Hoy prima un rechazo visceral a la política, incluso concebida originalmente como estrategia de perseguir el bien común. Porque ya no se sabe qué es el bien común, ha sido sustituido por un bien grupal y personal: puro capitalismo. Se ha perdido la visión de conjunto, o no se hace público por parte de nuestros guías. ¿A dónde vamos con esta tecnología desbocada? Nos educamos sin objetivos comunales: no religión, no familia, no colectivismo, mucho competivismo. El sistema está y no se deja cambiar, nosotros debemos amoldarnos a él, adaptado nuestra limitada parcela-entorno, al mejor acomodo dentro de este mundo tecnológicamente cambiante. La comunicación es visual parcial, con la T.V. como principal medio.
¿Qué nos puede aportar la filosofía para aligerar esta depresión vivencial que tenemos y que algunos vislumbramos en la búsqueda de la libertad que sentimos?
No suele haber nada nuevo bajo el sol, los problemas en general se repiten, los mismos problemas los tuvieron los filósofos griegos (claro que sin tele)… Y. ¿qué dijeron? ¿Qué quedó? - La eterna duda del ser, los límites, juntar y dividir para conceptualizar. El ir y venir. El retorno, o no a los amigos de Ludd. ¿Cómo debe ser esa herramienta que nos ayude en la búsqueda constante de ese nuevo orden: político, jurídico, cultural, convivencial y económico; que todos deseamos? Si es posible, y al que creo que nunca alcanzaremos. ¿Debemos tener un fin estratégico para obtener la felicidad? ¿Unos modelos modulares para estar siempre rompiendo el orden que vamos creando? ¿La revolución permanente para conseguir una libertad razonable? ¿La crítica constante a la tecnología como herramienta del poder? ¿La crítica constante de la intromisión del Estado en lo público? ¿Es posible otro sistema distinto que el par Estado-capital?
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