17.8.06

El loro parlante desmemoriado

El inicio de Algo (ya viejo):19/Agosto/2000
¿Cómo es el instinto del hombre? ¿Somos como lobos? Alguna semejanza tenemos, carnívoros y depredadores, con el agravante de que, cuando actuamos, armamos más ruido. Los humanos nos parecemos más a una manada de monos aulladores. Esta idea me ha venido después de haber leído el artículo publicado por Sabater en el País del domingo 13 de Agosto, del año señalado (2000); donde habla de la situación de angustia que padecen los directamente amenazados por ETA, sus familiares y los familiares de las victimas que han sufrido acciones terroristas. En este último caso, junto al sentimiento de frustración y abandono que sienten por la muerte de sus seres queridos, también tienen que soportar la indiferencia y la apatía de sus vecinos. Es triste que, con el nivel de información de estos tiempos, todavía mucha gente tenga que pasar por la vida, con las orejas gachas ante este problema: Supongo que hay vecinos de las victimas, conscientes y con vergüenza, que también se sienten amenazados, como posibles víctimas, si no callan. A ellos, si se mueven, también les puede tocar. Es humana cobardía mirar a otro lado, o establecer una ancha justificación para acallar los remordimientos. No sé si este hecho se da entre los lobos, pero es lastimoso que los más cercanos, no miren de frente a estas atrocidades. Siguiendo el paralelismo que hemos empezado entre los humanos y los lobos. Lo terroristas, tanto miembros activos, como seguidores; no son capaces de pensar ni razonar individualmente, se refugian en la manada, atacan con instinto de grupo, más eficientes, y por su propia naturaleza, más destructivos. No diferencian ni medios ni objetivos. Al que aterra, como las langostas, no les importa las consecuencias, ni piensa si sus acciones tienen algún futuro, sólo actúa empujado por unos guías espirituales. Es difícil imaginar y ponerse en la piel de estos individuos, cuando tienen que mirar a sus vecinos! ¡Con qué sentimientos pueden dar la mano a alguien que puede ser una de sus victimas! Los familiares de las víctimas, han venido sufriendo en forma individual, sin posibilidades de contestación a su sufrimiento y frustración. Han callado y padecido en silencio, los ataques de los lobos y lobeznos, en silencio la maledicencias de sus vecinos. Al final, cuando ya no han aguantado más, huyen, abandonan el lugar que consideran suyo. Los vecinos no atacados, los corderos vecinos desapercibidos, habrán sentido la intimidación de esto hechos. Han venido callando. Callando por cobardía, como los rumiantes, manteniendo un silencio justificativo, procurando no llamar la atención, escondiéndose entre el gentío, con el rabo entre las piernas y las orejas gachas, para evitar que a él no le toque la próxima china, como estatuas pasivas, sin estar en el mundo de los vivos. Este comportamiento es lo que pretenden establecer los terroristas, ser ellos la cúspide de un sistema depredador, los reyes. No se debe tolerar. Ante esto hay que revelarse, si se quiere seguir siendo humano. Cuando los violentos y las victimas pierden la capacidad crítica individual, se degradan. Si esta situación se mantenerse indefinidamente en estas sociedades, el modelo de convivencia, acaba resintiéndose, ya que las personas conscientes de este problema, o se enfrentan a esta situación, o huyen, dejando el territorio en manos de los lobos depredadores, que se paseen libremente y a su antojo haciendo y deshaciendo sus fechorías. La mayoría de la población vasca, en forma individual, repudie la barbarie del terrorismo y los actos vandálicos en las calles de sus poblaciones. Malos tiempos corren los vecinos de estos lugares. Son ellos, y sólo ellos, quienes pueden y deben hacer fuerza común y enfrentarse a esta violencia prepotente. Se debe tener un enfrentamiento pacífico y decidido, denunciando la sinrazón. Concientes de que estos lobos depredadores, son una minoría sin futuro. ¡Ya es hora de no aceptar las intimidaciones callejeras! Todos debemos sentirnos vascos. Podemos y debemos apoyarlos, ser fieles aliados; pero los actores, tiene que ser los habitantes de esos lugares, son ellos, los que deben intervenir directamente. Establecer quien tiene la consideración de vasco es un consideración ficticia, interesadamente creada. ¿Dónde está el límite de ser vasco? ¿Qué pasa con las personas que vive en esa zona y no se sienten