22.8.07

Algunos tópicos a veces se cumplen

Algunos tópicos a veces se cumplen: “Después de la tormenta viene la calma”,” El calor hace al frío” y viceversa. “Hay que subir para después bajar” y viceversa… Y así hasta el infinito. Pero huyendo de los tópicos, hoy escribo agradecido, agradecido de que haya alguien que me lea, esto da ánimos para seguir escribiendo y pensando, porque el placer y el derecho de pensar no hay que perderlo. Todo este rollo me viene a la mente al recordar las miradas de la gente con la que viajo en el tren de cercanías que me trae a Madrid; donde muchos, especialmente madres trabajadoras y trabajadores inmigrantes, van adormilados y cansados por la falta de horas de sueño. También está el tipo aislacionista, el que va con sus cascos o metido en su mundo, escuchando música o leyendo. Abunda en esta fauna los jóvenes con bacalao que se les sale entre los cascos y las orejas, Pero quiero creer que todos, alguna vez, permanecemos en vigilia, mirando por la ventana o al resto de los viajeros, identificándonos como seres humanos situados en este mundo al que vemos pasar veloz tras los cristales. Con nuestras grandeces y miserias, con nuestros propios pensamientos o los que nos están grabando. A veces pensando en lo que estará pensando el vecino, pero a pesar de todo, pensando individualmente.
Viajar en tren nos da un tiempo de libertad, por lo menos a los no agotados, de libertad mental, aunque seamos todos viajeros esclavos de la hora y del fichaje.
En el otro extremos de falta de libertad, esta la alineación voluntaria que es la televisión, en especial la programación tardía inducida, la cercana a la noche. Cuando cansados del curro, con ganas de dormir y no pensar en nada, nos enchufamos a la droga divina de los canales basura. Es el momento en que apretamos el botón del mando a distancia desde el sofá. Y entonces: ¡Milagro de la tecnología y el color! La caja tonta comienza a comernos el coco con su carga diaria de aborregamiento.

9.8.07

Realidad o pesimismo:

Realidad o pesimismo:
Siempre, ante una hoja en blanco, empiezo con el mismo pensamiento: “Hoy no he hecho nada”. Esta sensación de abandono, de soledad, se incrementa con los años…, en todo momento me acompaña, pero con la edad se torna más nítida y más frecuente, aumenta el querer: querer; desear, amar, vivir, aportar algo. ¡No sé qué! pero algo. Algo al mundo, a mi mismo, utilizar al tiempo. ¡Perdurar!
Pero no, el tiempo asechando, sigue a su bola, a su ritmo constante, con su infinita precisión.
Pasada la angustia vital, razono y pienso: “Que el transcurrir no tiene la culpa”…”Que la culpa es nuestra”... “Que no hacer nada nos pertenece, es nuestro juego”… Pero el tic-tac está pasando y nosotros al otro lado mirando.
La lógica se impone: “No hacer” es relativo, depende del observador estancado en su fluir. Nada pasa, todo corre, ¿A dónde? Al hoyo de la vida; a la muerte.
Vivimos: soñando, con actividades, con obligaciones, con quehaceres; ¡Todo vale para no recordar el final!
Al final da igual, todos pasamos al fondo, a lo irremediable: felices o tristes; engañados o despiertos. Democráticamente, iguales ante ella, en un suspiro, saltamos a la barca de la muerte. ¡Y después qué!… la nada… Caemos en el pozo del olvido y del silencio.