23.2.10

Pedalear bajo la lluvia


Pedalear con lluvia tiene su encanto, hay que tener cuidado con los patinazos, pero yendo con cuidado es divertido. No se pasa frío, el aire suele estar más limpio, y contrariamente a lo que piensan muchos conductores enlatados en sus vehículos humeantes, llamados coches; los que circulamos en bici en estos días de lluvia por la ciudad, tenemos una sensación de libertad maravillosa: de estar en contacto con la naturaleza que también se prodiga en Madrid, con el agua y el viento en la cara. Hay que disfrutarlo; así será también este jueves, cuando a las ocho de la tarde, partamos desde Cibeles los que vamos a la Bicicrítica. ¡Pedalearemos bajo la lluvia!

22.2.10

Desobediencia militar

El actual sistema de funcionamiento de los gobiernos nacionales que mantienen y toleran una economía especulativa de escenarios virtuales de guerras, reales o ficticias; con más de 3.000 millones de dólares en gastos militares diarios en previsión de ataques, a la vez que mueren 60.000 personas de hambre cada día en el mundo. Y siendo concientes de la actual aldea global de comunicaciones en que estamos integrados todos los humanos. Es motivo, más que suficiente, para plantearse la desobediencia civil, como mecanismo de lucha. Por ello, creo que debemos preguntar a los candidatos políticos cuando se presenta: ¿Qué harán con los gastos militares si son elegidos dirigentes? ¿Propiciarán o no su reducción? Porque por su propia naturaleza, estos gastos, tienden a ser siempre fondos sin final, Y obviamente a través del pago de nuestros impuestos, la de los ciudadanos. Por ello, nosotros, si no tenemos esta consideración en cuenta, directamente con nuestro voto, estamos sosteniendo a organizaciones y castas de profesionales del armamentismo internacional.

18.2.10

El mensaje

Se habrán escrito cientos de páginas en la red con la misma pregunta: ¿Potencia o limita la comunicación la red de Internet?
Vivimos aislados, conectados por pantallas, conectadas por cables reales o ficticios. Aislados de los demás por alambres de púas y paredes insonoras que no quitan vida. ¿Por qué cuando nos conectamos no sétimos a personas, sino sombras tras la pantalla? Es un sentimiento no asumido, de frustración consentida, que tenemos que pagar por el paso del mundo real al virtual, producido por la dificultad de adaptación a un nuevo medio.
Perdemos, ni siquiera mejoramos las relaciones con las personas que queremos, ahora somos más atrevidos en el lenguaje, podemos ser groseros virtuales, ignorantes del la comunicación personal. Y las relaciones sociales, que antes estaban establecidas por protocolos de comportamiento; ahora no se dan, pertenecemos a una comunidad de fantasmas virtudes que se relacionan tecleando. Gastando esfuerzo en lanzar bocanadas de aire al mar, esperando que el mar nos responda con un suspiro.
El saludo ya no tiene ni cara ni contacto. Casi todos en la red figuran con nombres falsos. Y sientes que te pueden estar viendo miles de ojos o nadie. No lo sabes, escribes para el espacio, como esos mensajes ridículos que se entierran al poner la primera piedra de una gran obra. Esperando que el futuro lo valore, sin saber realmente si habrá futuro.
Todavía articulamos ideas con caracteres, usamos palabras tecleadas, que vienen de un lenguaje humano que se va perdiendo. Ahora, en ciertos círculos, abundan los signos visuales e imágenes consensuadas que representan ideas y sentimientos, van modificando nuestro lenguaje.
El mensaje casi no existe, se habla con obviedades y falsas mentiras, que no son ni verdades ni nada, ni chicha ni limonada. Todo vale. Ya no se dan las cartas a la vieja usanza. La mayoría de los mensajes desechan los problemas, está mal visto hablar de cosas concretas y reales. El individualismo es el nuevo dios, nada hay detrás de tanta palabra, ni se esconde ni se muestras. El mensaje es programado: “Hola mundo” como signo de comunicación.
Se esta perdiendo, poco a poco, la relación que tienen las palabras con los objetos que lo definían. Las palabras: “amor”, “cariño”, en la red, ya no muestrean el sentimiento que implicaban. Y las amistades ya no son lo que fueron, antes alimentadas y fortalecidas por la proximidad y el contacto. En la red nadie tiene ojos, ni labios, ni pelo, ni rostro, ni risa, ni tacto.
El amor es virtual, el sexo virtual, la muerte también virtual. ¿Y lo virtual que es? ¿Una sombra? ¿Un halo que se va diluyendo en la nada? Como esos mensajes enviados a otros mundos, que ni siquiera sabremos si lo comprenderían.

