No sé que sentirán los demás animales ante la muerte: ¿La soledad? ¿Algo parecido a la incomprensión? Tampoco nosotros, los hombres, lo tenemos claro: Sabemos de sus motivos fisiológicos, de su hecho físico... Pero no aceptamos que la vida es un don pasajero, un regalo de no sé quién ni para qué. Todo lo que tiene vida, es un milagro de la naturaleza: una serie de circunstancias extrañísimas que persiguen una finalidad imposible e ilógica: perpetuarse para nada. Por eso, aunque la muerte nos rodee, y lo que amamos vaya cayendo; sólo nos queda nuestra propia vida para sentir y recordar: Hoy por hoy, un testimonio inútil y bello, como las estrellas.
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