28.12.08

Feliz pedaleada

Pedaleemos
para que nuestro mundo 
gire a mejor

19.12.08

haiku

Sonido y luz
sentidos de la vida
busco silencios.

Raspa el grillo
con lejano susurro
al caer la tarde.

La noche negra
en la luna plateada
claridad halla.

Si amanece
con sol sobre el monte,
la tierra canta.

Con luz humana
las cuatro estaciones
marcan la vida.

14.12.08

la muerte de un padre

La muerte de mi padre
Hay cosas que no se deberían contar, pero por otra parte, claman al cielo cuando no se cuentan. Los pormenores de la muerte de un padre, solo, entre extraños, con mil honores, pero solo, como al final acabamos todos, no deberían salir de mi boca…Pero para ligereza de mi conciencia y mi alma, debo aclarar los hechos enmarañados, que envolvieron esta defunción tal luctuosa, del que toda la prensa nacional, y en menor media la internacional, se hizo eco; la muerte de mi padre.
No me gustaría que las trágicas circunstancias que acompañaron a este deceso, tuvieran algún parecido con otras muertes recién acaecidas, pero desgraciadamente, ocurren repeticiones, cada vez más frecuentes y similares en Colombia; y es muy posible que continúe habiéndolas el futuro más inmediato.
Todas las muertes son tristes, es verdad, pero yo voy a contar esta, que perturbó mi vida para siempre; comprenderéis que por proximidad fuera para mí la más importante.
Perdonarme las formas de esta narración, pero por la emoción que me embarga; a pesar del tiempo pasado, cada vez que lo recuerdo, vuelve a serme difícil comenzar y seguir un hilo claro que organice esta historia.
Empezaremos por situarla: País: Colombia, ciudad: Bogotá. Mi padre: un periodista del país, conocido por sus artículos publicados periódicamente en las páginas culturales del principal periódico “El Periódico”… Digamos la verdad, no con la frecuencia que hubiera deseado él.
En las fechas que la tragedia ocurrió yo tenía 18 años, y por circunstancias personales, largas de explicar y que no vienen al caso; no vivía con él; a pesar de estar estudiando en la misma ciudad. Una vez al mes, más o menos, nos citábamos en su casa y pasábamos la tarde, contándonos cosas normales entre padre e hijo: de cómo nos iba por la vida. Hacía dos años que veníamos teniendo estas veladas, desde la muerte lenta de mi madre, producida por un cáncer. Hacía siete años que mis padres se habían separado. Tengo constancia de que durante estos siete años mi padre siguió estando solo, salvo raros y cortos periodos de devaneos con alguna otra mujer. Por ello, la muerte de mi madre, no enturbió nuestra relación. Además, una actitud inteligente hacia mí, tratándome como adulto, hicieron cordiales nuestros periódicos encuentros.
Se le notaba, aunque no lo dijera, lo orgulloso que estaba de mí, de que yo hubiera seguido los mismos estudios que él había hecho. Esto también nos daba la oportunidad de intercambiar opiniones técnicas, encubriendo sus abundantes consejos: de cómo afrontar los retos diarios de la supervivencia en Bogotá, de la mejor manera de afrontar los estudios en la universidad, donde par mí, era una carga nuestro parentesco, por lo conocido que era él entre los profesores.
Yo sabía, a grandes rasgos, de su dura vida profesional, como todo honesto periodista que se precie ahora en Colombia, de sus escasas retribuciones. Sus días transcurrían buscando material para sus artículos; soñando hallar la noticia importante que lo catapultará al éxito sin tener que medrar buscando apaños sucios. En Colombia no todos los periodistas actúan con la honestidad que hacía gala mi padre. Muchos callan, o se prestan a ser voceros de la corrupción. Bien apuntaba él:”Ser honesto en la escritura, no trae notoriedad alguna, pero ayuda a la cultura”.
A lo que iba, nuestra relación paterno-filial era gratamente cordial sin ser estrecha.
Pero el 14 de abril del año pasado, a las cuatro de la tarde, después de llagar de clases, estando yo reposando unos minutos en mi cama, sentí una angustia asfixiante, junto a la necesidad de ir a ver a mi padre. No era el momento adecuado, ya que hacía tan sólo una semana que había compartido con él la anterior velada. No parecía razonable, que me dejara llevar por presentimientos; yo, un muchacho práctico y de razonamientos centrados y claros. Pero ahí estaba esa ilógica necesidad, sin poder evitarlo, fui a su casa, llamé al timbre, no me respondió nadie, así que abriendo con la llave que me había dejado, entré y esperé, suponía por la hora que era, que prono llegaría.
La espera se hizo eterna, maté el tiempo mirando por encima los papeles que tenía sobre su escritorio. Como siempre se acumulaban pilas de escritos. Un simple vistazo a sus papeles, no calmó mi ánimo, me resultaba insulso y sin ningún atractivo, tanta copia de documentos formales.
Pasada medía hora, que se me hizo angustiosa e interminable, sonó el teléfono, al no haber nadie que respondiera, contesté; era una voz femenina que a su vez me preguntaba quién era yo. Después de identificarme, me pidió que esperase en la casa, que en breve pasaría para contarme un asunto de vital importancia sobre mi padre y colgó.
Al cabo de diez minutos, sentí aparcar un auto de mala manera en el exterior de la casa.
Una mujer de unos cuarenta años, con el pelo largo, ensortijado, que yo no conocía, llamó, abrí inmediatamente la puerta y como una exhalación pasó. Tú eres Pedro- dijo sin ningún otro preámbulo- Yo soy María, amiga de tu padre. Tu padre ha tenido un accidente y se encuentra en el hospital de San Juan de Dios. Vamos, te llevo en el auto.
