29.10.09

Otra vez la caza

Todos los años ocurre lo mismo, llegados a esta época, se vuelve a oír los tiros por el monte. Las tradicionales cacerías comienzan. Como todo lo que se repite, todo está regulado bajo la costumbre: los permisos, las fechas, los cotos, las piezas, la forma de cazar, Se procura que todo siga siendo igual, la tradición manda. Viene de viejos hábitos, se educa para ello, se mantiene y potencia para que siga la historia.

Pero qué es lo que empuja en pleno siglo veintiuno a conservarlo como hábito, deporte o entretenimiento. Y que tanto juego de prestigio da y mueva tanto dinero. Creo que el sentir el poder, el poder en estado puro que aprecian los cazadores, con todas sus implicaciones: sojuzgar, hacer valer la fuerza personal, la maña. No se caza para comer, ni para ganar riquezas o prestigio; se caza para imponer por la fuerza, de la que el cazador es conciente que tiene de más, una práctica para ser utilizada sobre otro ser más débil. Me imagino que los violadores y los agresores de género deben sentir el mismo placer. Para mucha gente, las ansias de poder hay que ejercitarlas. Creen que es como un músculo que se puede perder por falta de ejercicio. No es bueno que en el clan salgan vástagos débiles, sin ansias de poder, seres escuálidos y escuchimizados; carentes de esta fuerza instintiva que nos pone por encima de los demás. Para eso está la caza, para hacerse valer ante los seres inferiores.

28.10.09

El mejor sórdido del mundo

Se sentaba siempre al fondo, no quería destacar,

como en el colegio, salía sólo cuando lo llamaban.

Su hablar era corto, dubitativo, pausado, deletreador.

Nunca volvió aparecer. ¿Qué habrá sido de él?

Era el mejor sórdido del mundo.

Dijo:

Si mi lengua baila en mi boca, es que todavía te ama.

Prematura fue tu fuga, prematura la vida juntos.

Prematuros tus pasos y mis pasos…

Mezquinas las palabras con silencios

gritando y llorando encerradas.

¿Dónde estabas cuando te llamé?

El olvido va creciendo…

Se desvanece tu recuerdo, el silencio lo dice todo.

Es la condición humana, la muerte sellará nuestros caminos.

No me conmueve ya mi amor, ni la armonía de tus pasos.

No comprendo, no quiero, no puedo comprender.

Si mi lengua miente, mis ojos, no.

Si mi mente sueña, mi cuerpo, no.

¿Dónde estabas que no te vi?

La ciudad te oculta ¿dónde escondes tus pasos?

Las fronteras siguen igual: en mis pestañas.

Y tú en lo alto, detrás de tus miradas.

A veces persigo tu nombre, y nada viene.

El tiempo quema, pasa, y nada viene.

14.10.09

La vida

Respondiendo a mi amigo Pierre,

gracias por su aliento y ánimo:

"La vida puede ser maravillosa"

Y yo digo: la vida es maravillosa.

Sólo una para vivirla,

todo lo demás, sobra.

Sin ella, ni sombra ni polvo somos.

Aglutina y modifica instantes, alientos fulgurantes,

tardes rojizas; tierras mojadas,

tiempos y espacios, colores y sabores.

Huellas dejadas que sólo a nosotros atañen.

Que nos hace ser y somos, vivir y somos.

Y junto a nosotros todos los que nos precedieron

y todos los que vendrán.

9.10.09

Desaliento

Hubiera querido hacer un canto,

pero no puedo.

He olvidado llorar la lluvia y reír al sol.

He olvidado caminar descalzo

sobre las piedras,

sobre la yerba,

por los caminos.

Ahora sólo veo este

triste e infinito infierno,

donde la misericordia no existe,

donde las palabras sobran.

7.10.09

La niña duerme

La vela arde,
la vela vela.
Las agujas del reloj
también velan.
Corcel del tiempo
no toques su mirada,
que ella duerme.

Sueña con alazanes,
tiovivos de su vida,
lejos la llevan,
por paisajes y colores.
Tiernos brazos a caballo,
galope de calores seguros,
lejos del viejo invierno.

Calla, no la despiertes,
duerme la bella
dueña de mi alma.
Sólo un ramo de luz
en su pelo.
Ni un suspiro,
ni un mal respiro,
sueña la calma.

Vuelos preparadores de muertes,
el viento late en la negra noche,
con duro corazón se arremolina.
Cruje la tormenta aciaga.
No os acerquéis a la ventana.

Fuera las sombras se arremolinan,
se encojen, se agrandan, palpitan…
las mecen fantasmagóricas farolas.
Y sobre las rocas agrestes,
mil formas aparecen.

La saña de la noche golpea
detrás de los cristales, golpea
profundas negruras, golpean.
Atadas a las tinieblas.

Oscuridades de rasgos siniestros
forcejean sobre abismos siderales.
Luminarias resplandeciendo sobre espejos.
Vientos violentos, destellos y chispas,
redoblan truenos y relámpagos.

Pero en la placida cuna,
mi niña su sueño duerme:
Celeste cielo en mañana soleada.
De tanto remolino y tormenta mojada,
queda el grato olor a hierba cortada.