Algunos tópicos a veces se cumplen: “Después de la tormenta viene la calma”,” El calor hace al frío” y viceversa. “Hay que subir para después bajar” y viceversa… Y así hasta el infinito. Pero huyendo de los tópicos, hoy escribo agradecido, agradecido de que haya alguien que me lea, esto da ánimos para seguir escribiendo y pensando, porque el placer y el derecho de pensar no hay que perderlo. Todo este rollo me viene a la mente al recordar las miradas de la gente con la que viajo en el tren de cercanías que me trae a Madrid; donde muchos, especialmente madres trabajadoras y trabajadores inmigrantes, van adormilados y cansados por la falta de horas de sueño. También está el tipo aislacionista, el que va con sus cascos o metido en su mundo, escuchando música o leyendo. Abunda en esta fauna los jóvenes con bacalao que se les sale entre los cascos y las orejas, Pero quiero creer que todos, alguna vez, permanecemos en vigilia, mirando por la ventana o al resto de los viajeros, identificándonos como seres humanos situados en este mundo al que vemos pasar veloz tras los cristales. Con nuestras grandeces y miserias, con nuestros propios pensamientos o los que nos están grabando. A veces pensando en lo que estará pensando el vecino, pero a pesar de todo, pensando individualmente.
Viajar en tren nos da un tiempo de libertad, por lo menos a los no agotados, de libertad mental, aunque seamos todos viajeros esclavos de la hora y del fichaje.
En el otro extremos de falta de libertad, esta la alineación voluntaria que es la televisión, en especial la programación tardía inducida, la cercana a la noche. Cuando cansados del curro, con ganas de dormir y no pensar en nada, nos enchufamos a la droga divina de los canales basura. Es el momento en que apretamos el botón del mando a distancia desde el sofá. Y entonces: ¡Milagro de la tecnología y el color! La caja tonta comienza a comernos el coco con su carga diaria de aborregamiento.
Actividades relacionadas con el Rincón Lento
Hace 13 años