Esta historia no terminará de manera clara, y sé que Dios piensa que así no marchan las cosas. Que no iba bien, era notorio, y eso que había mucha gente meditando en el tema, pero sin llegar a conclusión alguna.
Cuando todo empezó, no estaba claro lo que sucedería. Mariano, antes de sentarse, comenzó a buscar en su bolsillo el recordatorio de los temas pendientes, no lo encontraba: Su mente se perdía por otros vericuetos que él no controlaba. Estaba el tema del chocolate, obsesivo en su afloración, que le llevó al siguiente pensamiento: “Me han regalado una flor artificial en una tienda de bisutería, en Sol. ¡Cosa grande! Aunque no tenga mucho que ver con el tema ese del chocolate… ¡Qué rico que está!…Y como me gusta”. Antes, en el bolsillo tenía una moneda, como de plata, pero la confusión en su cabeza enturbiaba su razonamiento. Era una cosa grande lo que tenía que recordar, pero su mente decía: “¡Y mira que hay cosas! Y yo pensando en el chocolate caliente. ¡Me importaba bien poco! Lo importante, lo únicamente importante, es disfrutar del momento de la escritura… Ese único instante mágico que todo lo cubre…Y dejar de pensar en el chocolate; sino, me acabaré poniendo como una foca” -Vuelta a empezar con el mismo pensamiento, no tenía claro qué sucedería- “¡Mira que hay formas de perder la cartera, pero perderla así...! Un café y una espera de pie, y a los servicios, a ver si me alivio un poco. Mirando al alicatado, encima del meadero. ¡Qué difícil entender la elección de una frase, sin repetirme y llegar a una conclusiva frase. El chocolate. ¡Qué rico está y como me gusta!...Y dejar de pensar en él, que me estoy poniendo como una foca chocolateada –Su conciencia habla:- “Hoy en el bolsillo tenía una moneda de plata, la moneda no tenía cara ni brillo…Pero, ¡que raro! Antes tenía solo un doblón doblado… Otra vez me repito, tras tropezar por novena vez con la misma piedra” Mariano regresa a la mesa de la cafetería, y se da cuenta que así no, que no va bien, se sienta y lee en la hoja: “El chocolate, que rico esta y como me gusta,”-Piensa: foca chocolateada- “con café y anís”. Alza los ojos y mediata: “Podría tratarse también de una foca azul… Un café… Y una espera. ¡Qué difícil entender la elección de una frase! Si la llamo foca, ¿será una foca simple o será una foca chocolateada? Pero, ¡Qué raro! Antes solo tenía en el bolsillo un doblón doblado dentro de la cartera de color de plata… Sigo pensando que cuando todo empezó, no tenía claro qué sucedería” –Analiza: -“Mi cartera, ¿la robó otra foca azul celeste? Así que vuelvo a tropezar por undécima vez con el chocolate- ¡Qué rico que está y como me gusta!”-Mariano se revuelve en su asiento, y comienza a buscar en su bolsillo. Sigue sin encontrar la moneda, y sigue con la mente oscura:-“El de la foca...por favor, un poco de por favor…Foca con azúcar moreno. ¡Mira que hay formas de perder la cabeza y la cartera, pero perderla así!... sin que te la robe una foca azul ni nada”- Seguía sin tener claro qué sucedía- “Focas en su salsa…Perdí la cartera viajando en el bus, se me cayó por la ventana”-Pensó que tras tropezar por duodécima vez con la misma piedra, así no, así no iba bien el cuento, entonces llegó a la siguiente conclusión: “Dulce o salada... ¿Cómo será la moneda?... Pero, ¡que raro! Antes solo tenía un doblón doblado de añil chapado”-lo había encontrado en su bolsillo junto a su virginidad, en la noche de todos los Santos, y ahora no está. Se había perdido. Hacia tiempo que la andaba buscando. Otra vez la mente:-“No quiero oír nada de focas,…Aquí estamos hablando de carteras”. ¡Mira que hay formas de perder la cartera, pero perderla así!... ¡Transformada o trasmutada en el bolsillo por un bono bus! ¿Qué clase de moneda había en la cartera esa? ¿Era realmente una moneda?-Mariano recordó haberla girado, y haber visto un holograma, con la imagen de una foca, en la moneda de plata, sin cara ni brillo, sin valor real, sigue su mente imaginando:- ¡Y llegó la temida foca amarilla!.. ¿La foca la tiró por la ventana?