30.6.09

Mi mundo es chiquito

Mi mundo es chiquito con ventanas grandes;
amplias como hojas, altas como ramas…
y a veces flores.
Mi mundo es pequeño, liviano y simple.
Soy partícula de polvo;
suspendida a contraluz en el aire.
Pasajero en transito,
ceniza trenzada flotando,
brizna de sueños.
Soy suspiro enjuto, ilusión vana.
Viento que respira y divaga.
Soy soplo aderezado en agua calma…
Esperando en el tiempo…
a la nada… al todo.

29.6.09

Ancianidad desmemoriada

La ancianidad es un poco agria cuando aflora la demencia (“Me sabe mal”, como dicen los catalanes). Tengo cierta desazón y pesadumbre por el fallo de memoria que me hizo perder el hilo de un discurso. ¿Será la edad que no perdona, y que con más frecuencia de lo deseado, graciosamente juega a dejarnos la mente en blanco? ¿O las contradicciones que afloran, al querer expresar algo que no sale de nosotros mismo, cuando no sentimos lo que queremos expresar?
“Nuestra mente es porosa para el olvido”. Todo el día repitiéndome y rondándome en la cabeza esta frase de Borges. Espero pasar pronto este bache de recuerdos en memoria, y que no vaya a más. Ahora que vivimos más años, y por ende, que se dan más casos de pérdida senil de memoria, ya no se suele cumplir esa prerrogativa de tiempos pasados: Cuando los viejos vivían menos y eran más respetados. Cuando los ancianos eran los depositarios de la sabiduría acumulada por la experiencia. Hoy abunda la ancianidad desmemoriada y con alzhéimer, arrinconados donde menos estorban. ¿Cómo queda esta vejez en cuerpos vacíos?

25.6.09

Mi primer perro

Lupo era el nombre de mi primer perro. Era negro, peludo, con algunas motas blancas y orejas puntiagudas. Regalo de un amigo. Me había acostumbrado a sus tiernos mordiscos y supongo que él, a mis falsos regaños. Pero un día, mi madre dijo, que por descuido, lo dejó marchar. Lo busqué, todo en vano; no volvió aparecer. Han paso cuarenta años, y todavía espero que haya encontrado otro hogar donde habrá vivido feliz.

Preámbulo

¿Para qué estáis allí abajo y yo arriba?
¿Para qué habéis venido?
¿Por qué hago yo teatro?
Estas son las preguntas fundamentales en estos momentos, y en la vida.
Yo, aquí, vosotros allí…
¿Yo trato de llenar un hueco en mi vida?...¿Y vosotros qué?...

De acuerdo con lo establecido en la Resolución de 20 de noviembre de 2008 de la secretaría General para la Administración pública, por la que se dicta instrucciones sobre espectáculos y teatros, y una vez publicada en el Boletín Oficial del Estado en resolución del mismo mes, por la que se pública, con arreglo a las normas contenidas en la primera de las resoluciones citadas, y de acuerdo a lo previsto en le artículo 47/11 de la Ley 6/2008, del 14 del estatuto básico de Espectáculos público, se establece la obligatoriedad de actuar, y que haya un ente público que escuche. Es consecuencia de este acuerdo y su vigencia, la actuación deba continuar.

