y religiones, menos las pragmáticas, como los sofistas y el capitalismo).
En una hermenéutica actual, el pensamiento de Platón, la violencia, como ontología, está en el propio planteamiento: Incrustada en de idea de “Idea” (είδoς) y doxa (δoξα). Por otra parte, se ha dicho que “la Grecia clásica nace grande”, quizás porque los filósofos griegos se refugiaban y cultivaban sus pensamientos para huir de una violencia institucionalizada, sociedad clasista y punitiva, de la que se valió después Alejandro Magno para sus conquistas y como instrumento para su concepción universal Helénica, también útil para Roma (El mundo de los pensadores y sabios, no suele estar cerca del poder y de las acciones violentas; cuando lo ha estado, ha tenido consecuencias enormes: Alejandro Magno, Einstein). Un hecho interesante era que la aplicación de la justicia en las Polis, era muy tolerante, no se daba casi la privación de libertad, a los peores delitos se aplicaba el destierro, actitud que dice mucho del espíritu conciliador en esta Grecia clásica. Después cambiaron, vencidos por la afloración no-violenta primigenia del cristianismo, y represiva posterior, al afianzarse la gran religión monoteísta Occidental, y que, en contraposición a su propio origen no violento, encorsetó el pensamiento aristotélico y sobre todo redefinió el pensamiento platónico, adaptándolo a su mundo: espiritual celeste, infinito e inconmensurable, no terrenal. Institucionalizando la violencia temporal para alcanzar lo celestial como mito de verdades inefables, hasta límites inauditos inquisitoriales, sirviéndose de la religión como atajo frente a la racionalidad; compensada con esa visión mística teresiana, para poder sobrellevar la realidad. Con el modernismo renació la razón; y hoy, nos vemos embutidos en un mundo contrario, de lógica materialista y comercial, donde la violencia es un arma visible, legitimada y exportable, como la violencia del a priori kantiano, metafísica occidental del violento progreso. La dialéctica de la ilustración, deslegitimó la violencia etnocéntrica, al comprender, con la hermenéutica, que otra alteralidad constituyente y posiblitante de una pluralidad diferencial de ideas era posible. La escuela de Frankfurt, como cuna de la metafísica occidental moderna, denuncia la violencia del progreso con el olvido del “ser” como humano. Con Nietzsche nace la posmodernidad y la profundidad del pensamiento sincrónico, “El desprecio de la vida en nombre de valores que están siempre más allá del allá”, con la posibilidad humana de negar a Dios, campo de cultivo para el nihilismo, con su sentir violento. Hegel y Marx desentrañando la violencia de los conceptos y la realidad, con su método dialéctico de: concepto, capital y trabajo; entre alienados y enajenados, con las paradojas violentas del valor monetario, aunque no fijan el valor justo, ni el precio de la libertad, dejando un gran orificio para la violencia en su aplicación del comunismo institucionalizado. Otra vez el eterno retorno de la historia, de la violencia en el uso a cualquier precio de “los medios” como justificación para alcanzar “el paraíso final” inalcanzables. Satre plantea y gestiona en “el ser y la nada” la violencia como la contradicción humana en la búsqueda de la libertad, y su negación por la realidad histórica generada. Ve sus resultados y motivaciones, pero no habla de su naturaleza. Freud lo trata individualmente, con la culpabilidad y la conciencia, como emanación natural humana (Es muy interesante la
correspondencia que mantuvo con Einstein: ¿Por qué la guerra?). Los dioses parciales de Hidegger, Dios o la nada. Quizás los nuevos cristianos, con el pensamiento débil del bueno de Vattimo, busquen un continuismo ético y político occidental, compatible con el mundo oriental, acordes con la aldea global en que vivimos; para poder mantener el positivismo estructural actual. Pero estos nuevos pensadores tampoco encaran la naturaleza de la violencia. Vattimo acepta la teología de la iglesia y rechaza su comportamiento ético; quedando la caridad como instrumento compensatorio de su hacer: Ve las contradicciones del aferramiento de la Iglesia a una metafísica tradicional Católica: conflictiva por su negación a escuchar lo que el común de las gentes desea, y su desmedida intromisión constante en normativas contrarias a su metafísica medieval, como: el sacerdocio femenino, la negación natural de la homosexualidad. Proponen una actualización alternativa de una metafísica de la iglesia encarnada, más acorde con el principio de caridad y que reduzcan situaciones de violencia objetiva (kenosis), reafirmando en la caridad, lo que siempre ha sido, y no debió de dejar de ser: El amor al otro, y si no es amor, al menos mantener una visión de iguales.
