8.3.10

Otra historia de amor.

Se empieza por una mirada y unas tontas palabras en frases hechas se asoman como un suave beso. Siguen las esperas, los silencios. Las largas noches solitarias.
Las blancas hojas de una historia no contada, no escrita, abortada...Y llegan las palabras. Palabras de amor, de encuentros, de olvidos, de desencuentros, de pactos, de odios, de guerras, de armisticio, de otra vez paz. y vuelta a empezar.
A miles, a cientos de miles, a millones, a más que millones, más que infinitas.
Palabras mezcladas, entrelazadas, unidas, separadas, atiborradas.
Pequeñitas, largas, retorcidas, simples, llanas, precisas, sutiles, ambiguas, oscuras.
Palabras con sentido, sin él, acompañadas, solitarias, perdidas y después encontradas.
Palabras que, brotan, saltan, fluyen, tropiezan, se desparraman, inundan.
Unas se pelean por ser las primeras, otras no quieren salir, se agarran a las farolas, y a los árboles, y a las cosas sin sentido. Otras corren más que el viento y no dicen nada.
Muchas se me atragantan, blasfeman, insultan. Aparecen y desaparecen.
En definitiva; hacen lo que les viene en gana. ¡Ahí están! Acompañándome, habitándome. Si ellas, no sería yo, ni nadie, ni nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A veces me parecen tan frágiles como el ala de una mariposa. Apenas puedes tocarlas con la yema de un dedo y se te deshacen convirtiéndose en polvo. Cuando son de esa manera ya no son palabras. Se convierten más bien en susurros del corazón que sólo sirven para hacerte soñar en la soledad más amada, en esa que nunca compartirías. Y en esa soledad posees tu gran secreto y es como ser el guardián del cáliz.