Volviendo a imaginar el futuro próximo: 15 años pueden ser mucho o casi nada. ¿Cuánto hemos cambiado en los últimos 15 años pasados? Supongo que depende para quién. Para los que vivimos en la cresta de la ola, no parece que el mundo sea muy diferente del de hace 15 años: Ahora tenemos más artefactos, más electrónica en nuestras vidas, más comodidades fáciles, mandos a distancia, televisión en color. Y también más dependencias que se nos han impuesto sin que apenas lo notáramos: más hipotecas, más seguros, más desplazamientos, más horas de trabajo, más reglas, más orden y limpieza, más obligaciones. Pero al final, lo importante del mundo para nosotros, son las personas, y seguimos, casi, con las mismas mentalidades, lenguajes, modos, actitudes e ideas políticas. En eso no hemos cambiado mucho. Para el que llegó en patera, si es otro mundo muy diferente del que vino, seguramente todavía le habrá costado comprender este nuevo mundo tan diferente del de su aldea.
Pero mirando con mis propios ojos, lo más grande que ha ocurrido en estos últimos 15 años pasados, ha sido la inmediatez de la comunicación: los teléfonos móviles, los ordenadores personales, Internet. Y creo que en los próximos 15 años, se seguirá esta misma línea de conexiones múltiples y rápidas, con acceso inmediato a imágenes, a poder conectarse con cualquier persona en el mundo, de poder estar visualmente en cualquier parte; con traductores simultáneos, visiones directas por cámaras, ordenadores que nos recomiendan que hacer, y que nos tendrán totalmente controlados. El curriculum personal no hará falta hacerlo, se podrá tener un resumen, al nivel que se desee, de la vida de cada uno. Pero nuestra capacidad de asimilación no estará preparada para tanto cambio. Como siempre, nuestros hijos lo harán mejor. Como siempre, las instituciones controladas por las personas mayores de altas jerarquías, cargos y derechos adquiridos, serán más reacias a adaptarse a modos que podrían beneficiar a todos, como la participación directa en las tomas de decisiones. Está pendiente, y costará, adecuar los órganos de gobierno a las posibilidades que la tecnología ofrece: a una gobernanza con participación directa de todos, sin tanta representación concentrada en unos pocos ostentotes, quienes hablan en nombre de los demás, y que muchas veces, se aprovechan de su posición de favor. Seguramente en un futuro lejano, el anarquismo será posible.
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