7.7.10

El partido de hoy

Hoy toca futbol. Para cuando se ponga el sol, sabremos si el equipo que representa a España, pasará, o no, a jugar la final del mundial de Sudáfrica contra la selección de Holanda.
El futbol de la alta competición, del que se habla tanto en los medios estos días, y a todas horas; mostrando hasta el aburrimiento, sus detalles más nimios; tiene algo de místico y de épico. Me explico, en este siglo de luces y sombras irradiadas por la tecnología que hemos desarrollado, que posiblemente ha propiciado la perdida de valores eternos para trascender de muchos de nosotros; el espectáculo del futbol, extasía y cubre el vacío dejado. En nuestra infancia este era el juego por excelencia, simple, de grupo, con el que corríamos en los descampados del barrio. Un juego encantador, donde se reflejaba la personalidad gregaria de cada uno de nosotros como seres humanos: Creativo, generoso, apasionante, emotivo y potenciador de la inteligencia colectiva que tan bien nos ha venido a nuestra especie. Como juego de cachorros, no tiene parangón. Es un deporte hermoso del que…los que controlan los medios, conocen el lugar íntimo y calido que ocupa en nuestra alma de niños…Y se aprovechan de ello,…abusando en su puesta mediática, en perjuicio de otros deportes y quehaceres. El futbol como espectáculo, enrarecido por el dinero que mueve, se hunde como una más de las miserias humanas que el sistema comercializa. Algo similar ocurre con el ajedrez, que también tiene sus claros y oscuros, depende mucho del cómo y para qué se juegue. Puede llegar a ser muy duro, muy competitivo, mediático económicamente y obsesivo. Para muchos es el juego más agresivo que hay, por algo lo jugaban los reyes y señores feudales, y no sé si a estos señores les retrasaban el Alzheimer, cosa que a lo mejor no era tan buena.

6.7.10

El futuro próximo

Volviendo a imaginar el futuro próximo: 15 años pueden ser mucho o casi nada. ¿Cuánto hemos cambiado en los últimos 15 años pasados? Supongo que depende para quién. Para los que vivimos en la cresta de la ola, no parece que el mundo sea muy diferente del de hace 15 años: Ahora tenemos más artefactos, más electrónica en nuestras vidas, más comodidades fáciles, mandos a distancia, televisión en color. Y también más dependencias que se nos han impuesto sin que apenas lo notáramos: más hipotecas, más seguros, más desplazamientos, más horas de trabajo, más reglas, más orden y limpieza, más obligaciones. Pero al final, lo importante del mundo para nosotros, son las personas, y seguimos, casi, con las mismas mentalidades, lenguajes, modos, actitudes e ideas políticas. En eso no hemos cambiado mucho. Para el que llegó en patera, si es otro mundo muy diferente del que vino, seguramente todavía le habrá costado comprender este nuevo mundo tan diferente del de su aldea.
Pero mirando con mis propios ojos, lo más grande que ha ocurrido en estos últimos 15 años pasados, ha sido la inmediatez de la comunicación: los teléfonos móviles, los ordenadores personales, Internet. Y creo que en los próximos 15 años, se seguirá esta misma línea de conexiones múltiples y rápidas, con acceso inmediato a imágenes, a poder conectarse con cualquier persona en el mundo, de poder estar visualmente en cualquier parte; con traductores simultáneos, visiones directas por cámaras, ordenadores que nos recomiendan que hacer, y que nos tendrán totalmente controlados. El curriculum personal no hará falta hacerlo, se podrá tener un resumen, al nivel que se desee, de la vida de cada uno. Pero nuestra capacidad de asimilación no estará preparada para tanto cambio. Como siempre, nuestros hijos lo harán mejor. Como siempre, las instituciones controladas por las personas mayores de altas jerarquías, cargos y derechos adquiridos, serán más reacias a adaptarse a modos que podrían beneficiar a todos, como la participación directa en las tomas de decisiones. Está pendiente, y costará, adecuar los órganos de gobierno a las posibilidades que la tecnología ofrece: a una gobernanza con participación directa de todos, sin tanta representación concentrada en unos pocos ostentotes, quienes hablan en nombre de los demás, y que muchas veces, se aprovechan de su posición de favor. Seguramente en un futuro lejano, el anarquismo será posible.