Yo ahora comenzaré a ser vosotros…Algunos os veréis en un espejo…
Algo mío será vuestro. Aunque no todo conseguiréis tenerlo controlado.
Estáis aquí para verme, para ver que vomito, para alimentaros de mi vómito.
Y yo aquí, necesitando vomitar...Necesito tener arcadas y concentración.
(Silencio)
Mirar mis manos, mi cuerpo…Mirar mi rostro como se retuerce, ahora son vuestros.
(Silencio)
El tiempo pasa, os vais convirtiendo en mi…Requiere su tiempo. Un tiempo de preparación, no todo es llegar y besar al santo.
(¡Dilema! ¿Ojos abiertos o cerrados?)
Necesito entrar en situación, mirar vuestras caras expectantes, sentir que me empujáis, que me arrastráis. Lo grande del vómito dependerá de nuestra comunión.
Comunión…comida ¡Qué palabritas: nos une y nos separa.
Tenemos cosas comunes, pero somos diferentes. Vivimos sobre el mismo mundo, pero hemos vivido en formas diferentes: comido carroña diferente, soportado a madres diferentes… ¡Eso sí! Todas nuestras madres han parido de formas parecidas, han sentido dolores parecidos…Y seguimos, seguimos separándonos y coincidiendo en este camino, hasta que al final, cuando todo acabe, nos juntemos en la tierra, en el agua y en el aire. Somos parecidos y diferentes…Pero no, no nos pongamos trascendentes.
Yo puedo ser un espejo vuestro y cada uno se verá en mí de diferente manera. Esta es la magia del teatro, ahora yo estoy arriba y vosotros abajo…Pero así no es la vida, afuera vosotros estáis arriba o abajo, y yo no existo.

Otro mundo más justo es posible

Yo ya empiezo a tener una edad respetable; considerando respetable: cuando ya tenemos una cabellera canosa, y tiendo a encontrar parecidos con hechos acaecidos en el pasado, es decir, me voy convirtiendo en un abuelo de batallitas. Ahora empiezo a recordar viejas movidas que hubo en los Madriles, cuando empezaba a surgir con fuerza los partidos políticos de izquierda, los que despertaron tantas esperanzas y que luego defraudaron. Cuando la escuela popular de la Prospe, estaba en la casita de General Zabala y pintábamos la fachada con dibujos de andamios con gente pintando. Cuando los sábados, hacíamos sentadas en la plaza de la Opera con el Movimiento de Objetores de Conciencia contra la mili. Yo no creo en Dios, pero creo que en mí, todavía hay ánimo de luchar por tener un mundo diferente, más equitativo, a pesar de lo poco que avanzamos, y lo lento que son los cambios solidarios. Ahora hay otras movidas, como la Bicicrítica de los últimos jueves de mes en Cibeles, tan respetables o más que las que hacíamos antes, siempre hay y habrá gente soñadora, conscientes de que otro mundo más justo es posible.

24.6.09

Petulante

Grano de arena petulante.
Equilibrio del grano de arena petulante.
Universo de los granos de arena petulantes.
¿Un grano de arena puede ser petulante?
Heme aquí desquiciado,
elucubrando sobre el universo.