- Que había confusión en su cabeza, era cierto, se repite:- “Llegó la temida foca común amarilla... -Pero le importaba bien poco; así, en sus sentir, se arrimó a la foca para poder charlar mejor con ella. Al cabo de un rato, llegó a la conclusión:(tras tropezar con la trigésimo décima piedra)- “Un café y una espera no valen esta historia, que difícil entender la elección de una frase: “Le debo pedir a la foca lo que necesito: mi bonobús, y mi cartera….Y si no, ¡a trompazos con la foca! Mira que hay formas de perder los colmillos, pero la pobre foca no tiene la culpa. Por una moneda que heredé de mi bisabuela…Perder los colmillos así...Por cierto, habrá que presentar una denuncia en comisaría por la perdida de la cartera…Claro que la policía no hará nada. No hay ninguna pista. Daré por perdida mi cartera para siempre… ¡Un café y una espera! ¡Qué difícil entender la elección de una frase!...Le pido lo que necesito: un bono, una foca, una cartera…Por la asquerosa y forzosa necesidad, iba a comprarme otro abono, pero... encontré uno tirado en el portal de mi casa” -Mariano mira otra vez por la ventana, y de nuevo comienza a buscar en sus bolsillos a la cartera perdida, no la encontraba, y volvío a la misma conclusión (Tras darle un beso a la foca)- “¿Pero?, ¡Qué raro!... Antes solo tenía un doblón doblado de añil chapado.” -y vuelta a pensar en Dios:-“Te lo pido, lo necesito: mi bono, mi foca y mi cartera”-al mirar en el bolsillo superior de su chaqueta encontró el ansiado bono bus, y mentalmente exclamó:- “Cariño, hacía mucho tiempo que te andaba buscando…No estabas en mi vieja cartera…Pero, ¡Cómo! ¡Eres otro! ¡Con otra cara, no es la mía! ¡Ni mi nombre!” –Recordaba que la cartera estaba hecha de piel de foca, Con la mente confusa pensó:- “¡Está claro que se trata de un bono bus trasmutado!”-Y de nuevo, volvió a presentarse cortésmente a la amigable foca amarilla. Después, sintió que la foca amarilla le importaba más bien poco; así que, ni corto ni perezoso, se arrimó a la guapísima morsa. Deseaba cambiar de compañía, para poder charlar sobre el texto pendiente con una belleza que le inspirara, dándole otra orientación a la obra. Pero sin querer, su mente se volvió agresiva:- “¡Dios, te pido lo que necesito!..Mi bono, mi foca, ¡mi cartera! ¡Te exijo que me lo des, de una vez! ¡No quiero estos sustitutos! – Después, Mariano se sobreponía, y pensaba que la bisabuela se estaría revolviendo en su tumba si no aparecía la moneda, se enfadaría muchísimo.
Mirándola de perfil, pensaba que definitivamente los colmillos de la morsa eran mágicos. La foca ahora podía volar y desaparecer en otra historia. De nuevo Mariano se ensoñó con las pestañas de la morsa, pero el recuerdo de su cartera no le dejaba tranquilo… Decisivamente tenía que dejar el negocio de blanqueo de divisas...Era consciente de que la foca, y la moneda, tenían una vieja historia sin concluir. Después de cerrar los ojos con fuerza y concentrarse lo necesario, apareció el pingüino. Ya lo había hecho muchas veces, este mal bicho era un inoportuno. Este recién llegado, se arrimó a la morsa para pedirla en matrimonio. Y Mariano, cabizbajo, pensaba :-“¡Qué tipazo que tiene la morsa!..Y pensar que este desgarbado pingüino, anda detrás de ella…¡Me adelantaré, besaré a la morsa buenorra! -Mientras él sentía este sentimiento amoroso tan profundo, veía que la aduladora foca amarilla, se deslizaba con gesto amigable por el terrible terraplén hacia la morsa. Ya eras más de tres con el mismo objetivo. Los celos afloraban en su mente, y un nuevo sentimiento confuso sobrevolaba sobre su cabeza. No podía seguir más en la espera; todos los animales se le adelantaban…Algo tenía que hacer…Pero, irresistiblemente, los colmillos de la morsa eran mágicos. Notó que la foca podía volar y volar, gracias a ellos, a la fuerza antigravitatorio de esos colmillos- “¡Suertudo pingüino!..