Ya en el auto, conduciendo como alocada, me iba contando: A tu padre le hemos llevado a este hospital porque fue el que nos pilló más cerca, ya sé que está a punto de cerrarse, pero todavía cuenta con los mejores especialistas del país- hubo un breve silencio y pregunté: ¿Cómo ocurrió? -Ella contestó:- Tu padre se había bajado del auto para mirar una dirección de un testigo que quería entrevistar de un caso de corrupción que estaba tratando de documentar. Yo y Elena le acompañábamos. Esta mañana nos había pedido en el periódico, si podíamos acercarle a entrevistar a Palmiro Rioseco Méndez, el nombre del testigo. Ya sabes lo persuasivo que es tu padre, con eso de que no conduce. A cambio, nos ofreció que después nos acompañarnos a una actuación musical que hace días teníamos ganas de asistir, y a la que no nos atrevíamos a ir solas. Él estaba en la cera, buscando el número de la calle; cuando, sin que nos diéramos cuenta, salió por detrás de la calle en que estábamos aparcadas, una camioneta, se subió a la cera y envistió a tu padre, le hizo volar unos diez metros. El golpe fue terrible. El loco del conductor no paró, no nos dio tiempo ni a tomar los números de la matrícula, sólo vimos que era una camioneta pick-up amarilla, que hacía un ruido horrible. Horrible.-No le pregunté más. Llegamos al hospital, entramos casi corriendo por urgencias, una enfermera nos paró; nos preguntó que quién éramos, después de identificarme, con cara descompuesta nos dijo que estaba muy mal, que no nos asustáramos, porque le habían tenido que hacer una traqueotomía y se encontraba sedado, que esperáramos un momento mientras lo preparaban para poder ser visto y que sólo podía pasar uno.
Al cabo de unos minutos la misma enfermera que nos había recibido me acompañó, pasando un pasillo y una puerta, a una sala enorme, llena de columnas y totalmente atestadas de camas metálicas que alguna vez debieron ser blancas, pero que ahora estaban llenas de desconchones y asomaba el óxido por ellas, no estaban dispuestas en algún orden, sino que permitían, de alguna manera pasar a una persona. Sorteando entre los enfermos nos acercamos a donde estaba mi padre, tapado someramente por una sabana blanca teniendo al lado un pie se sujetaba al suero por donde suponía que le estaban aplicando la medicación. Estaba todo golpeado, con rastros de sangre seca detrás e las orejas y haciendo un ruido fuerte, estentóreo que salía de su garganta. Su brazo fuerte salía de la cama. La enfermera Melo acerco y yo le dí la mano. No estaba conciente, pero no sé si por un acto reflejo o posiblemente conciente su mano apretó la mía. En ese instante me acerque a su oído y le susurre “papá”.Una convulsa agitación recorrió todo su cuerpo, estaba seguro que me reconocía, aunque no podía comunicarse conmigo salvo por el apretón de manos. Permanecí junto a el un tiempo que me pareció rapidísimo, pero debió pasar una media hora, hasta que la enfermera me pidió que lo dejara descansar. Me alejé y esa fue la última vez que lo vi con vida.
Estando en la zona de espera, donde iban llegando familiares y amigos de mi padre, muchos de los cuales no conocía, por lo que se veían obligados a dar largas explicaciones de su relación con él. Como decía, estando en la zona de espera, salió otra enfermera y nos dijo que mi padre acababa de fallecer.
Así entre en otra fase, la del funeral y entierro, gran parodia del final de la vida. La familia asumió toda la logística de esta representación: de acuerdo a lo que mi padre tenía en el banco y lo que la familia consideraba apropiado para el estatus del finado. De acuerdo a estos parámetros, se eligió la categoría del boato a emplear: El cementerio, el nicho, el ataúd, las flores, la cantidad de ramos, el emplazamiento de los funerales, ya que al ser tan conocido, tuve que soportar varios velatorios: en el circulo de periodistas, en la biblioteca nacional, en ambos lugares le montaron rodeando el féretro una escolta militar, no sé a influencias de quien estaban , ni que pintaban esto engalanados guardias de la muerte, pero le daba al necrófilo evento mucha prestancia.
Yo sólo tenía que dar mi conformidad y firmar el gasto para descontarlo de la cuenta, que menos mal, ambos teníamos como titulares.
La parte más en farragosa, junto con la autopsia obligada, fue el atestado policial, como era lo habitual, la policía no daba con los culpables, y al ser mi padre un hombre de bastante notoriedad pública, cada político que se me presentaba a darme sus condolencias, de paso echaba la culpa de la ineficacia policial a los políticos contrarios, o a cualquier otro que no bailaban a su cuerda. Llegó a ser bochornoso tener que escuchar supuestas tramas inculpatorias del asesinato de mi padre, con razonamientos de lo más dispares de todas las partes.
Aparte tenía los dilatados discursos, donde más que homenajear al difunto, se autohomenajeaban con floridas peroratas los oradores. Y había que escucharlas pacienzudamente, muchas de ellas de pie.
Como de costumbre, lo más emotivo y repulsivo fue el entierro; el tener que ver a familiares y amigos triste y llorando de verdad, junto a asistentes de compromiso que se saludaban efusivamente por haberse reencontrado. Los entierros, creo que en casi todo el mundo, son aprovechados como eventos que ofrece una buena oportunidad de mejorar sus relaciones de confianza.
Ahora, al recordar en la distancia, nunca me quedó claro la premonición que tuve la tarde del 14 de abril. Nunca más me volvió a ocurrir algo semejante. Nunca he creído ni creo en los espíritus. Pero algo sucedió en ese día que me obligo a buscar a mi padre.
Pido que nadie tenga que pasar análogos malos tragos, aunque me hicieran mayor; “un hombre”, como hubiera dicho mi padre. Fue una amarga experiencia para aprender de la dureza de la vida en Colombia. Posiblemente salí más fortalecido, pero también me volví más duro. Y supongo que también murió parte de la ingenuidad que hasta entonces me acompañaba. Creo, por la frecuencia de crímenes impunes similares que ocurren a diario en mi país, los jóvenes colombianos maduramos antes y sentimos menos.