Todas las éticas siempre han tratado de fijar patrones, “deseos” que eviten la violencia conceptual. Pero tampoco analiza su naturaleza, ni la definen. Hay pocas referencias directas, como dice Jean-Marie Muller: “La no-violencia es extraña a nuestras culturas” y trata de distinguir entre: conflicto, agresividad, lucha, fuerza y la violencia propiamente dicha. Deleuze plantea “El capitalismo es una máquina de guerra suicida”.
El lamentable papel en el que se ha situado a la mujer en el pensamiento filosófico hasta hoy: Es seguro el importante papel que jugó la mujer en el pensamiento filosófico en el pasado (aunque éste no haya sido reconocido) puesto que siempre han sido las madres, las que marcaron la razón y la conducta, de un modo directo, en la educación de los futuros pensadores. Si repasamos las vidas de los principales filósofos que destacaron en la historia, veremos que algunos de ellos eran declarados misóginos y de otros se tiene escasa memoria histórica contrastable de su formación inicial (Hoy sabemos que la educación en la primera etapa de una persona, es vital para su futuro intelectual y de equilibro mental). Es posible que la realidad fuera otra, por ejemplo: en la edad de oro griega destacó Pericles, seguro que Aspasia de Mileto tuvo mucho que ver en las decisiones acertadas que tomó este político. Si Platón, en su concepción de polis ideal, hubiera planteado que a la cabeza de sus repúblicas figuraran filósofas y no filósofos, o al menos en igual número, y esto se hubiera hecho realidad; habríamos evitado muchos siglos de ostracismo, producido por la ligereza con la que los hombres se embarcaban en contiendas bélicas. Por otra parte, la profunda violencia que muchos planteamientos filosóficos arrastran, producida por el género masculino (hombre), se hubiera evitado y la filosofía en muchos casos hubiera estado más cera de la tierra real y el diálogo entre planteamientos diferentes hubiera sido más enriquecedor. El machismo está tan impregnado de violencia que se aprecia en el propio lenguaje filosófico empleado, donde se sigue hablando del “hombre”, “el Ser”, “Dios en masculino”, hasta el “yo” tiene un sonido machista, se evitan los plurales. En español, el propio lenguaje y su gramática están escorada hacia la “o” masculinas. En cualquier caso el mal ya está hecho y toca corregir esta circunstancia.
En Grecia y Roma el conocimiento dio poder, después vino el período donde primó la mitología y éste (el conocimiento) pasó a un plano secundario. A partir del siglo XVIII, el repetido conocimiento volvió a tomar importancia con el desarrollo de la tecnología, poco a poco se apartó la mitología. Hoy vivimos una época, comparativamente con el pasado, de potencialización del conocimiento, a niveles que nunca antes se había llegado; además, la mujer empieza a tener un papel importante en su desarrollo y custodia; esto puede que haga posible que el potencial cognoscitivo del ser humano se multiplique, ya que las mujeres contribuyen (duplicándola) por su implicación, a una mejora en la calidad del conocimiento, al ser su aportación más cooperativa y menos violenta. Ya es hora de que se reconozca y se haga realidad, de una vez, la igualdad entre mujeres y hombres como principio universal reconocido en diversos textos internacionales sobre derechos humanos, entre los que destaca la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1979 y ratificada por España en 1983.
Posicionamiento:
Tengo la sensación de que la violencia, y en especial en la naturaleza humana, no se ha tratado directamente, ni se ha definido, ni como pensamiento intrínseco puro -no político-. Decía Ernst Jünger: “Antes de poder actuar sobre un proceso es preciso haberlo comprendido” y a esto todavía no hemos llegado. No sabemos cómo es la violencia, ni lo qué es. Inicialmente para sobrevivir tenemos la inteligencia emocional, después desarrollamos una inteligencia empujada por los sentidos, al sofisticarnos tecnológicamente, el razonamiento crece e invade la ocupación temporal de nuestra mente. Las interrelaciones entre estos tipos se potencian y solapan, creando y quedando una estructura mental compleja, que se ve influida por el entorno. La cultura es fundamental en esta conformación. Al final, somos muy diferentes pero con aspectos culturales comunes a nuestro medio. Dependemos del lenguaje, y la visión externa de los objetos que nos rodean, los reconocemos desde nuestro “yo” conformado, que es influenciable. La violencia es una faceta de conformación, es un estado interno-externos que globalmente tiene un desajuste de la razón para la supervivencia. Una tara de un estadio anterior.