22.6.09

Cuento del futuro inmediato

A veces me preguntan por que no cuento cosas de mi pasado. Y es que soy un ser limitado por mi presente, que para seguir viviendo, tiene que olvidar o dejar de lado hechos que me dividen. A veces siento que soy múltiple, que tengo varias naturalezas, dos culturas, varios modos de ver el mundo, como esa imagen del niño escuchando los consejos alternativos del demonio y el ángel, como la teoría del Ying y el Yang que ahora ya nadie conoce. La importancia de los objetos es relativa: En un cierto momento, unos son los más importantes, objetos que antes no lo fueron. Las ocurrencias de algunos hechos enseñan algo, pero la mayoría no quedan en nuestro recuerdo. Unos pocos perduran en nuestra memoria y pueden servirnos para afrontar situaciones similares, para poder sobrevivir. Cada uno de nosotros, vivimos con nuestra propia naturaleza, por ejemplo: No me enseñaron la importancia de pintar objetos simples, como una mano; de escribir historias como esta. No nos enseñaron a exteriorizar nuestros sentimientos; ahora, pasado los años, duele no haberlo hecho. Pero según las pocas enseñanzas útiles recibidas de un juego de estrategia de ordenador que durante algún tiempo me absorbió: Cuando se debe planificar una defensa, antes de que los enemigos empiecen con sus brutales ataques: "Todavía hay tiempo, todavía hay tiempo… Todavía puedo…" Hay que prepararse para las próximas horas y días de asedio. Por eso he comenzado esta historia, sin finalidad concretada, que explique, y revele como soy.
Ya está escrito, Mario cierra el cuaderno digital y se viste. Ciento ochenta grados quemados al cerrarse una libreta. Un clic fácil para esconder la punta del bolígrafo del mundo exterior, y un movimiento de muñeca rápido para guardarlo todo en el bolsillo de la camisa. Mientras tanto, ruidos de abrigos recolocándose sobre los hombros de esos mil cadáveres que alguien, en algún momento y en algún poema, mencionó: Madrid, la ciudad de los mil cadáveres. Y seguramente la cifra haya incrementado en este corto tiempo transcurrido. Más cadáveres, menos poetas.
Ahora, suelas de zapatos arrastrándose para salir, casi por inercia, fuera del agujero. Sombras buscando el cielo y despidiendo a los techos bajos, como todos los días. Escaleras mecánicas trabajando duro, haciéndoles un poco más fácil la huída del agujero.
Ya en la calle, se encuentra con otros cadáveres, también abrigados, también con sombras aburridas. Algunos hacen uso de la tecnología para proteger sus oídos de los lamentos de la ciudad: orejas personalizadas, con música que ayuda a mirar de otra manera. Otros han aprendido a abstraerse, a colocar un velo (de su color preferido) delante de la mirada: ojos personalizados. Cadáveres genuinos, irrepetibles, únicos, pero cadáveres todos. Rápidamente se colocan en sus oficinas y no miran mientras se les escapa el día. O aparentan no mirar.