10.12.08

Poemas perdidos

Poemas de Invierno

RECUERDA
Todavía tiemblan mis manos al recordarte.
Oscuro sentir, el vacío que dejó tu partida.
Dulzuras perdidas, de cuando mis manos te acariciaban.
Optimista tu mirada, pacientes tus esperas.

Evoco el hechizo de tus pisadas.
Se de tus venidas alegres, musicales, transparentes.

Tiembla el silencio de no verte.
Evito recordar el vacío de tus ausencias.
Me quedé sólo, con tu pérdida.
El paso del tiempo y la fatalidad acabaron contigo.
Regresarte mi memoria ansía.

No será respetado el lugar donde descansas.
Ahora, continuará transcurriendo la existencia.
Desaparecerán los registros de tu nombre.
Abandonadas, se perderán las piedras que tapan tus huesos.

Pero todo eso, no importa.
Encaro no saber si existe el cielo.
Reconozco no saber si tengo alma.
Dudo: ¡Si tú no tienes!... yo tampoco.
Unido a mí, y mientras yo viva, estarás conmigo.
Reviviré tu dedicación inquebrantable.
Añoraré las alegrías de tu vida.
Recordaré el compás cariñoso de tu rabo.
A lo lejos resonarán otros ladridos, pero no será el tuyo.

