Sobre la oscura pared cuelga la azada
y la simiente de la anterior cosecha.
Es tiempo de quitar la maleza rizada,
pero la parcela recuerda aún la escarcha.
Toca la siega sin herir, a desbrozar.
Los nubarrones pasan sin dejar nada.
Sopla sobre la sedienta tierra un frío viento.
¿Para cuándo la siembra?
Para cuando la lluvia y la primavera
hagan su fino trabajo. Aún queda.
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