13.11.10

¿Es posible el arte sin un artista personal?

Trato de exponer la idea que de que también puede existir el arte colectivo anónimo, basándome en una manifestación política que tiene la capacidad de mover el interior humanos más allá de su propia motivaciónpolítica: BiciCrítica.
Todos los últimos jueves de cada mes, en Madrid, se plantea un paseo en bicicleta, manifestación informal que comienza a las 8:30 en la plaza de Cibeles, sin duración ni recorrido definido y que suele terminar en algún punto o local determinado de la ciudad. Los participantes sólo tienen en común las ganas de que mejore y se facilite el uso de las bicicletas como sistema de transporte en Madrid. No tiene una organización que lo respalde, tan sólo una dirección en Internet: http://bicicritica.ourproject.org/web/
Y un foro donde proponen, coordinan finales de marcha, se recomienda recorridos ya que la Bicicrítica (como se llama a este evento) es soberana, plantean ideas relacionadas con el uso de la bicicleta, informan de temas y actuaciones afines. Tiene una estructura anárquica y participativa. Es una organización virtual de ideología múltiple, más sesgada a la izquierda anárquica y joven, con un fin común: potenciar el uso de la bicicleta en Madrid. Nada original, se da en muchas ciudades del mundo con objetivos similares. Pero el tema que pretendo analizar es: una intervención definida que realizan cuando un hecho luctuoso se da, y es: “Dejar como monumento o símbolo reivindicativo: Una bicicleta blanca en el lugar en que muere un ciclista”. En Madrid presencié una acto organizado por la Bicicrítica (colectivo sin personalidad propia, ni jurídica, ni de ningún tipo, quizás virtual), un jueves, en el que una muchacha transportaba en una bicicleta de doble altura, sobre el manillar, una bicicleta blanca, después la bajaban y la encadenaban a una farola próxima a dónde había sido atropellado un ciclista en la Av. Andalucía, información tenéis en
Y detalles del suceso en:

Propuestas:
Las preguntas a pensar son:
1.- ¿Es arte esta intervención?
2.- ¿Sin autor definido pero asumida colectivamente es arte esta intervención?
3.- ¿Se podría tipificar esta intervención como Procomún?
 Ante la Primera cuestión:ARTE
La pregunta de si es arte, repasemos los puntos convergentes y divergentes, pienso que:
Desde luego esto rompe con lo que se venía entendiéndose como arte en la tradición cultural moderna, porque aunque también hay arte en los cementerios antiguos, en imaginaría religiosa como los tradicionales angelotes, en este caso se trata de generar una instalación (bicicleta blanca atada a un poste con recordatorio) generada por performance: “La emotividad colectiva al depositar una bicicleta blanca” como arte comprometido.
Altera el espacio urbano: Casi nadie se muestra indiferente cuando toma conciencia de la propuesta. Se trata de un objeto de la vida cotidiana que invade un espacio urbano: Una bicicleta, introducida en el ámbito sagrado de las emociones y altamente expresiva al ser pintada de blanco, dejando de ser un vehiculo invisible, alterando las expectativas de los transeúntes por un elemento extraño que causa sorpresa e intimida, confiriendo al espectador un profundo sentido de espiritualidad, la que tenemos asumido colectivamente y el sentimiento de respeto y dignidad ante la muerte.
Tiene una estrategia emotiva y fuerte simbología poética para el espectador, llamando a la mirada del viandante, o a la de los vehículos que transitan por la calzada a baja velocidad.
También plantea una ruptura con los límites impuestos por la costumbre: una bicicleta es para trasportar individuos, no para reivindicar muertes injustas. Activa un espacio para planteamientos emotivos sociales con un montaje expositivo con tintes de escenografía teatral que perturba y extraña, conquista un espacio público con su significado común de peligrosidad ante los vehículos pesados de motor en manos irresponsables.
Esta representación tiene una función casi similar independiente de su ubicación, su discurso descansa en el propio objeto, el espectador más que mirar al objeto ve la referencia simbólica del objeto en un paisaje urbano por antonomasia, y como victima o verdugo dialoga con el significado del objeto, evitando el olvido y activando la memoria individual y colectivas pasada y expectativa futuras vivenciales de seguridad y precariedad de la vida. También la posición individual intransferible ante el azar de la muerte inesperada como territorio psicológico personal y colectivo. Si no fuera por la lejanía del aspecto religioso, tendría cierta similitud con la intervención de Boltanski ante la muerte.
Después está su vertiente reivindicativa política, denunciando la violencia en las calles de Madrid por una conducción temeraria, así como la dejadez de los políticos ejecutivos ante la inadecuada planificación urbana, olvidando a la bicicleta, dejándolo como vehículo invisible, olvidando su utilidad a tener en en cuenta en el diseños urbanísticos real, en referencia a: carriles bicis, velocidad limitada a 30 en casos urbanos, educación vial, contaminación atmosférica. Temas encuadrados en la terrible lucha en este siglo de lo publico y lo privado, lo individual contra lo colectivo, aplicado en este caso al transporte y el respeto a los diferentes individuos de una ciudad tan heterogénea como es Madrid, definible como "no lugar". Con sensibilidades políticas tan enfrentadas en la búsqueda del control político, económico y social de este salvaje ciudad.