¡Y tener que dejar el negocio móvil del blanqueo de divisas!, por la intromisión de este pingüino” –A ojos de Mariano, el dialogo entre el pingüino y la morsa continuaba, haciéndole mucho daño, y encima (tanto física, como literariamente) la foca volando, acechaba como un ave carroñera. Él, sin poder remediarlo, rencorosamente miraba hacia el cielo, rumia y pedía:- “Te lo pido, lo preciso, quiero la foca imaginada en otro sitio, y dale largas al pingüino. Te exijo que me des este deseo de una vez, lo necesito…-de nuevo, para poder soportar la angustia, recurrió a otro pensamiento-: ¿Qué clase de moneda era esa? ¿Era realmente una moneda? -la observó sobre la mesa, lejos de donde estaban arrullándose el pingüino y la morsa; la cogió, la giró y vio que tenía un holograma con la imagen de la foca por momentos, justo cuando esa asquerosa foca se cruzaba, volando, por el espacio superior de la moneda. Tras un momento de estupor, se dio cuenta de la verdad: de que no había perdido la moneda, ahora recordaba que se la había cambiado a un compañero de clase por un polvo blanco,el mismo que ahora llevaba en su cartera. Otra vez su mente se revolvía:- “¡Qué tipazo que tiene la morsa, Y parece entender mis preocupaciones existenciales… ¡Qué envidia me da este pingüino!…Quisiera estar en su lugar y… ¡Besarla!...Y entregarle mi anillo de compromiso”- A ojos de Mariano, la foca y la moneda tenían una vieja historia de amor por culpa de la morsa de la que el pingüino se aprovechaba. Y los “Ecologistas en Acción” deberían hacer algo al respecto... de una vez. El pingüino se estaba pasado, arrimándose con descaro a la morsa, con gran ínfula, como para pedirla en matrimonio. Pero no encontraba el anillo…Menos mal que el anillo lo tenía él, Mariano. En la mesa lateral había algo de polvo o azúcar junto a una taza vacía. Mariano reflexionó:-“No sé yo, pero esto degenera”- Miró al techo de nuevo, e insistió con su plegaria:- “Te lo pido, lo necesito, quiero mi foca imaginaria volando fuera de aquí, y al pingüino muerto, descuartizado, espachurrado… ¡Concédeme esta plegaria! ¡Lo deseo con toda mi alma! Te pagaré en la forma que desees: en polvo blanco, o con la moneda antigua que llevo en mi cartera”-Se levantó, comenzó a buscar en su chaqueta la cartera para sacar la preciada moneda, no la encontraba…Y la terrible foca morada seguía volando, jugando a volar, cayendo por un terraplén de humo, deslizándose elegantemente hacía la mujer-morsa, mientras el pingüino pomposo, continuaba con su animada charla con la maravillosa morsa.
A tenor de los hechos, Mariano, se dio cuenta que definitivamente tenía que dejar de guardar las cosas en los bolsillos; ya que al final, acababan todas revueltas. Y después, nunca era capaz de encontrar nada. Por otra parte, desbarraba al hablar de focas, pingüinos y morsas imaginarios... y que encima vuelan. Sabía que eran seres complejos… Pero no podía evitarlo. Mariano volvió a mirar a la lámpara del techo y farfulló:- “Te pido una vez más, lo necesito, quiero fuera al pingüino y a la foca imaginaria, sácalos. No los soporto, te daré lo que quieras a cambio... ¿Cómo quieres que te pague, en polvo blanco o con mi moneda pirata que guardo en la cartera?”
–Después ocurrió el terrible golpe, todo por salir corriendo, al querer atizar por detrás, con el periódico, a la foca voladora. Tropezó y se dejó clavado en el mostrador de piedra, los pocos dientes que le quedaban. Se dio cuenta que así la historia no iba bien. El ir desbarrando con sus personajes, le estaba perjudicando terriblemente. Después, tropieza de nuevo con una silla. De nuevo, los pocos dientes que le quedaban, le vuelven a doler por la vibración que le produce en la cabeza. Siente que así no, que la historia no acabará bien, a pesar de ser consciente de que la foca y la moneda tenían una vieja historia de amor por culpa de la morsa. A partir del golpe, Mariano no supo cómo resolver el futuro de sus personajes, se Preguntaba convulsivamente: “¿La morsa, la foca, el pingüino?” -Definitivamente, tenía que dejar de guardar tantas cosas animadas en los bolsillos, ya que al final, acababan todos juntos, y después nunca era capaz de encontrar nada para su corazón.