Realidad y violencia:
La violencia está cada vez más presente en nuestras vidas, se han multiplicado sus resultados negativos, pero no conocemos los mecanismos que lo disparan. La modernidad y la distribución global de la información sin una visión crítica, ha disparado el desarrollo de la violencia, diversificándola, y ampliando las formas de ejercerla. Ahora, como aldea global, con la fuerza y los conocimientos que disponemos, estamos en un momento crítico en el trascurrir temporal. Para sobrevivir y no caer en la autodestrucción, tenemos la obligación de controlar nuestros arrebatos sociales e individuales. Hay estrategias políticas, morales y culturales, pero no un planteamiento claro del pensamiento sobre este tema. ¿Qué es la violencia en el ser humano? Quizás en un tiempo remoto, era un mecanismo mental de supervivencia irracional; pero con la razón, la violencia es gratuita, innecesaria, antifilosófica, y antinatural en el nuevo hombre de Nietzsche. La violencia sobrevive alejada del concepto de lo “bueno”, de “la buena voluntad” Kantiana.
La violencia y el lenguaje:
La violencia tiene diversas caras, pero una primigenia: la emanación en palabras; la violencia humana se instituye en un colectivo social con las palabras como armazón del lenguaje consciente con la posibilidad de poder decir “yo”, como resultado (Como decía Fritz Mauthner), después vendrá la moral instituida, machista ponderador del más fuerte, como sistema social de comportamiento colectivo que asume su propio lenguaje, que se va gestando por aprendizaje individual y común, sobrevalorando el éxito individual y machista, que sustenta el compendio colectivo que forma la cultura. La violencia se esconde entre las palabras, ya Platón sospechaba de las palabras en su concepción real de las ideas (είδoς), como simulacro de ellas. Con las palabras se puede crear un lenguaje violento, que posibilite un discurso violento, creado por el esfuerzo y refuerzo de la fuerza. Contra esto, hace faltas nuevas palabras de otro discurso en un lenguaje desmontador de la violencia y negociador, capaz de desmontar la violencia instituida. Un nuevo juego de palabras envolventes que incluyan la autocrítica, ya que el lenguaje no es aséptico, es una herramienta poderosa y evolutiva. Éticamente se debe buscar la concordia, No ir al discurso antagónico, de palabras similares y opuestas que enfrenten y lleven a una espiral de más violencia (Y tú más); sino un discurso tangencial, compartible, de razones amplias, posibilitante del desmonte de la violencia instituida. Como dijo Heidegger: "El lenguaje es la casa del ser. En la morada que ofrece el lenguaje habita el hombre" Siempre las palabras deben preceder a la praxis. Por otra parte están los silencios que cubren las violencias, más atronadores. Quizás la más profunda violencia se desarrolle en el ser humano, cuando afloran pensamientos negativos, y ni siquiera son compartibles con un lenguaje, hay rencores que son una reminiscencia del lenguaje animal y gutural, el ser humano no debe olvidar el sustrato natural del que venimos, ya que el lenguaje es tan viejo como la conciencia. Del artículo
“Palabra y Silencio”, sobre la violencia en el lenguaje de Vicente Sanfélix Vidarte de la Universidad de Valencia como homenaje a Jorge Vicente Arregui, destaco: La afirmación de Marx: “El lenguaje es la conciencia práctica y un producto social útil para cambiar estados”. La contextualización del poder en roles y estatus, posibilita la dependencia subjetiva, no vinculante, de los tonos en el uso violento del lenguaje. La asimetría de poder entre agresor y agredido es un hecho a constatar, y también la percepción y la abstracción del daño real.
Existe la autoconciencia del “yo” comunicable al “tú” y su generalización pública, en orden: epistemológico, ontológico, ético, político y semántico; basado en la experiencia personal y su almacenamiento histórico-futurístico mental, transferible por un lenguaje prestado, el que se asume y autogenera dinámicamente, en un paisaje lingüístico que rodea al “yo”. La interacción es simbólica y de diferente grado de implicación real: desde positivista generadora de placer, a dañina si se sustenta en una asimetría de poder del inductor violento. El daño violento cercena al “yo” y afecta a su representación simbólica. Pero el lenguaje, por su fuerza, es un arma defensiva y ofensiva, un vehiculo que puede ser violento, con sus limitaciones propias, las planteadas por Ludwing Wittgenstein: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” en su primer libro Tractatus. El lenguaje violento es un vehiculo rico en matices y tonos, desde formas aparentemente inocuas, sutiles, de daños aparente simbólicos pero reales, hasta imprecaciones de llamadas a la acción violenta. Su uso inteligente también puede ser asimétrico como poder simbólico real violento.