Estos eran los pensamientos que sin querer a Mario le venían a la cabeza. Recordaba alguno de sus nombres, de los compañeros que trabajaban junto a él, sabía que vivían en “Madrid-Nova”, la gran urbe, la ciudad de los inmortales grises”, donde nadie moría, gracias al fluido verde, ese insípido líquido que había que tomar todas las mañanas para poder ponerse en marcha, este producto mantenía el nombre de una vieja bebida aromática. Se seguía llamando “café”, más exactamente: “Café-Novo”, no tenía ni olor ni sabor, aburrido, pero fundamental para la existencia; sin beberlo, no se podía comenzar a andar. Era la sustancia fundamental de toda nueva persona, tenía que estar siempre cerca de lo que antes se llamaba la cama o lugar del descanso, la que ahora eran modernos cubículos, utilizado previo a la carga nocturna, junto al cubículo estaba la mesilla multifuncional, de donde salía un tubo con el “Café-Novo” a modo de despertador. Si no fuese así, según el manual de instrucciones, se tendría que arrastrar la mano, o en el peor de los casos el cuerpo, hasta donde la sustancia se encontrara para poder ser ingerida, ya que esta era la sustancia fundamental que producía y mantenía la inmortalidad. Así también constaba en el prospecto que acompañaba a la botella de carga. En letra pequeña igualmente figuraba que tenía algunos efectos secundarios: “una perdida sutil de la percepción olfativa y del gusto” Pero ya nadie recordaba a que se refería estas indicaciones. Cuando el cuerpo había quedado habituado a su consumo, su falta, podía producir al individuo, la muerte, por la imposibilidad de renovar la energía vital necesaria. Todo esto lo explicaba muy bien y en detalle la caja del producto. Pero en realidad no hacia falta tantas explicación. Era de conocimiento general y aceptado por toda la sociedad, toda esta información se recibía en el momento de nacer. De hecho, nadie se cuestionaba estas indicaciones, y no había nadie que no las conociera.
Mario, tenía recuerdos difusos, no dudaba de su verdadera identidad, pero sí, de su naturaleza inmortal cadavérica. No le satisfacía plenamente su actual estado, él no había nacido con los nuevos, se sentía un extraño entre ellos; aún tenía vagos recuerdos de “la otra época”, la de los tiempos remotos, de los llamados “tiempos de nacimiento y muerte”; de cuando era un ser con la posibilidad de morir por ancianidad. Ahora, en la nueva sociedad, sólo se desaparecía por voluntad judicial, o por muy mala suerte en un accidente destructivo.
La desaparición por "Voluntad judicial" se producía de acuerdo a las necesidades del sistema, al quedar demostrado reiteradamente la inutilidad del individuo en referencia al conjunto de la sociedad; es decir, por tratarse de una persona física cuyo balance de efectividad social era continuadamente negativa, textualmente: Cuando quedaba demostrado que el aludido individuos tenía un ratio coste/beneficio negativo. También cabía la posibilidad de poder acceder a la desaparición, por voluntad propia del interesado, cuando llegado a un punto mental de sublime indiferencia, y no habiendo intereses contrarios con el conjunto de las necesidades de sociedad, se solicitaba. En este último caso, era aceptado por el consejo rector del que dependía dicho individuo, este supuesto era muy raro, pero de un tiempo a esta parte, se empezaban a dar casos aislados; con un mínimo incremento en las estadísticas, hechos que traían de cabeza a las grandes mentes pensantes.

