6.9.10

humo y más humo

En la urbe se impone los rugidos humeantes de los coches, como signo de un poder industrialmente divino. Seres educados en hábitos de acción evolutiva mutante lo apoyan. Los vehículos del carburante han invadido las ciudades sin apenas notarse, es lo normal. Los débiles no cuentan; los confusos transeúntes despistados, merecen ser aplastados. En nombre de este cáncer-dios se hacen guerras, invaden países, se trafica con el trabajo, se explota a la naturaleza y al propio hombre. ¿Para cuándo un cambio?

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