vascos?, ¿Qué pasa con los que no sienten la necesidad de la independencia? ¿Deben irse por no ser fieles a una idea? ¿Deben pagar un impuesto especial por no ser afines y tener otras ideas? Está claro que la intolerancia sólo generará más violencia. ¿Cómo combatir a una minoría violenta y prepotente? Esto no es nuevo, miremos los ejemplos dejados en la historia: Las actuaciones pacíficas de la independencia de la india contra el colonialismo inglés. Si la mayoría de la población vasca, que desea la paz, se uniera, y se enfrentara a los pocos vecinos violentos, esta sería otra historia, y los lobos de la kale borroka recularían. Pero en la práctica, ¿Cómo actuar contra los violentos, cuando aplican la fuerza irracional en la calle, sin que el resto de la población entre en enfrentamiento violento y directo? No es fácil, pero me atrevo a exponer unas ideas: La denuncia directa. ¿Cómo hacer que los violentos cambien de actitud? Paciencia y aplicar la ley con exactitud, lo más imparcialmente posible. Otro factor importante es no tenerle miedo al dialogo, fomentando la tolerancia, la aceptación del diferente, procurando que no hayan interferencias políticas circunstanciales. Y lo que es más importante, no se debe dar coba social al juego nacionalista-independentista. Los partidos nacionalistas no deberían ver a los violentos como un colectivo de población útil para sus fines. Durante mucho tiempo para los partidos vascos nacionalistas, ETA ha venido siendo el hermano pequeño travieso que interesaba mostrar y presentar como una justificación política, un hecho consumado para obtener más parcelas de poder, útil para mostrar las diferencias de lo vasco con respecto al resto los pueblos integrados en la península. Es hora de que lo vasco, pase a tener un cariz cultural y no político, y esto depende de todas las instituciones. Actualmente con mayor o menor grado de integración, gracias a las tecnologías de la información que acortan distancias Las diferencias históricas de colectivos y pueblos deben ser integradoras aceptando sus peculiaridades como parte de lo nuestro, la diversificación enriquece. Y no debe ser utilizada como moneda de cambio para beneficiar a algunos grupos de poder. Hoy como ayer, la política es una estructura de poder, utilizable para beneficio de un grupo con características diferenciadas; El tener diferencias en formas y circunstancias ambientales, Zonas con petróleo, tecnología, lugares cómodos y fértiles, con recursos del que unos pocos, si se organizan, pueden apropiarse y sacar partido para un grupo reducido. De modo que un grupo privilegiado, puede obtenga beneficios diferenciados al alza. Para que unos pocos vivan mejor, y sentirse por encima de la media. Y si las condiciones se prestan, a una buena distancia pero encima, como en un púlpito, o en un minarete, pero no por nada, sino por que siempre tiene que haber jefes espirituales del común de los mortales. Esta concepción elitista y partidaria de la política, con mayor peso de colectivos de intereses afianzados, es utilizada y vende bien, más que el sentido de comunidad y hermanamiento de todos los seres humanos. Grupos de poder como la banca, las grandes empresas multinacionales, los colectivos de profesionales, las instituciones religiosas y demás familias afines, tienen más expectativas de buen vivir a costa del resto de seres desamparados si se unen e imponen sus reglas. En la actual sociedad capitalista y consumista, la concepción ideal clásica de la política, tal y como la planteaban los griegos: “Como manera de buscar el beneficio común, la búsqueda del interés general”, ha pasado a un segundo plano. Sólo se mantienen las formas, existe la democracia formal, porque aún es necesaria la mano de obra preparada, y una justificación del libre albedrío. Utilizable por el que tiene el poder. Es una sociedad orientada a satisfacer al fuerte, de prestar servicios a los poderosos, a la clase dirigente, que necesita quien les limpien los zapatos. Las actuaciones políticas de los sistemas modernos, tienden a beneficiar a las personas pertenecientes a colectivos de bien, definiendo como “Personas de bien” a individuos coherentes al sistema, y mejor si están bien situadas, que posean conocimientos, información estructurada y útil. A los otros, a los colectivos más desfavorecidos, a estos últimos se les da circo, es decir su equivalente actual: "La televisión", y los recursos materiales