Mario pertenencia a esa vieja clase de “los duales”, era de los pocos que en contacto con la luz exterior, su piel sufría un leve cambio de tono. Si sentía que sus mejillas recibían calor solar, su cuerpo caía en la necesidad de respirar. Este hecho físico lo martirizaba, cuando por necesidades del trabajo, alguna mañana tenía que desplazarse a las oficinas centrales y se veía obligado atravesar un pequeño trayecto con luz natural, se producía la odiada “Involución”, el retorno de la necesidad de respirar y transpirar. En estas circunstancia dicho trayecto lo hacia con sigilo, apartándose, en lo posible, de los demás viandantes, para que nadie lo notara. Pero estas exageradas precauciones eran innecesarias; los que caminaban a su lado, no tenían el hábito ni la costumbre de mirar nada, no eran concientes de este hecho ni de nada, cada uno iba pensando en sus asuntos; y si podían, potenciando su indiferencia, era una de las nuevas normas para optimizar el sistema: “Que cada uno sólo se centre en si mismo para mejorar su rendimiento”. De hecho, si hiciéramos una encuesta entre todos los habitantes de la ciudad, la mayoría no conocerían lo que significa “respirar” era un término en desuso.
Pero a Mario le aterrorizaba que alguien descubriera su oculta naturaleza, le daba vergüenza su estado dual, sus pensamientos raros, y aún más que notaran este leve cambio en la tonalidad gris de su piel, cuando la luz se reflejaba en su rostro. Hace años había escuchado que en algunos ambientes agresivos de la periferia, habían existido grupos de “Puros” (No duales) que se dedicaban a cazar duales para practicar y aumentar “la indiferencia agresiva”, que aunque penada, era tolerada. La indiferencia agresiva consistía en arrastrar a un dual hasta una zona lumínica (zona iluminada con la luz solar), esperar a que se activara el sistema motor de respiración del individuo dual. Después, proceder a taponar sus orificios respiratorios, hasta que cambiase a un color azulado. Pasado uno corto tiempo, dejar abiertos los orificios para escuchando con la mayor indiferencia los gritos. Estos grupos de puros, se divertían con los ruidos y sonidos que emite el individuo dualal respirar. Esta operación se repetía como un juego hasta el aburrimiento, procurando no destruir al dual. De este modo los “puros” aumentaban su nivel de indiferencia mental ante la queja y el dolor. Fue condenada por las autoridades esta práctica, pero hacía ya muchos años que no salían en las noticias; de hecho, ya había sido olvidada la existencia de duales como individuos que convivían en la ciudad.
A veces Mario, al salir del agujero del trasporte colectivo, miraba al cielo y recordaba las épocas lejanas, de cuando no se valoraba la indiferencia, tiempos de alegrías y pesares, que ahora a nadie interesaba. Cada vez era más conciente de que él era de los últimos que habían logrado engancharse a la inmortalidad cadavérica. Ahora el recuerdo de la “Alegría” no era más que un concepto que sólo él conocía. Una palabra en desuso, un término vano, vago y sin sentido, que no se daba en la realidad actual. Los valores de la nueva ciudad eran: “La Modernidad”, “La Eficiencia” y “El Honor”, valores que potenciaban el crecimiento global de la ciudad, reflejado en sus infinitos rascacielos.
Al caer la noche y antes de entrar en su cubículo nocturno, a Mario le afloraban pensamientos vanos o en forma de dudas: No siempre había sido un nuevo cadáver. Casi nadie recordaba como empezó esta transmutación, él tampoco lo tenía nada claro, sólo notaba que al crecer los edificios, al aumentar el cemento y el hormigón, los sentimientos se fueron tiñendo de gris. La indiferencia comenzó a ser un valor en alza. Se precisaba personas indiferentes que pudieran tomar decisiones importantes, que no les temblara el pulso a la hora de beneficiar exclusivamente los intereses de las compañías para las que trabajaban. Se valoraba individuos que siempre estuvieran solos pendientes de obtener el máximo beneficio. Así figuraban en los anuncios de trabajos de los periódicos digitales, que también empezaron a tener un color más grisáceo. Se potenciaba en la educación los valores de: superioridad, control, mando, fuerza, templanza, autoconfianza, fortaleza de mente, resolución y decisión. Los estudios más valorados eran los que más incidían en estos atributos o virtudes. Los profesionales que conseguían estas cualidades eran los más estimados. Las empresas de mayor peso buscaban seres con estas características, atrayéndolos con altas remuneraciones, que a su vez, potenciaban más en estos directivos con éxito, su orgullo y grado de indiferencias ante los más débiles. Así las empresas más eficaces y eficientes se nutrían de los mejores especimenes en estos hábitos competitivos.
De madrugada, después de la descarga nocturna, cada ciudadano tenía que proceder a realizar la carga inicial con el “café-novo” para mantener la inmortalidad. Para Mario, por tratarse de un dual, el despertar, no era un hecho placentero. Sentía un amargo gusto en la boca, y después estaba la hinchazón de estomago, que le hacia estar todo el día flatulento. Esto no les ocurría a los puros, ellos no sentían ninguna alteración en su organismo, sino, el inmenso placer, tan anunciado en todos los puntos de información, de sentirse rejuvenecer cada día. Este era el mundo en el que había conseguido sobrevivir, cada día era más conciente que él era el último de su especie.

