Frase del día: “La inteligencia acepta la duda mística, pero no la manipulación ante la duda” Hoy he empezado con la invención de una frase, seguirán otras muchas, cuando se me ocurran y me venga en gana. Pero volviendo a lo que quiero escribir, se trata de pensar sobre los dos acontecimientos más importantes del día: Uno, la contradicción por el contagio colectivo del mundial de fútbol, y el otro, la huelga de metro, que aunque a mí no me afecta, porque viajo por los Madriles en bici; tiene a todo el mundo dividido, unos a favor y a otros en contra. Para unos son unos héroes sindicales, los únicos que se atreven hacer una huelga como dios manda. Para otros, los que se sienten perjudicados, un despropósito y una prepotencia sindical esta “huelga salvaje”. Para unos, unos valientes, para otros, unos aprovechados de su poder circunstancial por estar en un sector crítico: el transporte; más en estos tiempos modernos, que nos movemos como hormigas en el mes de agosto. Desde luego es un día incómodo pero revelador: días como este, los hombres comparamos nuestro egoísmo y el progreso. Cuando las estructuras perpetuadas se tambalean, resquebrajándose nuestros comportamientos, principios éticos y derechos. Cuando el poder se tambalea y generalmente otros entes aprovechados lo asumen. En este mundo de lágrimas e intereses económicos globalizados. Mundo tendiente a concentrar el capital y a distribuir el dolor. En el que vamos sobreviviendo agarrados a alguna tabla de dioses en los campos de fútbol. Ahora que el imperio no tiene cabezas visibles, donde se permite opinar de todo, menos el libre comercio de capitales, donde los bancos son los nuevos templos. Ahora que somos una sociedad donde el dios dinero sobresale más que ningún otro y va tomando formas concentradas y abstractas de bonos, acciones y valores. Ahora que el capitalismo representa el progreso, y es el consumo el bien perseguido por toda la humanidad. Vivimos sensibles a elementos próximos al poder, donde las cosas más comunes tienen un valor monetario y son mercancías útiles de revalorizar. Somos una sociedad de intercambiadores de mercancías, buscando la abundancia. Donde el progreso genera más concentración de capital en menos manos. Ahora que han fracasados y muertos los viejos utópicos modelos: socialismo, comunismo, anarquismo; aquellas viejas locuras que despreciaban al becerro de oro.¡En qué nos hemos quedado! ¡Dónde se reflejar ahora el ser humano! Si es comerciable, ahora todo vale. El individuo busca ser mercancía valiosa. ¡Él quiere ser un nuevo dios! Produce cosas, consume, desecha, vuelve a producir para concentrar más capital. Recuperando en cada transacción fortaleza económica, poder financiero, haciendo crecer al templo bancario, engordando al becerro de oro. Así, falsa ilusión, se siente más grandes, más seguro. Antes el hombre sólo tenía cuatro cosas útiles que le ayudaban a llevar la vida. Ahora el hombre moderno, convertido en su propio dios, debe ser empresario con afán expansionista, debe encontrar valor añadido en las cosas para comerciar con ellas. Las cosas sólo valen, si son útiles para ser comercializadas. La mística cristiana también ha evolucionado: ha pasado de vender el cielo, ese otro mundo de espíritus puros, desechando las cosas terrenales; a la búsqueda material para satisfacer los sentidos. Antes al pueblo burdo se le impedía pensar, se le obligaba a trabajar sin descanso, en esclavitud, mostrándole la zanahoria del cielo. Ahora se le crean necesidades ficticias, y debe trabajar para consumir, buscando que vender. Vivimos inmersos en una espiral de infinito consumo, sin mirar sus consecuencias a largo plazo. El aburrimiento no es tolerado, es para seniles, se ha proletarizado el tiempo libre, se mercantiliza el ocio, reglado, enmascarado y falseado. ¿Hacia dónde vamos con estos valores? Otra frase que podré guardármela en mi banco particular: “El lapso que hay entre memoria e inmediatez es lo que se puede capturar y plasmar en conocimiento y arte”
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