La ancianidad es un poco agria cuando aflora la demencia (“Me sabe mal”, como dicen los catalanes). Tengo cierta desazón y pesadumbre por el fallo de memoria que me hizo perder el hilo de un discurso. ¿Será la edad que no perdona, y que con más frecuencia de lo deseado, graciosamente juega a dejarnos la mente en blanco? ¿O las contradicciones que afloran, al querer expresar algo que no sale de nosotros mismo, cuando no sentimos lo que queremos expresar?
“Nuestra mente es porosa para el olvido”. Todo el día repitiéndome y rondándome en la cabeza esta frase de Borges. Espero pasar pronto este bache de recuerdos en memoria, y que no vaya a más. Ahora que vivimos más años, y por ende, que se dan más casos de pérdida senil de memoria, ya no se suele cumplir esa prerrogativa de tiempos pasados: Cuando los viejos vivían menos y eran más respetados. Cuando los ancianos eran los depositarios de la sabiduría acumulada por la experiencia. Hoy abunda la ancianidad desmemoriada y con alzhéimer, arrinconados donde menos estorban. ¿Cómo queda esta vejez en cuerpos vacíos?
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Hace 13 años
1 comentario:
Es cierto que la memoria la vamos perdiendo, pero nunca nuestra capacidad de asombro si queremos seguir vivos. Que no te olvides de mi, ni de nuestros blosgs.
Un abrazo
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