¿Cómo debería continuar la anterior historia o cuento? ¿Terminar ahora sin más? ¿Con final feliz, o infeliz, o ambiguo? Hagamos una parada y meditemos antes de continuar…O no, sigamos a la desesperada... ¿Debo finalizar la história y pasar a otro tema? La duda siempre está ahí, nunca tengo la seguridad de saber qué es lo mejor y para quién…Para el lector o para el escribidor.

Imaginemos este mundo futurista, que en parte, ya hoy se está produciendo. Pensemos en la avaricia que todos los seres humanos tenemos de inmortalidad (Basta ver la necesidad y proliferación de religiones que nos prometen vida eterna) ¿Qué sociedad o hombre no se dejaría embaucar por el canto de sirenas de la perpetuidad en la vida? Percibamos el avance tecnológico: vemos los adelantos que se está produciendo en genética, y la capacidad que tenemos, sin remordimientos, de modificar a nuestra conveniencia el entorno, sin medir a largo plazo sus efectos secundarios. Agítese todos estos ingredientes y,… ¿Qué saldrá de esta chistera?...Como narraba Chicho Ibáñez Serrador en sus viejas películas: “Historias para no dormir” o “Mañana puede ser verdad”: “El futuro ya está aquí”. Profundicemos en nuestra visión del desarrollo: ¿A dónde queremos ir? ¿Cómo queremos que sea el futuro? ¿Y cómo será en realidad?...Nosotros seguramente no estaremos, pero lo que hagamos hoy, quedará y marcará al futuro. Actos tan directos como: la educación de nuestros hijos, o la solidaridad que asumimos, definirán el futuro inmediato.
¿Podemos cambiar el futuro? ¿O estamos predestinados a uno determinado?
Como sociedad, no tenemos fácil tarea: Tenemos conocimientos, tecnología; pero no sabemos a dónde vamos. Debemos sentarnos y pensar; recapacitar antes de salir disparados sin saber a dónde ir. Pensemos…pensemos.

19.6.09

Mi bicicleta plegable

La bicicleta ha pasado a ser parte importante en mi vida, tan próxima como mis zapatos, como la ropa que uso; una extensión más de mis extremidades. Le he puesto un nombre simple y común: “Manuela”. Es azul, tiene el manillar y los guardabarros plateados, un sillín de cuero, de los antiguos, que le da un aire como añejo y fuerte. No le falta nada, tiene luces, retrovisor, cambios; tampoco le sobra nada, no escandaliza, ni asusta, ni da miedo. Me es fiel, no me suele fallar, sólo algún pinchazo y no por culpa suya. Como todas las bicicletas no es complicada, sólo requiere un poquito de cariño y algo de grasa en la cadena. Me gusta tenerla limpia, ella agradece que infle sus ruedas y así, devolverle un poco del aire con que llena mis pulmones.
Antes de tenerla, la calle era mi enemiga, la ciudad estaba llena de agresivos motores. Como tantos otros, yo era un conductor enlatado, belicoso, nervioso, angustiado y con remordimientos por la contaminación y el humo que producía mi coche. Tenía una vida de desplazado bastante infeliz, debía de enfrentarme cada día al tráfico y a todos los imprevistos que planteaban las demás personas enjauladas en sus vehículos.
Un día, gracias a un viaje por la vieja Europa del norte, vi la luz; descubrí que existían ciudades diferentes, donde la gente se desplaza sin hacer ruido, sin atascos, sin correr como locos. Y soñé, soñé que en un futuro próximo, en la ciudad donde vivo y resido, podría ser como aquella otra visitada. Al regresar, y encontrarme de nuevo con sus atascos y ruidos, volví a caer en el agobio de las la prisas. La tristeza de tener que volver a coger el coche me inundó. Pero las penalidades prejuzgadas no siempre se cumplen; la magia se produjo, mis seres queridos más próximos, sintieron mi añoranza y melancolía, hábiles ellos, me regalaron la maravillosa bici que después llamaría Manuela. Desde entonces mi vida cambió, empecé a desplazarme en esta máquina dócil y liviana, a sentir la alegría de su compañía, a revivir, como cuando era niño, la suave velocidad de su movimiento. El poder ir a todas partes en mi flamante bici me colmo de felicidad, un nuevo espíritu afloró en mí. Así, finalmente, decidí abandonar al cuadrúpedo humeante, pesado y ruidoso vehiculo de motor. Ahora disfruto con calma cada pedalada, siento su rodar acariciando el asfalto; mi bicicleta apenas hace ruido, y me permite ver las viejas conocidas calles de esta ciudad con otros ojos; ojos de vuelo rasante. Ahora las distancias se me hacen cortas, alegres, divertidas. Llego a todas partes con otro aire, aprendo nuevos entresijos de esta ciudad que ya no es la misma, ahora es otra. Me invento caminos, descubro paisajes urbanos desconocidos. Siento y miro las nubes pasar, a mi misma velocidad, rápidas e imperceptibles. Agudizo los sentidos: la brisa en la cara, el estremecimiento de la calzada en mis manos, el susurro de los rodamientos, el ronroneo del pedaleo, mis ojos registra imágenes en movimientos anteriormente nunca vistas; nítidas, fugaces, distintas. Y mi cuerpo flota ligero, en el mágico equilibrio de sus dos ruedas.
Cuando ahora, de mañana, voy al trabajo, siento todas las miradas del barrio sobre el dúo alazán que formamos. Al pasar cerca de las zonas de los colegios, veo a grupos de chiquillos que caminan arrastrando con frío sus enormes mochilas. Al verme, muchos detienen sus conversaciones, sus miradas nos siguen. Y con la naturalidad y la admiración que les caracteriza, alguno se atreve a decir: “Pero que guapa que es tu bici”. Entonces sonrió y saludo cortésmente, henchido de orgullo.
Por el camino también hay ojos que emiten rencores, miedos a lo diferente, estupidez y sinrazón. No me importa, no me ofenden…ya cambiarán cuando vayan quedando en minoría, porque sé que las bicicletas se impondrán, cuando esos chiquillos, los que ahora me ven pasar, se hagan mayores y sean capaces de decidir por ellos mismos sobre sus vidas. Porque todos conservamos un pedazo de alma de cuando fuimos niños, sólo hay que dejarlo salir.