PURA POESIA
Poesía; rugido humano.
Libertad de gritar por que sí.
Aullidos que nos une.
Claro sentir de nosotros mismos.
Expresión de la nada que mira al todo.
Ruido que florece, el todo que escucha en cilencio.

Yo, mí, tú, él: Soplo de libertad inútil.

Vida, muerte, niñez, recuerdo, añoranza.
Inconciencia y grito de la conciencia.
Dios y diablo que aflora. Grito alegre. Grito triste. Grito.
Aplicación y explicación de lo imposible.
Silencio, después… silencio consciente. Después… nada.


SILENCIOS
Caminos olvidados que el viento esquiva.
Atajo de chupetes proscritos, de existencias perdidas.
Llamas no consumidas, recuerdos quemados.
Lámparas mustias, que el tiempo no olvida.
Alma sin alma, savia perdida.

Las hojas en invierno, con la llegada del gris frío.
Al caer, no harán ruido, como vida no vivida, como callada fingida.

Miente, muerte. Dame un respiro, es muy corta la estancia. ¡Casi me he ido!
Un recuerdo, una tristeza... Ya sólo me queda recorrer un corto camino, en soledad.
El fuego del tiempo sus ascuas vigila. No sueñes con leña, que viene en sigilo.
Rabia azul derrochada, rabia roja apurada, rabia gris consumida: No hay rescoldos.
Todo está consumado, acabado. Si con palabras no he sabido mirarte, perdóname.
En suelos de cenizas mis silencios, como siempre, han quedado. Al final, perdóname.

LLAMA
Relevo al silencio con la risa chispeante, comprendo al que sufre su burla brillante.
Una pobre rosa inflamada, bien vale un suspiro, aunque su color haya perdido.
Ganas aun me quedan de buscar el aliño: Aderezos, flores, mi camisa. Algo sencillo.
Espero enlatados suspiros, recuerdos de tiempos idos; sin dolor, llantos, ni bullicios.

Lamento no llevarte, prefiero que esparzas mis alegrías. No sabré a dónde he ido.
Al viento le pido que sople al velero, sin rumbo ni destino, que va conmigo.

Vuelve a ser tú, no mires atrás, vida vive, siempre quedan nuevas sendas por vivir.
Iré por delante, abriendo la ruta clara que lleva a los sueños perdidos.
Dame fuerzas ¡O cielos! Para acabar con sentido al final del camino.
Alegría. ¡Alegría! ¡Qué con chispas el fuego arda! Y me apague.

PALABRAS
Me gustan las palabras,
el gran juego de las palabras.

Rugidos humanos lanzados al viento,
aullidos que nos unen y nos separan,
soplo de libertad cabalgando en sus ramas,
gritos de la conciencia y de la inconciencia,
armas de aire que malditas ofenden.
¡No las uses mal que endemoniadas matan!

Expresión de vida mirando todo,
nada florece, cuando no se escucha.

Vida, niñez, recuerdos, muerte,
implícitas explican lo imposible.
Dioses y diablos las inventan;
aborrecidas palabras, olvidadas.

Labran las palabras, hablan, entonan… rezan.
Almas que juntas crecen y desaparecen.
Sintonías expresadas con veloces contraseñas.

Por ellas, los cielos entran en calma,
afloran alegres los espíritus infinitos:
Llora y ríe con conocimiento el alma.
¡Añoranzas arrastradas por el tiempo!
bumerang que silba en los vientos,
representación sonora de la vida.
A veces acompañan con lamentos, y son:
sonidos descansando sobre silencios.


ENTRE DOS MUNDOS
Corremos en direcciones perdidas,
Repetidas, transitadas, contraindicadas.
Y no sabemos a dónde vamos desarmados.

Entre mis dos mundos está el mar.
El mar que une, la mar que separa.
La inmensa mar y la vida.
Y yo pequeño, perdido,
perdido en la inmensidad.

La noche negra no ceja,
todavía esta oscuro el día,
aún persiste, no se aleja.
Cuando salga mi estrella,
la noche se habrá muerto.

Vida derramada, trasnochada,
detrás caemos en el olvido.
Triste caída libre de silencios,
sin la alegría del movimiento.
Vacío frío, voz de precipicios.