16.2.10

Replanteo

En medio del mensaje me replanteo: ¿Amor al trabajo? ¿Trabajo al amor?
Somos personajes en rediles, comerciando con nuestro esfuerzo y tiempo, por dinero.
¿Y el hombre, el ser humano, dónde está?
¿Y el peculio, ese globo sonda que todo lo mide, asentado en la producción y en su paisaje, da miedo?... ¿Dónde arrima el hombro el capital?...¿Dónde deja caer sus garras?...todo lo arrasa.
¿Qué nos empuja a obrar, a gastar, a desear? ¿A pasar la vida trabajando? -Acumulando riquezas y pobrezas- Después, en épocas de bonanza, el capital rebaja las hecatombes a males menores y daños colaterales, enviando mensajes cruzados, con falsas realidades, diseñadas a gusto de los mejores postores. Obramos como banqueros con cuerpos pequeños, agazapados, escondidos en las letras pequeñas de los contratos. Los grandes, saltan a las cumbres de las intenciones: Todo lo emborronan, lo confunden, lo enmascaran... para nada, para seguir girando la rueda de la fortuna y que no pase nada.

15.2.10

Para ti

Ojalá renazcas siempre de ti misma, tal como eres. Aunque parezca que no te quiera, seguiré pensando en ti, seguirás en mí. Aunque perdiera mis ideas, la esperanza; seguirías en mí, como la primera vez que te vi en primavera…transitando por caminos de vida, lejos de la semántica de ambiciosas palabras que aguardan bajo las piedras y los cielos. Esquiva entre el verde y el azul, siempre esperando un avance de la vida.
Otros cosas ocuparán mi mente y mi vida: actos, placeres, alegrías, tristezas, pero… ¿Cómo mover el espacio que tú ocupas? Si eres, aliento fresco del sur, aroma que siempre perdura. Y aunque la existencia nos lleve por diferentes caminos, y el tiempo pierda estas últimas palabras, seguiré escribiendo por y para ti; tú, un valor bueno que me encontré cuando andaba perdido. Ya nunca mis voces serán libres, permanecerán inmersas de ti, bañadas por tu influjo.
Aunque no lo quiera, te animo a que sigas tu camino, mostrándote al mundo: resplandor más que aire, enemiga de fríos y soledades; calor, vida; estado de bienestar que todo lo llena.

9.2.10

Historia de amor al otro lado del mundo.