18.6.09

Tren volador

Otra vez el tren traquetea, y mirando por la ventanilla el paisaje ya conocido de tantas idas y vueltas, miro más hacia el cielo, este cielo de finales de la primavera azul, salpicado de grande fardos de algodones blancos. Ya casi es verano. Y mirando esas alturas me pregunto: ¿Por qué no podemos salir disparados hacia las nubes? ¿Y con un pequeño salto, volar como las aves? ¿Por qué tenemos que arrastrarnos como gusanos, sin esos privilegiados dispositivos que usan los ángeles, los pájaros, los aviones, los cohetes, los cometas, los planetas y las estrellas? ¿Por qué la gravedad, esa fuerza tan grave, tan severa que nos ata a la tierra, no nos suelta? ¿Por qué somos de carne y hueso, y no de aire y nubes? ¿Por qué me desespero si todo es masa y energía?

16.6.09

A deshora

Arrastro la percepción sin riesgo,
la lección quimérica del bienestar.
A veces la vida me cansa físicamente,
Y es cuando siento las debilidades internas.
Agotado, arrastrando los días…
sufro lesiones de enormes semanas.
A veces, la vida son perlas duras de tristeza
que caen como piedras tiradas a un pozo,
al pozo hondo de la existencia.
Brazos rotos de penas secas,
canas amodorradas en la sombra.
Percepción crepuscular,
flores marchitas de agonías,
pisadas por el tiempo, cantos lanzadas al camino.
Sólo ruidos en el tráfico de las vivencias.
Penas en transito, rotas, voces a destiempo.
Gritos congelados en los silencios.
Pasan los segundos, los minutos, las horas, los días,
las semanas, los meses, los años, las nubes, las estrellas.
Al final, la callada muerte nos cubrirá con su manto de sosiego.

