18.2.10

El mensaje

Se habrán escrito cientos de páginas en la red con la misma pregunta: ¿Potencia o limita la comunicación la red de Internet?
Vivimos aislados, conectados por pantallas, conectadas por cables reales o ficticios. Aislados de los demás por alambres de púas y paredes insonoras que no quitan vida. ¿Por qué cuando nos conectamos no sétimos a personas, sino sombras tras la pantalla? Es un sentimiento no asumido, de frustración consentida, que tenemos que pagar por el paso del mundo real al virtual, producido por la dificultad de adaptación a un nuevo medio.
Perdemos, ni siquiera mejoramos las relaciones con las personas que queremos, ahora somos más atrevidos en el lenguaje, podemos ser groseros virtuales, ignorantes del la comunicación personal. Y las relaciones sociales, que antes estaban establecidas por protocolos de comportamiento; ahora no se dan, pertenecemos a una comunidad de fantasmas virtudes que se relacionan tecleando. Gastando esfuerzo en lanzar bocanadas de aire al mar, esperando que el mar nos responda con un suspiro.
El saludo ya no tiene ni cara ni contacto. Casi todos en la red figuran con nombres falsos. Y sientes que te pueden estar viendo miles de ojos o nadie. No lo sabes, escribes para el espacio, como esos mensajes ridículos que se entierran al poner la primera piedra de una gran obra. Esperando que el futuro lo valore, sin saber realmente si habrá futuro.
Todavía articulamos ideas con caracteres, usamos palabras tecleadas, que vienen de un lenguaje humano que se va perdiendo. Ahora, en ciertos círculos, abundan los signos visuales e imágenes consensuadas que representan ideas y sentimientos, van modificando nuestro lenguaje.
El mensaje casi no existe, se habla con obviedades y falsas mentiras, que no son ni verdades ni nada, ni chicha ni limonada. Todo vale. Ya no se dan las cartas a la vieja usanza. La mayoría de los mensajes desechan los problemas, está mal visto hablar de cosas concretas y reales. El individualismo es el nuevo dios, nada hay detrás de tanta palabra, ni se esconde ni se muestras. El mensaje es programado: “Hola mundo” como signo de comunicación.
Se esta perdiendo, poco a poco, la relación que tienen las palabras con los objetos que lo definían. Las palabras: “amor”, “cariño”, en la red, ya no muestrean el sentimiento que implicaban. Y las amistades ya no son lo que fueron, antes alimentadas y fortalecidas por la proximidad y el contacto. En la red nadie tiene ojos, ni labios, ni pelo, ni rostro, ni risa, ni tacto.
El amor es virtual, el sexo virtual, la muerte también virtual. ¿Y lo virtual que es? ¿Una sombra? ¿Un halo que se va diluyendo en la nada? Como esos mensajes enviados a otros mundos, que ni siquiera sabremos si lo comprenderían.

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