Se sentaba siempre al fondo, no quería destacar,
como en el colegio, salía sólo cuando lo llamaban.
Su hablar era corto, dubitativo, pausado, deletreador.
Nunca volvió aparecer. ¿Qué habrá sido de él?
Era el mejor sórdido del mundo.
Dijo:
Si mi lengua baila en mi boca, es que todavía te ama.
Prematura fue tu fuga, prematura la vida juntos.
Prematuros tus pasos y mis pasos…
Mezquinas las palabras con silencios
gritando y llorando encerradas.
¿Dónde estabas cuando te llamé?
El olvido va creciendo…
Se desvanece tu recuerdo, el silencio lo dice todo.
Es la condición humana, la muerte sellará nuestros caminos.
No me conmueve ya mi amor, ni la armonía de tus pasos.
No comprendo, no quiero, no puedo comprender.
Si mi lengua miente, mis ojos, no.
Si mi mente sueña, mi cuerpo, no.
¿Dónde estabas que no te vi?
La ciudad te oculta ¿dónde escondes tus pasos?
Las fronteras siguen igual: en mis pestañas.
Y tú en lo alto, detrás de tus miradas.
A veces persigo tu nombre, y nada viene.
El tiempo quema, pasa, y nada viene.
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