que cubran sus necesidades básicas de alimentación y ropa, lo justo, lo justo para que no se revelen, manteniéndolos en la ignorancia, o con un nivel de conocimientos parciales y no relevantes. La mayoría de los ciudadanos, somos los tontos útiles, útiles para el sistema economía de los poderosos. Se nos enseña la técnica justa para poder realizar las tareas necesarias que requiere el sistema. Y el estado funciona, para salvaguardar y mantener este modelo. El viejo ideal griega, original de: "La política", como una estructura colectiva para potenciar el beneficio común de sus gentes y mantener una armonía estable de paz, incluidos los extranjeros que conviven o pasan; no se parece a su actual utilización. Este hecho no es nuevo, nació ya con este defecto. Todos los viejos grande imperios han acabado desmembrados, por haberse apartarse de la concepción política del beneficio común que las vio nacer. El mal uso diario de la política, desgasta y convierte una herramienta de gestión de todos, en la de unos pocos, útil para el beneficio particular de estos y justificable en las formas por todos. Esta es la tendencia histórica y actualmente continuista, guiada por la acumulación del capital en las manos de unos pocos. Esta es la razón de que esté la política desvirtuada, y es sentida por muchos sin su sentido original. La política no debería ser un pastel apetitosa para los individuos individualistas más aprovechados, no debería ser terreno de unos pocos; los políticos de profesión, los llamados “profesionales de la política”. Debería incluir a colectivos no integrados: como los indocumentados y marginales. Tampoco los estados deberían ser estructuras cerradas, con derecho de admisión. Si existen tantas fronteras y filtros de paso y puertas cerradas, es porque se pretende mantener los beneficios de unos, contra la situación de carencia de otros. Los nacionalismos siempre han sido y son utilizados por los señores, son feudos de unos pocos, terratenientes coloniales. Y ahora, con la modernidad, se ha ampliado a todas las gentes del buen vivir, afín al sistema, colectivos directivos para mantener el estado de bienestar de zonas ricas, a costa de controlar zonas pobres. Pero también existen patéticas personas utilizadas que además de ser pobre son nacionalistas. Ignorantes de este tipo también abundan. Tristemente los humanos seguimos siendo animales de manada agresiva, peleamos por los mejores pastos, utilizamos el sentido de lo colectivo para imponernos sobre los diferentes y extraños. Todavía no se ha perdido este primitivo mecanismo de defensa. Pero estamos en un punto evolutivo crítico, donde nuestra capacidad mental, comunicativa, de entendimiento y tecnológica está descontrolada. Corremos el riesgo de que para poder seguir viviendo, tenemos que replantearnos las relaciones colectivas y nuestra relación con el medio ambiente. Muchas personas del mundo desarrollado o primer mundo, a titulo individual, son conscientes de su posición animal dominante, sabemos que existen otros colectivos humanos desfavorecidos. Pero los órganos de dirección de los colectivos mas favorecidos o ricos, no asumen esta situación. No representan a colectividades conscientes de este problema. No se plantean la necesidad de cambios tendientes a la igualar relaciones con colectivos desfavorecido ni primar las limitaciones del medio ambiente. El avance de la representatibilidad y las relaciones colectivas entre humanos de culturas diferentes, es inferior, al avance del poder global del ser humano, y mientras esto persista, seguiremos globalmente victimas y verdugos, amenazados y amenazantes de otros seres y sistemas. Este primer mundo, es cerrado, y solo ver lo que se quiere, se potencia situaciones que tienen un beneficio inmediato y próximo. No son capaces de ponerse en el pellejo del otro. Esto tiene que ver con la definición de quien es ese “otro”. La iglesia lo limita al prójimo, pero ya es hora de que el prójimo sea algo más que el otro, no sólo el reflejo de nosotros como individuo, sino que incluya también las relaciones que se establecen entre todos, incluidos los diferentes y los malos, y todo, todo lo que nos rodea. Esto último, con respecto a la naturaleza y al medio ambiente, donde ocurre otro tanto, no tenemos una actitud respetuosa con lo externo, con lo que no es inmediato o con lo que consideramos que no tiene alma.
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