Para algunos, una historia de amor, es como un cuento; donde el autor juega, cruza y presenta sentimientos de personas que se desean. Pero las historias de amor, nacen de las soledades encontradas. Son islas o remansos de paz temporales, que lo decide el azar, y que las que son profundas, nunca se olvidan. Pocas perdurarán en el recuerdo de sus protagonistas; y otras, muchas o pocas, las intrascendentes, pasarán sin pena ni gloria.
Voy a contar una historia ocurrida, o inventada, qué más da, en 1970, en Filipinas: Se trata de Marcos Tagalog, un joven, que gracias al esfuerzo de sus padres, marchó a Manila a estudiar derecho. También había recibido la ayuda de una beca, conseguida gracias a sus propios méritos académicos. Se había matriculado en el primer año universitario, y había empezado el curso con ahínco. Mantenía la fijación de terminar lo estudios lo antes posible, y de esa manera poder aliviar la presión económica que él representaba para su familia. Soñaba con compensar, a través de su esfuerzo, a las esperanzas que sus padres y hermanos, habían depositado en su persona. En un futuro no muy lejano, Marcos ayudaría a salir de la pobreza relativa en que vivían sus padres. Y digo relativa, ya que su familia era considerada, por los demás vecinos de su aldea, una familia campesina desahogada.
Por recomendación de sus padres; y en especial, por la insistencia de su madre, a los dos meses de haberse instalado en la capital, se le había impuesto la obligación de visitar a una vieja amiga de juventud de su madre. Una mujer considerada como una hermana de la infancia por ella. Era una visita que no podía dejar pasar. Así, la mañana del tercera sábado después de su llegada, cuando ya tenía todas sus necesidades básicas resueltas: pensión, papeleos, matrículas y demás temas de su adecuación al funcionamiento en la capital. Y obviamente, por ser sábado, no tenía clases. Encontrándose aburrido, sin nada especial que hacer: decidió que había llegado la hora de realizar la tal visita pendiente, la que le había recomendado su madre con insistencia, y la que de vez en cuando, le volvía a recordar por teléfono.
Se puso sus mejores ropas - que tampoco eran para mucho lucir-, y se encaminó a la busca de la amiga de infancia de su progenitora. Tras pasar media mañana indagando por la dirección que su madre le había escrito en un papel, dio con la casa donde se suponía que vivía. La vivienda estaba en un barrio de las afueras de Manila. Se trataba de una pequeña casa de una única planta cuadrada, en medio de un jardín que no era pequeño, pero tampoco excesivo. La parcela tenía cierta autonomía vecinal, gracias a los cuatro árboles frondosos y verdes, perfectamente aclimatados e integrados en el paisaje tropical que lo rodeaba, que tanto afecta al ánimo de las personas en estas latitudes. Se trataba de un banano, un aguacate, un abacá y una palma brava. Cada uno de estos cuatro árboles estaba situado en el centro de cada una de las cuatro paredes de la casa, y equidistantes de la valla. A la parcela lo limitaba y rodeaba un seto vegetal de evónimos de poca altura. Una puerta verde, de madera, permitía el acceso a la entrada principal. La casa estaba pintada de blanco, con tres amplias ventanas, y tenía un tejado a dos aguas, de tejas rojas, una más de tantas que abundan en la zona. Desde la entrada, la vivienda se veía tranquila, nada que ver con la vida bulliciosa que últimamente a Marcos le había tocado en Manila, donde todo era un caos en las calles, y en los edificios altos, en las avenidas destartaladas. En parte, esta casa, le recordaba un poco a su propia casa familiar, aunque esta era de unas dimensiones menores.
Tras cruzar la puerta, y después de colocar el pestillo, levantó la vista y se encontró con unos grandes ojos negros, que increíblemente, miraban fijamente. Una muchacha de pelo negro, aun con uniforme escolar, de unos quince años, - según dedujo por el uniforme gris que portaba, aunque ella parecía de mayor edad- se grabó en su retina. Era evidente que se disponía a salir. Este fue el primer encuentro que tuvo con Adriana. La mirada de la muchacha se clavó en la de Marcos, con una fuerza increíble; llegando a donde ninguna otra antes, nunca había llegado. Y esa mirada, desde entonces, permaneció grabada para siempre en su memoria. Marcos Tagalog claramente, comprendió, o sintió, o vislumbró, a partir de este hecho casual, lo que debía ser el amor. Después, sus vidas se cruzaron unas cuantas veces más, sin consecuencia alguna. Adriana, en el momento del cruce de miradas, tuvo una reacción similar, pero creo que de más baja intensidad.
Por circunstancias de la vida o cobardía, nunca hicieron realidad su amor, pero aquel instante fue un recuerdo que ambos, arrastraron toda la vida. Y seguramente, también condicionó a las decisiones que tomaron en sus respectivos futuros. Nadie llegó a conocer aquel momento. Sólo ellos dos sabían de este momentáneo, y pequeño pero trascendente hecho.

1.2.10

al revés

Ante las peticiones partidistas y manipuladoras de acciones reivindicativas orientadas y repetidas que acaban en el mismo punto. Siempre debemos anteponer un tiempo para reflexionar, por lo menos si queremos mantener la dignidad humana. ¿Y si pensásemos al revés? A lo mejor, sería una alternativa a la barbarie actual de cómo marcha el mundo.¿A caso las flores van a despertar al muerto?