Escribir es un hábito con mediación lingüística, como hablar; un filtrado de las vivencias comunes reflexionadas, una vehiculación del pensamiento. Es una aporía de la vida natural y cotidiana. Propedéutica de la muerte, con algo de veracidad predicativa y existencial, retruécano de realidad y ficción. Autonomía funcional de uno mismo, coma diletante de una vida inverosímil, desgajada de las apariencias, que nos hace perito en recuerdos, sin esperar un futuro cielo.
De qué sirve vivir la vida sólo por el miedo al más allá, si para ello, hacemos de la vida un espacio más injusto. Cada uno que piense lo que quiera, pero yo me arriesgo, y no espero nada, y si después me regalan la vida eterna, será bienvenida; pero no viviré en función de regalitos futuros, es demasiado servil. Tengo soberbia humana, lo sé.
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