Me gusta este título para una historia, me hace pensar que somos pasajeros de la vida, obviamente vivimos entre el nacimiento y la muerte, con varios abriles de por medio-si la vida no se corta- ¡Hay que aprovecharlos! ¿Y quiénes son los culpables de que se escape este mes apetecible de abril primaveral y lluvioso?
Somos nosotros mismos, o nuestras circunstancias, que desgraciada o agraciadamente tenemos que asumir. ¿Quién me roba cada mes? Hagamos un balance, en horas diarias:
El sueño: seis, siete u ocho.
La comida y su preparación: dos…tres o cuatro.
Limpiezas personales y hogareñas, amén de arreglitos y componendas, otra vez las mismas horas: dos…tres o cuatro.
Trabajo para el sustento: Estas siempre son entre siete u ocho, la jornada diaria…y me puedo dar con un canto en los dientes por tenerlo.
Trasporte al trabajo: una, dos o tres horas. (Realmente hay pocas personas que trabajen en casa o a cinco minutos)
Total, por ahora, y dependiendo de las circunstancias personales de cada hijo de vecino, van entre diecinueve o veintisiete horas diarias (en este último caso, el más desfavorable, me paso de las veinticuatro horas disponibles que tiene el día, estaría en el colectivo de jornada patera, por lo de sobreexplotación de emigrantes)
Resumiendo: Quedan pocas horas libres, y si añadimos los telediarios, el relax de estar tirado en el sofá, lo que vamos al baño e imprevistos diversos; sólo nos queda los días de libranza: sábados, domingos y vacaciones. Claro que sería diferente si las vacaciones las cogiésemos en este mes, pero ya no sería un mes robado, sino disfrutado. Obviamente sólo para los que tenemos la suerte de tener trabajo con mes de vacaciones -aunque sólo sea uno para uso y disfrute- ¡Hala, a conformarse con los que nos ha tocado vivir! Pero…pensándolo bien…abril sería un buen mes para no trabajar, sin aglomeraciones, ni calores y empezando la primavera; lo malo es que los cursos académicos no lo tienen en cuenta.
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