Ante la Segunda cuestión: AUTOR
Una controversia profunda es la consideración de este hecho como arte, sin creador personal sino de una colectividad virtual. Desde lo que yo conozco, siempre se ha presentado una obra artística con un autor, colectivo o personal, pero siempre identifícale, con nombres y apellidos, con ubicación física y trayectoria artística. Aquí no podemos echar mano a esto, es un acto colectivo, sin lugar determinado, se da en Nueva York, Méjico o Madrid, donde se produzca un hecho lamentable. Se difunde ampliamente y transmite emoción mientras las autoridades, soterradamente, no lo retiren de la vía pública. No se plantea como obra efímera, aunque ello dependa de la sensibilidad institucional y del espacio social ante el hecho acontecido. No se plantea la autoría de esta presentación con significado público, el problema es que no hay un artista detrás de esta obra colectiva, que denuncia sin palabras las dejaciones y manipulaciones políticas, haciéndolas visible. Si el misterio de Elche está considerado patrimonio cultural de la humanidad sin autor conocido, por qué no puede ser considerada también las bicicletas blancas lo mismo. Muchos buenos chistes son textos artísticos y son de autores desconocidos o evolucionados y adaptados, sin perder por ello su valor. ¡Qué falso es etiquetar al arte, como a las miradas, y los actos con trascendencia humana y política! ¡Y hacerlos converger en pensamientos filosóficos!
Ante la Tercera cuestión: PROCOMUN
Primero tendríamos que especificar que se entiende por Procomún. Una primera aproximación la podemos encontrar en: http://es.wikipedia.org/wiki/Bien_comunal, En Madrid se desarrolla como laboratorio en MediaLabPrado: http://medialab-prado.es/laboratorio_del_procomun, creo que esta intervención bicicletera podría en cuadrarse bajo una óptica de estética y política del procomún: http://medialab-prado.es/article/el_procomun_estetico , ante esto me pregunto:
¿El arte y la creatividad son las herramientas consolidadoras del Procomún? ¿Es el arte un arma revolucionaria capaz de generar, a partir de acciones individuales, el incremento del Repertorio común, como cuando una buena simiente cae en terreno fértil (Paisaje y Disposición), permite germinar, ampliando este repertorio?
Me lo replanteo porque:
Todo ser vivo, y los humanos en particular, para poder llegar a adultos, consciente o instintivamente, tenemos una estrategia, que nos permita, siendo seres débiles, ser más astutos; ganar al fuerte y sobrevivir. Sin esos conocimientos o disposiciones, nuestra sociedad humana no hubiera evolucionado, ni estaremos aquí. Por otra parte, existe una dicotomía natural entre lo individual y lo colectivo que conforma el procomún. Relaciones interdependientes: de atracción y repulsa, de odio y amor, de intereses contrapuestos y absorbentes. Invadiéndose competencias. El arte o la creatividad tienen, y se basa, en entornos procomunes. Lo individual tiene un peso considerable (hoy en día más, el capitalismo sublima la creatividad individual) puede participar en el engrane y formación del procomún, pero desde una posición modesta de hormiga.
Por otra parte, la estructuración comunal también tiene una resistencia natural a esta invasión del individualismo y acaba absorbiéndolo. El rigor y el talento individual, no siempre justifican el éxito; una obra de arte tiene que ser aceptada por criterios del imaginario colectivo, valorada económicamente, tasada. Son otros actores los que valoran al arte, con parámetros sociales. Se valora el objeto artístico y por ende, el talento creador. La colectividad permite la existencia de los creadores, para ofrecer otro modo de ver la vida.
Pero hay otro arte, no catalogado, generado sin autor, y al que, generalmente después, cuando es aceptado, se le asignan autorías individuales o colectivas. Los proyectos creativos, en su génesis, suelen ser atribuidos a individuos; cuando la realidad es otra, más compleja; ya que sin un conocimiento común y un paisaje apropiado, nunca se hubieran generado. En nuestra sociedad actual, la creatividad está relegada a lo individual. Por eso, creo que es importante el planteamiento del procomún, como una búsqueda y toma de conciencia de su peso real, a pesar y en contra de los mercados de producción y del arte oficial. Hay que decirlo sin miedo: el procomún es un trabajo político. La cooperación, la solidaridad son valores devaluados en el arte actual, pero fundamental en tiempos pretéritos. Ahora se educa para el existo del talento individual. Al contrario de otros ámbitos, como la gestión y en la organización social; en el arte, el talento común, coordinado y colectivo está desacreditado. El discurso dominante es difundido masivamente, sin valorar su importancia colectiva y su finalidad. Los artistas más comprometidos se ven empujados a tener que llevar una doble vida, una al servicio del público que lo mantiene económicamente y otra a sus convicciones. O tratan de ajustar ambos mundos, obteniendo mediocres resultados, al verse obligados a traicionar, al menos en parte, sus ideales; enredándose en proyectos posibilistas y comerciales, generalmente impuestos, y cuya legitimidad es rechazable. Muchos creadores caen en la resignación y el autoengaño. El artista actual se ve obligado a hacer concesiones a lo que pide el mercado: se mueve, muchas veces, por criterios comerciales, se debe a la de producción masiva o exclusivista. El artista es un sometido, un esclavo del mercado, similar al trabajador asalariado. Su independencia es vendida por cotización, según los vientos y modas que soplan. Por regla general, el mercado rechaza a los artistas comprometidos ideológicamente, o sólo valoras la parte que quisieren ver de él. En las formas, muchos artistas se sienten independientes, pero viven vinculados a los grupos que los mantienen, y su arte acaba condicionado por estos grupos mediáticos a los que deben su sustento. Unos pocos tratan de vivir independientes de toda presión mediática, sólo basándose en su talento, pero son los menos.
