22.5.09

El tren traquetea

Después del formidable viaje, me toca el reposo y volver a la cotidianidad: subir al tren diario. No es mala nuestra reilación simbiótica. Se hace soportable nuestras mutuas esperas. Esta gran máquina de hierro suelen ser puntual, previsible, tranquila. No suele alterarse. Eso sí, cruje un poco y traquetea. Se estira y contrae, abre puertas y las cierra, y de vez en cuando, habla por sus altavoces, con una voz metálica de algún desconocido que nos conduce. Pero a pesar de todo, me deja ensimismarme, mirar el paisaje en movimiento, que es otro sueño paralelo a la vía. La ventanilla me permite viajar con las nubes, pensar y repensar, cavilar y hasta escribir. Todos los viajeros nos cruzamos alguna vez: alguna mirada, rozamos lo que otro piensa, jugamos a adivinar que cavila el otro. Nos sentimos reflejados y quisiéramos, por un instante, no ser nosotros, ser el otro. Democrática es la vida dentro de los vagones: Todos con parecidas y perdidas contemplaciones, similares ocupaciones, análogas obligaciones. Todos variopintos, pero ninguno igual. En algún momento: Leemos, observamos el suelo, descubrimos el techo, miramos por la ventana, miramos al reflejo en la ventana, nuestro reflejo, o el del otro. Disimulamos leyendo el periódico,… todos soñamos. Y parada tras parada, estación tras estación: suben, bajan; subimos, bajamos. Pareciera que más que un tres fuera la noria de nuestra vida: arriba, abajo; ida y vuelta. El tren gira y gira. Sólo las noches nos aleja de su traqueteo; cuando el tren y nosotros descansamos. A todos nos toca limpieza y mantenimiento. Y al día siguiente vuelta a empezar, el tren traquetea.

3 comentarios:

Alfonso Valverde Diez dijo...

Bueno Jesus, buen ejemplo de lo cotidiano y monotono a no ser que te de por revolotear por el tren, las ventanas son siempre salidas, ojos al mar en tierra firme, miles de personas haciendo lomismo todos los dias, pero refleja tranquilidad en unos tiempos que corren mas que el tren y que nosotros, rezuma sosiego y esto es algo que nos hace falta, el poema es tan cercano que lo vives, cada vez que subes a un tren, yo me recreo con los grafitis con las naves industriales la gente, los anuncios y a veces entro en tren-ce.

Jesús Aparicio González dijo...

El viaje diario es también aventura y arte.

Un abrazo
Jesús

Anónimo dijo...

Cuántas veces cantamos aquello de:
A DÓNDE VA EL TREN
DIGAME SEÑOR
VA CORRE QUE CORRE HASTA CHAMBOTON
TOCA LA CAMPANA
TILIN, TILIN
QUE ESTE TRENECITO PRONTO VA A SALIR.

Canción que cantábamos a los críos y que terminaba, creo recordar, así:

TODOS LOS VAGONES
APRETADOS VAN
LLEVAN PASAJEROS HASTA LA CIUDAD.
ES UN TRENECITO
VIEJO DE VAPOR
Y EL QUE VA DELANTE ES EL CONDUCTOR.

Salud, amigo.
Pierre Miró
El pobrecito veedor