¡Volad vida!
Es triste morirse y no ser nada.
¡Aire, más aire¡
Más triste es ver pasar las nubes,
aire para respirar.
No ser ellas, ni viajar con ellas.
Aire en los silencios,
movimientos lentos. Aire.

SONRISA INFANTIL
Un diente asomas,
sólo un diente,
diente que sonríe,
rompe mi silencio
con la alegría de tu boca.

Mi mirada está perdida,
hundida en tu alegría.
Ve despacio en el tren de la vida.
Que con el tiempo, tu sonrisa,
cruzará todo el espacio.


TREN DE PASO
Chulito de discoteca que en el tren vas molestando a los emigrantes.
Con la mirada extraviada, perdida y sin pensamientos.
Tu música retumba, tumba, sólo suenan aspavientos.
¿Dónde empieza y acaba tu mundo ciego de ignorante?
Fruto amargo, vástago apagado, mente mal sembrada.
Te mueves, perdido, solo, con catadura asombrada.
Vives en la monotonía fría, encogida del desaliento.
En el fondo el miedo te invade con su ruido lento.
Oye el lamento de la vía del tren.¡A estos tiempos cámbiate!
Piensa que ahora, el espacio y el tiempo, se contrae y dilata.
Hoy la tarde anaranjada, cae una vez más en el horizonte.
Mañana con otras nubes amanecerás, quizás sean plateadas.


SILENCIO
¡Silencio! ¡Qué esta hablando la espera!
Ella espera más silencio,
no seré yo quien te desgarre,
no seré yo quien te mienta.
¡Palabra, rasga mi silencio!

DESASTRE
Está el cielo cubierto.
Cuando no hay nubes,
están los árboles.
Cuando no hay árboles,
está la tierra.
Cuando no hay tierra,
está el mar.
Cuando no hay mar,
está el poeta.
Cuando no hay poeta,
está la poesía.
Cuando no hay poesía,
está la nada.
Cuando no hay nada,
está la muerte.
¡Qué desastre!
¡Qué desastre!

CASTILLA INVERNAL
Ahora que es tiempo espera y el frío arrecia.
Ahora que los campos y el cielo se unen.
Es tiempos de soledades.
Así es Castilla: sola, seca, dura y transparente.
Con mañanas mudas de escarcha y niebla.
Tierra dormida, confiada.
Espera a la tímida luz del cielo, asomarse perezosa,
pero pronto, su claridad, por las tardes desaparece.

Es tiempo de árboles con flacos brazos espigados.
Árboles que rezan con sus almas estiradas.
Campos donde en lo profundo, descansan las hormigas.

Tiempo de firmamentos solitarios,
sólo cruzan los robustos gorriones,
no las grandes aves, ya han partido.

Castilla se hace dentro. Sus gentes, con recogimiento; esperan:
Esperan a que un manto blanco cubra sus campos.
Esperan a que Dios les proteja del crudo invierno.

Es tiempo de hogar y de leña, con castañas a la lumbre.
Es tiempo de descanso, con frías y largas noches secas.
Es tregua del duro verano, con sueños de esperanza.
Es el cielo que permite, acariciar al perro a los pies.

Con la tierra ya volteada, toca mirar por la ventana:
El horizonte en silencio, ha desplegado la luz ocre de la tarde.
Y el infinito milagro de estas tierras llanas,
cubre con su manto de nuevo al crudo invierno.


LA BASURA Y OTRAS COSAS TRAVIESAS
La basura me come
la basura me atraviesa el ánimo.
Amo los espacios vacíos, sin nada.

Suspiros: Cortes de tiempos perdidos.
Suspiros: Susurros del alma.
Resúmenes de silencios sólo míos.

Otra vez yo, mi.
Esta pelea interminable entre el yo y el mi,
me cansa….

Las cosas sobran, sólo lo imprescindible,
que crece y crece...
Todo se vuelve imprescindible,
al final, me sobra lo imprescindible.

Me muevo entre soledades y necesidades:
Necesidad de tener.
Necesidad de ser, de pensar, de hablar…
¡Qué necesidad tengo de vivir!

La basura me come
la basura se me traviesa.
Nada sin vacío, espacios, los amo.


SOLO; FINAL: SÓLO FINAL, SOLO AL FINAL, SÓLO SOLO.
He tenido que hacerlo todo.
No pido ayuda,
no me sirve la ayuda.
Sólo solo,
con mi soledad.
Avanzo, paro…
Avanzo otro pasito…
Paro.
Al final caeré al hoyo infinito.