No existe el talento individual, todos estamos condicionados, por esto es fundamental sentarse en una mesa a analizar estos hechos, no existe el artista puro; todos, en mayor o menor media, están condicionados. El arte nace condicionado por el repertorio y el paisaje. Para que un creador sea un poco más libre, debe conocer en que entorno se mueve, con qué armas cuenta, cómo funcionan y cuales son sus limitaciones. El artista no es diferente del resto de sus congéneres y sale de ellos. Para conocer sus posibilidades debe saber en qué medida, está al servicio del orden establecido. Cuál es el coste de desligarse de esta sumisión. Hay que escalar dos montañas: el del propio arte, y los condicionantes de lo establecido. Y sin dejar de cuestionarse qué hay detrás; puede que otra montaña. Es un asalto continuo de ochomiles, y en algún momento tocará hacer un anuncio. En el mundo del arte, las tergiversaciones crecen como las setas en otoño lluvioso.
La creación no tiene sexo, no es ni buena ni mala, tampoco es libre, sino valorarble subjetivamente; sólo su uso, lo torna determinístico. Generalmente, el consumismo lo ampara, lo apoya, lo mantiene, encarga las obras. Un artista sólo tiene el arma de buscar su independencia, obligar a que el mercado le persiga, pero esto es arto altruista y dificultoso, aún siendo lo más honesto.
Lo de fijar un camino constante en la búsqueda del arte, es opcional, cada creador tiene su estilo y forma. Profundizar a través de una única senda, suele dar buenos frutos, pero también puede producir desmoralización y frustración.
Cuando una creación es relevante y tiene transcendencia, siempre el procomún acaba absorbiéndolo, incluyéndolo en su repertorio. El arte es político, y el procomún es dinámico y mutable en el tiempo. En el fondo, el arte, siempre será imaginación colectiva.
Esta guerra de intereses sólo se da en el presente y el futuro, el arte pasado es absorbido completamente por el procomún.
Lo complicado en la potenciación del procomún, es establecer unos resortes que permitan ofrecer la mejor contribución de cada uno para el imaginario comunal. Tenemos la ventaja de que no podemos controlar todo, y esto da un margen de maniobras y estrategias infinitas. Creo que la clave del éxito de una sociedad está en que lo público y lo común coincidan; y esto se dará en la concepción del procomún y su reconocimiento.
Por otra parte, todo creador debe replantearse lo aprendido, la cultura; ya que muchas veces, las propias creaciones comercializadas, son los principales instrumentos opresivos que mantiene a la sociedad aletargada (en especial la actual, esta de consumo desaforado de ficciones que nos ha tocado vivir). Nunca un creador debe agarrarse a consejos, lemas, o directrices; sólo a su independencia. Un artista no es un ser excepcional, todo ser libre es excepcional; la medida de su libertad lo capacita para poder ser todos, para parecerse a todos. Hoy, el creador, ya no viven en una burbuja elitista de creación, dependen de otros y del mercado; sólo son algo más duchos en la construcción del imaginario colectivo. En una sociedad como la nuestra, los artistas actuales, ya no sufren la ingerencia política, como en el pasado; ahora las presiones vienen por lo poderes mediáticos, más potentes, y que ya tiene sojuzgados a los políticos formales; muchos artistas no son conscientes de ello o lo aceptan con resignación vergonzante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay obra de arte sin autor conocido?
Reformulo la pregunta: Una obra artística humana depende de la comunicación y de los medios de comunicación utilizados para trasmitir emotividad, y en el proceso evolutivo la autoría no siempre es adjudicable. Veamos por ejemplo un chiste: Puede tener interpretaciones, versiones, adaptaciones antropológicas; y al tener trasmisión oral, no queda definido si es fruto de un individuo o un colectivo dinámico, el autor queda enterrado, y algunos son buenísimos, obras de arte para el que lo recibe. ¿O no?
Más, ahora que con la tecnología y el desarrollo, en un futuro ideal, todos podremos crear y ser concientes de ello. Podría ser que el comunismo utópico se alcanzara cuando nuestra única función en la vida fuese crear, tendiendo a la entropía del arte, formando un procomún, idea contraria al capitalismo que sublima la acción individual (ente ellas la creativa), negando la realidad obvia de que cada individuo sin un conocimiento y paisaje común, nunca llega a producir una obra de arte.