8.6.09

La señora memoria

La memoria, es esa señora que no se ve, pero que debe estar rondando por nuestra cabeza todo el día. Señora olvidadiza, traicionera, que se escapa cuando menos lo esperamos, o cuando más la necesitamos. La memoria es una mujer invisible de rasgos flexibles, con un perfil no definido pero atractivo. Caprichosa y peculiar en el tiempo. Para algunos, es como un músculo que hay que ejercitarlo todos los días, aunque no nos haga caso; para otros, es una tramposa, que no permite vivir el presente, anclándonos en el pasado. Como he dicho antes, y lo he olvidado, la memoria es una señora caprichosa, sin la que no podríamos vivir, y que se saca lo que quiere de debajo de su chistera.
Yo la imagino: valiente y creativa, quizás un poco atrevida de joven, voluble y recurrente de mayor. Finalmente olvidadiza de vieja, como dice Borges “con la trágica erosión e los años” se va perdiendo
La memoria ha tenido muchos novios, “Los recuerdos”, a los que se aferra con fuerza. Son unos muchachos de profundas experiencias estos caballeretes, siempre han condicionado a la pobre memoria y la han perturbado. La memoria no puede con su temperamento, y busca a estos amantes para revivirlos generalmente al azar. A veces no tiene más remedio que recurrir a ellos, pero son inconstantes; si los busca, pueden salir corriendo, y en otras ocasiones se presentan cuando menos se requieren. Los hay: cariñoso, antipáticos, aburridos, odiosos, simpáticos, dulces, tristes, trepidantes y moviditos. Cada uno ha tenido su propia personalidad y se han colado por la ventana de la señora memoria de diferentes maneras: trepando, saltando, apareciendo milagrosamente, rogando, suplicando, llorando, disimulando o despistando.
De las relaciones amorosas de estos dos amantes: la señora memoria y estos caballeros del recuerdo, han nacido otros hijos: Las vivencias y los actos, que después se han convertido en otros recuerdos, y así, sucesivamente, van formando generaciones de vivencias, estructurándose en grupos, pueblos, sociedades que conforman lo que es nuestro universo vivido. Y que con el tiempo y la distancia, como cuando nos alejamos con el “Google Earth” hacia arriba, se van diluyendo y difuminando las imágenes. Pero que con la memoria, no siempre podemos hacer un zoom hacia abajo, con el suficiente detalle. En este proceso de visionado, estamos condicionados por nosotros mismos. En fin, nuestra memoria es un poco incontrolada y caprichosa, pero es lo única que tenemos, y es la única que nos puede hacer vivir momentos de alegría.

El caballero Don Dinero y los indios


Duele que en el Perú se sigan cometiendo los mismos errores que en el pasado, claro que si se elige al mismo Presidente vende patrias, no es de extrañar.
Comunidades de indígenas supuestamente no civilizadas, protestan para que no se facilite la venta de sus tierras a empresas multinacionales, quienes desean imponer el Tratado de Libre Comercio para facilitar la venta de las selvas que quedan. Interesa la materia primas que existen en ellas, pero tienen el problema que ahí viven estos salvajes. Apliquemos los tratados de libre comercio, negociado con organismos gubernamentales de desarrollo, donde espabiladillos blanquiñosos pondrán el cazo y las “Multis” obtendrán pingües beneficios. Para facilitar la operación, el gobierno del tripudo Presidente Alan García tiene otros indios ya civilizados, con cascos y fusiles, comandados por algún oficial clarito que se encargará de hacer cumplir, con firmeza, la represión a las revueltas indígenas que se salgan de estos tiestos, en los que quieren convertir estas selvas. ¡Poderoso caballero es don dinero!
¡Cómo se repite la historia!

1.6.09

Menuda gente menuda

Menuda gente menuda
los políticos que salen
en el aparato de imágenes
y sonidos digital.
Tal para cual,
menudas risitas,
dinámicas sonrisitas,
bromitas caladitas
con calzador.
Menudos dirigentes nos esperan
si dependemos de las audiencias
del televisor.

Garrapata garrapatilla

Canta garrapata sobre el bolardo
canta como un jilguero trastero.
Canta al sol y a la luna
que tú también eres vida.
No dejes que te apabulle la calma.
No dejes que la soledad te carcoma.
Canta garrapatilla soñadora
canta y canta.

Vida

Salada es la tierra, dulce el aire.
Pasaba por aquí y te vi.
Las sombras colorean,
la noche reluce en las tinieblas.

Los mares cuidan del horizonte,
la marea parpadea
y las olas duermen.

Las hojas florecen,
las flores vuelan con la luz.
Las aves trabajan,
las abejas descansan.
El lagarto medita:
¿Dónde están las contradicciones?