CANCER
Se levanta tarde, come,
duerme la siesta,
se levanta por la tarde,
come y no se acuesta.
Día a día me va minando con su glotonería.
Para él, el descanso de la noche no existe.


GUSTOS
Me gusta andar descalzo
por tierras calientes.
Me gusta el viento silencioso
golpeando mi cara.
Me gusta el horizonte
cargándose de color y luz.
Y a veces el frío.

No me gusta la tierra quemada,
ni el ruido machacón,
ni el lloro de un niño.
ni el niño sin lloro.
Ni las voces,
ni los gritos.

Me gusta el mar y la montaña,
sentir calor y frío.
Me gusta sentir,
sólo sentir.
Sentirme solo,
y a veces acompañado.


MORIR
Moriré.
Mis palabras morirán.
Mis silencios morirán.
¡Qué vanidad! ¡Qué vanidad!
Aunque no quiera: moriré.
Y tú conmigo.


AMOR
Cariño, amor.
Espejo, amor.
Habla, amor.
Tú y yo, amor.
Espacio, amor.
Sueña, amor.
Siente, amor.
Dura amor.
Amor dura.
No mueras, amor.
Otra vez, amor.


JODIDOS
Hay que joderse,
No cabe otro calificativo.
Hay que joderse cuando:
Vemos morir niños en África, y no hacemos nada.
Vemos como envenenan los mares y los ríos, y no hacemos nada.
Sabemos de masacres a pueblos, y no hacemos nada.
Sabemos del negocio de venta de armas, y no hacemos nada.
Vemos como corre la droga entre los jóvenes, y no hacemos nada.
Hay que joderse por mirar a otro lado.
Hay que joderse por estar jodidos, y no tener voluntad de hacer nada.
Jodidos, jodidos, creo que nos merecemos estar jodidos.
Y no tiene sinónimos.


CICLO CERRADO O BARRO EMBARRADO
(1)El lodo se hace barro.
El barro se hace hombre.
El hombre se hace barro.
El barro se hace lodo.
Otra vez a empezar (1)
¿Y existe el alma?
No sé, es un decir.

Haikus

Sonido y luz
sentidos de la vida
busco silencios.

Raspa el grillo
con lejano susurro
al caer la tarde.

La noche negra
en la luna plateada
claridad halla.

Si amanece
con sol sobre el monte,
la tierra canta.

Con luz humana
las cuatro estaciones
marcan la vida.

27.11.08

Financiero creador de crisis

Individuo que al cielo clamas.
¡Cómo te atreves, dí!
¡Cómo te atreves!
Nacido de la casualidad y las llamas.
¿Quién eres tú para llorar?
Pequeño ser biológico acoplado.

Matas por someter a todas las seres
que ves por tu mira telescópica.
Por mal camino te arrastras,
creando desigualdades.
Impulsor de fuerzas contrapuestas,
depravado.

Ejercitas tu poder sin importarte otras vidas,
Proclamas lanzas, con tus turbios discursos dominantes,
produciendo diferencias, fanatismos y exclusiones.

Despiadado potenciador de las intolerancias y las muertes.
Maldito engreído, que sólo persigues el poder,
con tus largas garras silenciosas.

Industrial de las guerras, represor de pueblos,
político bélico, ser bajo, vil y canalla.
Por derecho, no apto para generar vida.

Dueño de farsas económicas, mecánicas y estratégicas.
Dominador del mísero fango monetario.
Ideólogo de barbaridades que tú no soportas ni acompañas.
Institucionador de lo falso, padre de tarjetas, contratos y patrañas.

Tus supremos aparatos soberanos la crítica no aguanta
A dónde vas… banquero loco,técnico invasor de todo lo sagrado,
creando un orden con formato de caos.

Tu derrota clama a los cielos
No hay rebelión que te sustente,
De ti nacen todos los conflictos,
motor de miserables instituciones,
donde fijas sus límites y fines.
Contrincante de tu propia trama de cambio.
Tus valores morales racionalizan tus bajas pasiones,
inamovible en obtener tus intereses.
Muere, desalmado.

21.10.08

Soledad

Las cuatro paredes de la noche me envuelven,
la cresta de la ola se detiene,
la luna se apaga,
el ruido sueña
y tu cama de mi calma se aleja.