Es interesante remarcar en el texto citado de Sanfélix la comparativa que supuestamente hace Borges de la división de los hombres en platónicos o aristotélicos, inferibles a conservadores o liberables, republicanos o democráticos, apolínicos o dionisiacos; donde para los primeros: el lenguaje, universalmente, fuerza la realidad, la violenta; y para los segundos: el lenguaje sólo es responsable de su fluir natural, independiente de sus implicaciones circunstanciales. Para los primeros, la precisión es fundamental si se quiere reutilizar, para permitir la recursividad, guardando silencio ante lo no definido, con una postura logófica de modestia violenta o soberbia (Cualidad más masculina). Para los de la otra postura, los de carácter aristotélico, aunque necesiten la tipificación o categorización, en su propia determinación, pero esta debe ser dinámica, permitiendo también: esclarecer, redefinir, preguntar, acordar, negociar; aunque se introduzca error (Cualidades más femeninas).
En el citado documento analiza los silencios y cómo son:
- Silencios violentos: Impuestos, absoluto, de comunicación unívoca, no por respeto sino sumisión o fuerza (masculina).
- Silencio no-violento: No silencio absoluto, receptivo dialogante, de comunicación bidireccional, hablar y callar también por necesidad.El silencio sólo puede ser relativo, parcial, temporal; somos animales de lenguaje y cultura común (femenino).
Últimas ideas:
Este tema es inagotable, el ser human@, es naturaleza interior con vida exterior, es el reflejo de su conducta, incrustad@ en un paisaje y paisanaje. Modelos que reflejen la violencia de la sociedad hay muchos, por ejemplo Johan Galtung, con su triangulación de modelo violento: visible e invisible: Directa, Cultural y Estructural. Yo opino que la violencia tiene dos vertientes: violencia estática por mantener el estatus (machista), y la violencia dinámica, ejercida para producir los cambio (femenina); y además está el planteamiento, la violencia en lenguaje, con sus propias contradicciones de tener que generalizar lo individual, como lo plantea Wittgenstein en su segundo libro. Y seguimos ante las mismas dudas: ¿Qué es la violencia? ¿Qué lo desencadena y mantiene? La profunda violencia que nos separa por las vivencias recibidas, reflejada en que la ciencia no entra en la filosofía, puesto que está la idea de Dios multiforme rondándola; la idea-dios que produjo su estancamiento hasta la modernidad (por cabezonería de los hombres), Hoy el acercamiento filosofía-ciencia resurge como ave fénix, al dejarse el dogmatismo teológico en el rincón del alma donde debe estar, espacio del Dios personal que ocupa, ya que el alma pertenecen al mundo inteligible de los creyentes, no de los ateos. La filosofía es necesaria para la ciencia, son “copartes” en la búsqueda del todo. La filosofía, en su papel de brújula, podría señalar modelos de unificación de leyes físicas, ante una divergencia de universos finitos o infinitos. Del eterno y divino comienzo y fin. Seamos realistas, la violencia filosófica continuará (Zamora no se ganó en una hora), ahora más controlada, con bajo impacto, sin mitos, de baja intensidad, la que hoy vuelve a ser útil para comprender a la naturaleza, como era la de los filósofos primigenios (Antes que las leyes humanas empezaran a matar filósofos y brujas): Proveyendo de mentes que participen en inventar modelos teóricos creativos. Si lo vemos así, la filosofía es infinita, como π, al que seguimos generándo y no hay forma de acotarlo. “Hola mundo ¿qué hay?” ¡Aquí está resumida toda la filosofía! En el saludo tolerante. Platón y Aristóteles hoy hubieran sido unos buenos físicos teóricos, tratando de interpretar, amigablemente, seguro que por diferentes senderos, el caos cósmico en ideas divergentes, ya que el universo sigue estando ahí, como oximón: “Silencio atronador que no cesa”. Por lo expuesto y la vieja historia mal contada que ha pasado hasta hoy: si aplicamos una lógica epistémica, vemos que los conceptos tienen fecha de caducidad, la realidad no, y el futuro parece abierto, ya que las leyes de la naturaleza no son fundamentales sino ambientales. Mientras haya regeneración en la vida, podrá haber filosofía.