(Suena el despertador)
Cuando despertó Mariano, no reconoció la habitación en la que se encontraba. Tenía la sensación de que, si todo iba bien, podría alcanzar su objetivo mutante: Dios mío... la foca o morsa o lo que fuese... ¡había mutado! Y Obama debería hacer algo, de una vez, para legalizar el matrimonio animal. Recordaba, levemente, que en sus sueños, se había arrimado a la morsa para pedirla en matrimonio, y recordaba haber comenzando su petición por decirle:- “Si es que yo soy un friki aeronáutico foca, no tengo remedio, no puedo evitar pensar esto”- Más tarde, intentó volver a encontrar el recuerdo de su sueño…Pero una foca voladora no es fácil de asumir, no se encuentra en cualquier lugar. De nuevo volvió a ver nítidamente la llegada de la amigable foca, esta vez, al otro lado del cristal, ahora de color morado, más por el esfuerzo de volar, que por su color natural. La foca iba cayendo por un terraplén deslizante de nubes, acompañada den su mujer-pingüino; la morsa les seguía de cerca, con una mirada obscena. La mujer-pingüino, tras tropezar por novena mil vez, se dio cuenta que así no podía seguir, aquello no estaba bien, los celos le mordían. Intentó volver a encontrar la mirada limpia de la foca, pero no era cierto, había nerviosismo en su piquito. Conocía el número de teléfono de la rastrera morsa, la llamaría y la pondría a caldo por pretender quitarle a su foquita. No es que el pingüino fuese supersticioso ni nada de eso, pero sin saber cómo, le había cogido cariño a su maridito foca. A través de la ventana, al otro lado del cristal, la foca parecía un pedazo de metal volador. Y el pobre pingüino ya tenía demasiados empastes férreos en su dentadura; tampoco podía pagarse un dentista como dios manda, así que decidió usar su poder de reversión temporal pingüinera, habló así, las palabras mágicas: “Te pido lo que necesito, quiero mi forma compleja de pingüino, o mi otra alternativa de friki-lab. ¡Imagínatela y dármela! -En ese instante fue cuando aconteció que Mariano, disfrazado de morsa le dijo a Obama que iba de foca, que en realidad era Hilari, y siguió con estas palabras: “He perdido tu número de teléfono, te he llamado por la centralita, la clave para identificarme eran tras tonos, la foca-Obama dijo: “Es la primera vez que hago esto” -pero no era cierto, no era ni la primera, ni la última vez y continuo:- “No me des demasiada importancia, tengo la sensación de que, si todo va bien, podremos alcanzar nuestros objetivos. El cielo retumbó, Dios habló a través del teléfono, al otro lado del aparato se oyó una voz terrible que decía: “¿El del matrimonio animal?... ¡Márchate con tus risas!”
El móvil de Mariano (ahora los hacen impermeables, para morsas) cayó al suelo, y la morsa disfrazada de Mariano detrás, tropezando y dejándose los dientes clavados en el teléfono. En ese instante pensó que no tenía claro qué clase de animales eran estos. ¿Era él realmente una morsa? Giró la moneda, y vio que tenía un holograma reflejado en la ventana, la imagen de una foca-morsa. No es que él fuese supersticioso (y de hecho le daba vergüenza admitirlo) pero sin saber cómo, le había cogido cariño a ese pedazo de plástico que llamaban teléfono. Grito: “Madre mía.”-los dientes los tenía destrozados y el teléfono roto.
En estas historias marinas, estando Mariano dentro del acuario gigante, y con exceso de oxigeno en los pulmones; la distancias se confunden, las focas y las morsas no se diferencian mucho bajo el agua. En esta inmersión, tenía la sensación de que, si todo iba bien, podría alcanzar su objetivo y demostrar, a los alumnos que venían con él de excursión, de que las focas son mamíferos palmípedos que habitan en las gélidas aguas de los costas árticas y antárticas. Y por lo visto, también en algunas ensoñaciones, en la cafetería de las universidades, a ciertas horas de modorra.
¿Sí? –Preguntó una foca acercándose, no era la primera vez que la oía, y no dio demasiada importancia a este palmípedo, el animal giró, gracias y a su manos-aletas. La foca tenía otras intenciones no sexuales, no quiso ayudar a conservar su nuevo empaste… así que con ayuda de su cola, decidió arrancarle todos los dientes que le quedaban al pobre Mariano de cuajo, dándole un coletazo en la cara.
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